Thursday, August 13, 2020

Mis vacaciones de Miss Culta Feliz

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Sant Ignasi en Ciutadella, Menorca es una casona del siglo XVIII que encuentras después de un campo de olivos. Es toda tranquilidad. En el jardín que la rodea sólo escuchas el trino de los pajaritos. Dentro, una apuesta por el turismo de calidad, te aparta de visitantes ruidosos.

Yo pasé en esta casa rural un fin de semana largo con mi marido, mis hijas y mi suegra. Menorca es una isla que gusta mucho a mi esposo. No tiene nada que ver con Mallorca y mucho menos tiene que ver con la fiesta continua de Ibiza. Menorca es una isla para los turistas que buscan tranquilidad en las Islas Baleares.

Mi suegra tomaba el sol en el jardín. Encontró su sitio debajo de una palmera que le ofrecía un cobijo de sol y sombra ideal para una persona de la tercera edad. En el jardín de la casona, además de palmeras, había nogales y algún arriate de plantas bastante bien cuidadas.

Dentro de la casa te encuentras con estancias comunes muy perfumadas. La recepción, por ejemplo, olía a almáciaga. Muchos mejores son los dormitorios. Nosotros cogimos tres. Eran idénticos. Se trataba de habitaciones con esteras negras en el suelo a modo de alfombras, paredes pintadas de color crema clarito, colchas y cortinas en la misma tonalidad crema. Tampoco encontrabas lujos en los cuartos de baño. Limpios, pero sin otro exceso que los geles y jabones que te dejaban. No nos hizo falta decirles que repusieran. Había para dar y regalar.

Os recomiendo Sant Ignasi para alojaros en Menorcca. Te queda cerca de Ciutadella. Nosotros aprovechamos para ir a cenar. También para ir de tiendas. El turismo de compras no se lo perdono a mi santo. Aunque me lleve para el medio del monte, yo me voy de tiendas sí o sí. En todo caso, no estábamos en medio de la nada. Sigues un largo sendero hacia Cala Morell y ya llegas. Tienes señales en la salida de Ciutadella para no perderte.

No nos aburrimos. Como os dije, entre tomar el sol debajo de las palmeras para tener algún fresquito y caminar por el campo de los alrededores se nos fue el tiempo. Mis hijas disfrutan mucho en la naturaleza. Ellas salieron más de la casona que yo. Fueron con su padre a ver la Naveta des Tudons, un monumento funerario de la edad de bronce que queda a unos siete kilómetros de esta casa rural de fachada pintada de color amarillento y con contras en las ventanas. A mis hijas les gusta mucho el arte antiguo. Su padre también las llevó a ver unas cuevas prehistóricas que hay en Cala Morell y los poblados megalíticos de Son Catlar y Torre Llafuda.
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Mas Pau en Avionyonet de Puigventós en Girona es una casa rural que conocimos gracias a su restaurante. Fuimos con unos amigos a saborear la alta cocina catalana en el corazón del Alt Empordà. Regresamos unas semanas después para pasar un fin de semana comiendo a lo grande. Es a comer lo que invitan sus tres comedores comunicados entre sí.

En nuestra segunda visita llevamos a mi suegra. Fue una sorpresa para ella ver el bar con mesas fabricadas a partir de máquinas de coser antiguas. Eso se llama reciclaje. El bar tiene los techos abovedados. No te queda duda de estar dentro de una masía del siglo XVII.

Tampoco te queda duda de la antiguedad del edificio cuando llegas y ves una fachada sencilla, de piedra, decorada con unas plantas trepadoras. Las habitaciones, en cambio, recuerdan más a las habitaciones de un piso de ciudad que a las de una masía. Unas paredes de color salmón me hicieron sentir casi en la casa de Barbie. Más me sentí en un mundo rosa cuando abrí la puerta del cuarto de baño y me encontré un llamativo mármol rosa como protagonista de la decoración del cuarto de aseo.

Mi suegra se quejó del mobiliario gastado. Se está volviendo muy de Ikea gracias a mí. Lo que sí le gustaron fueron las cortinas. Tenían unos colores muy primaverales. Pura alegría empezabas a sentir mirando para las cortinas de las habitaciones.

No faltan cultivos alrededor de la casa. Sus dueños saben sacarle partido al negocio: casa con alojamientos, buen restaurante y un huerto para tener materia prima propia para las comidas. Los felicito por el negocio completo que han montado. Deberían tomar nota otros restaurantes y pequeños hoteles: un huerto propio es la mejor apuesta que se puede hacer por la agricultura respetuosa con el medio ambiente.

Nosotros quedamos muy contentos con el trato recibido. Nos sentimos como en casa. Por eso os recomiendo Mas Pau. Es bastante fácil de encontrar: está a unos cuatro kilómetros de Figueres. Olot te queda a la izquierda.
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Wednesday, August 05, 2020

Mis vacaciones en una villa de indianos

Vistamar en Valldemossa, Mallorca, es una villa de indianos reconvertida al negocio del turismo rural en las islas Baleares. Esta casa de terraza superior entre grandes arcos data de principios del siglo XX. La casa está en el centro de una finca llena de pinos de cien hectáreas que linda con un acantilado rocoso. Fue lo que menos me gustó: el acantilado. Soy una madre temerosa. Ni que decir que no permití que mis hijas se acercaran a aquellos acantilados que metían miedo.

Preferí que dieran paseos por los alrededores. Las llevamos a ver la cercana cartuja de Valldemossa. Regresé sólo con mi marido a la cartuja para escuchar un concierto de música clásica, una música que me relaja mucho.

La casa es bastante pintoresca. Un arco de piedra comunica la entrada con el patio adoquinado que distribuye las estancias. Tiene mucho diseño. Los diseñadores no olvidaron equilibrar muebles y adornos salidos de la mejor artesanía mallorquina. Los cortinajes y las colchas de las camas te hacían pensar en mujeres cosiendo a mano o en precarias máquinas de coser las telas hasta darle forma en los productos finales. Las telas de llengos, los siurels de colores mediterráneos...

Nos dieron dos habitaciones amplias y soleadas. Tanto la nuestra como la de las niñas tenían terraza. Lo agradecí. Me gusta tomar el sol en la terraza de mi cuarto. Resulta muy práctico. Lo que me gustó menos fue la cama con dosel. Me tuvo que tocar a mí. En la habitación de las niñas había una cama sin dosel, pero tenía una decoración tan sencilla, tan rural, que hizo que prefiriera la habitación de la cama con dosel.

Os recomiendo Vistamar en Valldemossa, Mallorca. Está al fondo de un olivar. Coges el desvío hacia Andraits y llegas pronto. Eso sí, tienes que cruzar Valldemossa. No debes perderte tampoco el Mirador de Son Marroig. Está a unos cuatro kilómetros de la casona. Las vistas son estupendas.

La combinación es buena: campo y mar, mar y tranquilidad. Es un lugar perfecto para pasar unas vacaciones familiares tranquilas.
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Friday, July 31, 2020

Mis vacaciones en la Casa de la Pradera de Girona

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Can Borrell en Meranges, Girona, es un alojamiento rural que me recordó a La casa de la pradera. Verdes prados la rodean en un lugar donde la gente rica de Barcelona tiene muchas segundas residencias. Yo no me habría fijado en esta casa si no fuera mi marido quien reparó en ella. Veníamos de Puigcerdà y mi marido quería quedar por la zona unos días más. A unos 18 kilómetros de Can Borrell hay un campo de golf que le gusta mucho.

La casa es todo madera. Madera en las vigas del techo, madera en los balcones, madera en las puertas, madera en las ventanas. Para el mobiliario interior eligieron madera noble. Los muebles son rústicos y resistentes. Parecen tener en su haber siglos de los viejos que los ves.

Nosotros fuimos cuando empezaban a abrir las estaciones de esquí de los alrededores. Hay unas 22 estaciones. Puedes elegir. Entre el esquí y el golf mi marido se puso en forma. Yo aproveché para hacer negocios con las mujeres ociosas de los deportistas. Les vendí todo lo que llevaba de Mary Kay más algo que pedimos a través de la página web.

La casa está bastante bien. Me comentó la dueña que están en continua reforma. Cogieron la casa muy desangelada. Lo mejor es, sin duda, la gastronomía que puedes degustar. Es gastronomía de abuelas rurales catalanas. No debes perderte la escudella. Está que te chupas los dedos.

Os recomiendo Can Borrell, una casa rural que va hacia tiempos mejores. Mi marido quiere volver para la próxima temporada de esquí. Me intenta animar para ir a las pistas de esquí de fondo de Pla de la Mánega. Iré a Can Borrell otra vez, pero no a esquiar. Ni el esquí de fondo me atrapa.

Mis hijas fueron las que peor lo pasaron. Can Borrell es un alojamiento muy tranquilo. No había ningún niño excepto ellas. De ahí que se aburrieran un poco. Gente con gente. Pero aprovecharon para estudiar. En el patio de los ajos, como lo llamaban ellas pasaron horas con los libros. Nada mejor que el silencio para adquirir conocimientos.



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El Molino de Santillán está en el Rincón de la Victoria en Málaga está yendo por la carretera de Macharaviaya. Tomas un desvío a la derecha y llegas a una finca enorme. Cuando fuimos nosotros tenían el camino de acceso sin asfaltar. Todo muy de pueblo perdido en el campo.

Así me sentí yo en este cortijo muy bien restaurada: perdida en el campo andaluz. Allí no me encontraría nadie. Como llevaba conmigo a mi marido, a mis dos niñas y a mi suegra estaba con la familia que más me importa. Bueno, me sobraba la suegra algunas veces. Otros días me vino muy bien para quedar de canguro.

El cortijo está rodeado de aguacates, chirimoyas y demás cultivos subtropicales. Es una gran casa de piedras pintadas de color blanco con cal que tiene un tejado de teja que ves a lo lejos. La fachada también se hace ver de lejos. Con su color blanco, resplandece al fondo del camino estrecho y polvoriento que sube desde la costa. Llegamos con el coche hecho un asquito.

Una vez en el cortijo, nos esperaba una suite preciosa. Mi marido disfrutó de un salón joyel durante un día. Tenía en ese salón una reunión de empresa. Yo dediqué todos mis días de vacaciones en el Molino de Santillán al ocio. La única desventaja que encontré fue el tamaño de las habitaciones. Me parecieron pequeñas. Estaban decoradas con una greca en las paredes. En los techos los ventiladores de aspas te quitaban el calor de encima. También te volvían loca. A mi suegra le pasaba lo mismo: no aguantaba los ruidos de los ventiladores. Yo apagué el mío. Con un abanico tenía de sobra para quitarme los calores de encima. Además, soy bastante friolera. Prefiero pasar calor tipo sauna a que me aireen mucho.

Os recomiendo el Molino de San Millán. Es un cortijo acogedor. Nosotros no nos aburrimos, sobre todo el día que fuimos a practicar senderismo por los alrededores. Quedé tan cansada que al día siguiente no puede acompañar a mi marido, a mi suegra y a las niñas al Museo de Artes Populares, y eso que sólo está a 9 kilómetros del cortijo.




Wednesday, July 29, 2020

Mis vacaciones con Sancho de Estrada

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Sancho de Estrada en Solosancho, Ávila, es una casa-castillo rural que encuentras tomando un desvío de la carretera Gredos-Ávila, a la derecha, poco antes de llegar a Solosancho. A nosotros nos habían hablado maravillas de esta casa de piedra unos amigos. Por eso fuimos. Queríamos comprobar in situ si era para tanta alabanza.

Una vez allí me sentí en la Edad Media. Los cimientos del Castillo de Villaviciosa son de la época romana. Los muros de este alojamiento rural son más recientes, datan de los años en que Sancho de Estrada, un señor de Asturias que vino a defender Ávila de los musulmanes. El tiempo no ha pasado por allí. Ves las aspilleras, los herrajes en las puertas, con realce de unos muros de cantería ruda y afiladas aristas. Pudimos ver como en algunas partes el grosor de las paredes era de tres metros. No hay bala que las traspase. Más bien se necesita una guerra con misiles para derribar aquello. Mi marido nos sacó fotos debajo de los escudos de armas que decoran las paredes exteriores. Me sentí como una Reina castellana.

No encuentras lujos en el interior del castillo. Nuestras habitaciones eran de lo más severo. Pregunté si había habitaciones de decoración más alegre y me dijeron que no. Todas las habitaciones habían sido decoradas con estilo castellano austero. Mucho mejores eran las vistas que había desde las ventanas: veías kilómetros y kilómetros de páramo castellano que acababa en barrancos y en picos de montañas.

Os recomiendo alojaros en Sancho de Estrada. Puedes hacer mucho turismo cultural por los alrededores. Nosotros fuimos andando hasta las ruinas del castro de Ulaca. También nos pasamos por el Castillo medieval de Villaviciosa. Es una zona de castillos. A unos cuatro kilómetros está el Castillo de Aunque-os-pese. Su nombre hace alusión a una leyenda.

Lo pasamos mejor visitando los alrededores que en la casa-castillo. A Sancho de Estrada le falta adecuarse a los tiempos modernos. En su afán de tenerlo todo medieval, sus responsables se olvidaron de las comodidades que echamos de menos los turistas. Pero, aun así, como os decía, me parece un alojamiento recomendable. Estás en un lugar tranquilo, en plena naturaleza. Ávila ciudad queda a sólo veinte kilómetros. No debes perderte una visita al Valle de Amblés. Está a unos treinta kilómetros. Son unos cuantos kilómetros de ganado vacuno a sus anchas en los campos. A mis hijas les hizo mucha ilusión ver las vacas en libertad.



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Una de las ciudades de Marruecos donde mejor lo pasé fue en Chechaquen (Chaquen). No tiene nada que ver con Tetuán y Tánger. Es una ciudad mucho más tranquila. Además, sólo por el viaje en coche en el que disfrutas de unas maravillosas vistas de las montañas del Rif ya merece la pena ir. Desde la ciudad se ven dos montañas que tienen forma de cuerno de vaca. De ahí el nombre de la ciudad: Chechaquen (significa mira los cuernos).

Mi marido y yo paseamos por la avenue Hassan II hacia la place Mohammed V. Queríamos ir a la medina y casi nos perdimos. Finalmente, tras dar unas vueltas que no nos llevaron a ningún sitio, cogimos a la derecha, nos metimos en la rue Tarik Ibn Ziad acabamos en Bab en Sou y allí estaba la entrada a la medina. Me dejé los tacones subiendo por una calle tortuosa que se llamaba Calle Horra. Por esa calle no apta para zapatos de tacón elevado llegas a Uta el-Hammam. En la parte superior de esta plaza encuentras la ville nouvelle, una serie de edificios construidos entorno a la base de la medina.

Mi marido quería alojarse en una pensión de la medina de Chechaquen. Le habían dicho unos amigos que son pensiones bastante seguras. Le dije que se dejara de inventos baratos. Fuimos directos al Hotel Asmaa, un hotel que tiene piscina y está limpio.

La medina de Chechaquen no es grande. No entiendo como nos perdimos dos veces. Yo creo que fue en nuestro afán de escapar de los chavales que se te ofrecen de guía. En Chechaquen, igual que en otras ciudades de Marruecos, sólo encuentras gente que viene a timarte. Es lo que me fastidia de Marruecos. Para que te dejen tranquila tienes que vestirte como las lugareñas. Mi marido nunca quiere hacerlo. Yo no tengo problema con la vestimenta local. En Chechaquen me disfracé de joven bereber con un vestido típico. Hasta me pinté un tatuaje en la barbilla y otro en la frente para que el disfraz fuera completo. Las chicas bereberes llevan unos tatuajes muy lindos en la cara.

Os recomiendo visitar Chechaquen. Es una ciudad de Marruecos más tranquila que las ciudades de turismo extranjero masivo. Debes ver la ciudad entera. En la parte alta hay un camping. Desde esa zona las vistas de la ciudad son panorámicas. Allí es donde está el Hotel Asmaa, donde nos alojamos mi marido y yo.

También os recomiendo su gastronomía. Los pinchos morunos están muy buenos. Lo mismo puedo decir de las tortillas, tanto de la tajine de kefta como de la tajine de poulet. Pero lo que más me gustó fue el jugo fresco de naranjas que nos ponían en el desayuno. Eran naranjas recién exprimidas. Deberían tomar nota muchos hoteles españoles que no saben más que tirar de zumos de cartón.

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Tuesday, July 28, 2020

Mis vacaciones en la Castilla más rural

Mis hijas estaban muy interesadas en ver la recogida del cereal. Por eso las llevamos a Nueva Villa de las Torres, un pueblecito castellano donde vive un tío abuelo de mi marido. El señor es mayor, pero aún cosecha sus campos.

Llegar a Nueva Villa de las Torres es regresar al pasado. Te encuentras un pueblo cerealero sin cobertura. Nunca había tenido tanta paz. Me parecía mentira no oír sonar mi móvil a todas horas. A mi marido le parecía también mentira. Mis hijas también se sintieron más libres gracias a la falta de cobertura. Nadie nos llamaba. Nosotros no llamábamos a nadie. Los habitantes del pueblo, en cambio, se quejan por la falta de cobertura. Es una reinvindicación que las autoridades competentes no escuchan. Suele pasar cuando no hay muchos votantes. Los políticos hacen más caso a los habitantes de las ciudades porque les dan más votos y también se oyen más sus protestas en los medios de comunicación.

En este pueblo la población vive de la agricultura. No hay vecino que no sea agricultor. Es lo que hay. Cuando llegamos nosotros las cosechadoras estaban segando el cereal. Menos mal que hay máquinas. No me quiero imaginar lo que sería segar el cereal con una hoz o una guadaña. Te dejarías la salud de tu espalda recogiendo la cosecha. Las máquinas empacaban la paja. Era buena paja, buena hierba seca, como se dice aquí en Galicia. Tenían paja para las ovejas de sobra.

El tío de mi marido no cultiva sólo cereal. Tiene tierras sembradas de girasol. Ahora planta menos girasol porque le quitaron la subvención que daba la Unión Europea, nos contó. Es una pena que no se anime con los viñedos. En Nueva Villa de las Torres hay viñedos de la denominación de origen Rueda. Pero el tío de mi esposo es abstemio. Nos dijo que nunca cultivaría vides. Está a favor de la prohibición del alcohol.

Lo que sí tiene es un pequeño rebaño de ovejas. Por Nueva Villa de la Torre se ven muchas ovejas. Estamos en Castilla, tierra de ganado lanar. Le va bien con las ovejas. Sus hijos vienen de Madrid a ayudarlo cuando hay que cortarles la lana y también le buscan clientes para la comercialización de la leche de oveja, los quesos que elabora su esposa y la carne de cordero, tan bien pagada.

Os recomiendo visitar Nueva Villa de las Torres, un pueblo de casas pintadas de blanco, rodeado por campos cosechados con cereales, girasol y viñedos. Estás en plena naturaleza cultivada. Es un gusto. Nosotros esperamos volver pronto a este pueblo de la provincia de Valladolid de sólo 369 habitantes. El tío de mi marido aún recuerda cuando estaba unido a Medina del Campo. Se separaron en dos municipios independientes. No sé si sería muy buena idea. En verano tienen bastantes visitantes. La gente va a ver los encierros cuando hay fiesta. Yo no fui. Tampoco permití a mi marido que fuera. Me dan miedo los toros sueltos.

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Monday, July 13, 2020

Mis vacaciones en la ciudad de Francisco Pizarro

Extremadura es una tierra que gusta mucho a mi marido. Le encanta el pasado extremeño, lleno de conquistadores. También le encanta su presente, su turismo cultural, visitar las villas históricas. De las ciudades extremeñas, la ciudad favorita de mi santo es Trujillo, en la provincia de Cáceres. Fue donde nació Francisco Pizarro. A Trujillo fuimos el año pasado. Mi marido les enseñó a las niñas las localizaciones de los escenarios de los grandes títulos del cine y la televisión. Nosotros somos fans de los Lannister y los Stark. Debes saber que aquí se rodó uno de los capítulos más importantes de la saga: la batalla final de la temporada 7 de la serie Juego de Tronos. Además de El Tulipán Negro, La Marrana, Santa Teresa o más recientemente Romeo y Julieta y La Peste buscaron en Trujillo y alrededores localizaciones como telón de fondo de sus argumentos.

Pasear por Trujillo es recordar los distintos reinos y culturas que convivieron en sus calles y también se pelearon entre ellos cuando la convivencia dio paso a las guerras. De tiempos remotos se conserva una importante arquitectura palacial de la oligarquía caballeresca, que destacó en la conquista de América y la colonización del nuevo mundo. Entre sus puntos de interés, visitamos la Plaza Mayor y nos sacamos fotos con la estatua ecuestre de Francisco Pizarro de 1929, que fue construida por los escultores estadounidenses Charles Cary Ramsay y Mari Harriman. La Plaza está rodeada de edificios de los personajes más importantes de la Edad Moderna: Los Piedras Albas, los de La Conquista, Los Cháves-Cárdenas, los Pizarro-Orellana y Santa Marta. Nuestra siguiente parada fue la Iglesia de San Martín, donde se celebran fiestas tan populares como El Chíviri y la Feria del Queso. Lamentablemente, nuestra visita no coincidió con ninguno de estos dos eventos.

No faltan murallas en Trujillo. Sobre el cerro Cabeza de Zorro de alza la muralla del pueblo, una gran fortaleza del Califato de Córdoba jalonado de torres rectangulares con aspecto infranqueable. Sientes seguridad mirando las murallas. Tampoco faltan en Trujillo iglesias. La Iglesia de Santa María La Mayor, la de San Martín fueron la iglesias que contemplamos por fuera. Yo no estaba para turismo eclesiástico. Me pone triste ver las iglesias por dentro.

Os recomiendo visitar Trujillo. Es una ciudad tranquila, que invita a pasear por sus calles, a tomar un refresco fresquito y a saborear alguna que otra tapa por sus bares. Si tienes dinero, busca un restaurante para comer o cenar. Extremadura tiene una buena gastronomía.
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Tuesday, July 07, 2020

Comiendo salchichas en la Selva Negra

La Selva Negra está en Alemania. No te la crees hasta que la recorres. Yo hice un viaje por allí con mi marido y con las niñas hace casi un año. Quedamos asombrados mirando las casas típicas, de madera y con una enorme techumbre de pizarra. Mi marido quería recorrer parte de la Selva a pie. Las niñas y servidora nos negamos. Alquilamos un vehículo todoterreno y fuimos la mar de cómodos.

Mi santo se encargó de conducir. Intentó seguir un itinerario marcado. Digo intentó porque nos perdimos varias veces. Al final nos pasamos al tren cundo llegamos a Friburgo de Brisgovia. Hacia mediodía estábamos en Freudenstadt. Lo mejor vino por la tarde cuando recorrimos el Camino Alto de la Selva Negra. Es muy poético. Acabamos nuestro itinerario en tren en Baden-Baden.

Os recomiendo visitar la Selva Negra. Está en el suroeste de Alemania. Ves en todas sus sendas multitud de turistas y alemanes caminando. Casi todos llevan un bastón para apoyarse al andar. Pero que nadie se imagine una especie de Camino de Santiago. Allí la gente se lo monta a lo grande: van andando de hotel en hotel. El equipaje lo llevan en una furgoneta hasta el próximo hotel mientras ellos andan unos veinte kilómetros al día.

De la Selva Negra nunca olvidaré unos gigantescos pinos negros que hay en Simonswald. Tampoco olvidaré la visita que hicimos a un museo de relojes de cuco en Furtwangen. Y puestos a no olvidar he de hablaros de los altos precios. Es todo carísimo. Nosotros acabamos comiendo salchichas a todas horas. No nos podíamos permitir ir de restaurantes.








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Wednesday, May 27, 2020

Mi viaje de compras a Amsterdam

Mis padres estuvieron unos diez años viviendo en Holanda antes de nacer yo. Por eso le tenemos mucho cariño a este país hecho por el hombre ganándole terreno al mar. Es un país llano surcado por canales por los que navegan grandes barcazas.

Lo que más me gusta de Holanda es su zona rural. El campo en Holanda tiene muchos invernaderos. No faltan campos en los que ves vacas con sus colores negro y blanco típicos de la raza vacuna que apasta por allí. Mi marido, en cambio, prefiere las ciudades. Le gusta mucho Amsterdam. En concreto, le gustan las afueras de esta ciudad por los campos de fútbol y canchas de tenis que se ven. Cuando vienen las niñas, solemos acercarnos hasta el Palacio Real y también las llevamos al puerto para que vean los barcos. Amsterrdam es una ciudad moderna que no olvida su antigüedad. Siempre fue una ciudad muy comercial. Sólo hay que ir a la plaza del Dam para darte cuenta.

Amsterdam nunca me ha dejado indiferente con sus tranvías, los canales, las bicicletas, las flores, los visillos de las ventanas. Parece una ciudad de postal sacada de la postal. En Amsterdam hay muchos museos. También hay zonas de marcha o la zona de copas de la Rembradts Plein. Yo nunca salgo de Amsterdam sin comprar algo en un anticuario. Hay un montón de tiendas que venden antigüedades. Siempre me doy algún capricho. Si viene mi marido, el capricho suele ser algún diamante que paga mi santo. En ningún sitio encuentras un diamante mejor tallado que en los talleres de diamantes de Amsterdam.

Os recomiendo visitar Amsterdam. Más que sus museos os recomiendo dar un paseo por su casco antiguo. El barrio de Jordan tiene muchas casas de los siglos XVII y XVIII. Yo nunca le perdono a mi santo una tarde de compras. Lo arrastro hacia la zona comercial de la ciudad y en las calles de Kalvestraat y Nieuwndijk, cerca del Dam, le vacío la cartera. Mis niñas siempre quieren ir al Mercado Flotante de Flores. Está en el canal Singel. Te vuelves loca con tantas flores, con tanto color. Los anticuarios de los que os hablé están en la Spiegelstraat y en la calle Rokin.

Tuesday, May 19, 2020

Mis paseos por un Parque Nacional de Málaga

Cuando fuimos a ver el Parque Natural del Torcal nos alojamos en La Posada del Torcal en Villanueva de la Concepción, Málaga. queda justo al lado. Puedes ir andando desde la posada cómodamente. Esta posada está en la carretera de la Joya. Un nombre que le viene como anillo al dedo a la posada. Una joya parece con sus paredes blancas y sus interiores acogedores.

Lo que más me gustó de la La Posada del Torcal en Villanueva de la Concepción, Málaga fue su terraza. A la terraza se llega por un patio de caballerizas adornado con aperos de labranza. Tuvimos la suerte de comer en el patio de las caballerizas. hacía buen tiempo y el restaurante pone un toldo que cubre las mesas. Así comes de manera más higiénica. El toldo evita que te caigan mierda de los pajaritos a la vez que da la sombra que necesitas cuando aprieta el sol.

Me encantó nuestra habitación. Nos dieron una habitación grande, luminosa, con vistas a los campos y con las paredes decoradas con copias de cuadros de los pintores famosos que conocemos todos. El autor de las pinturas es el hermano de la dueña de la casa. La habitación tenía una bañera semicircular en el cuarto de baño que me vino de cine para mis baños relajantes. No baje a la piscina. Con mis baños relajantes en la bañera tenía más que suficiente para sentirme pez en el agua. A mis hijas les hizo mucha gracia la chimenea que había en la habitación. llamaba la atención porque no creo que la enciendan mucho. En Málaga los inviernos son cálidos.

Os recomiendo La Posada del Torcal en Villanueva de la Concepción, Málaga. Está a 15 kilómetros de Antequera. Es el alojamiento ideal para los visitantes del parque Natural del Torcal. Como os decía, puedes ir andando. Para ir de tiendas tampoco está mal. Vas a Antequera y compras algo. Yo acabé yendo a Málaga. Me hice un viaje de 40 kilómetros de ida y 40 kilómetros de vuelta en el coche de mi marido. Soy adicta a las tiendas de trapitos caras.

También soy adicta a la buena comida. En el restaurante de la La Posada del Torcal en Villanueva de la Concepción, Málaga se come muy bien. Nosotros no fuimos a otro.

Descubriendo la Navarra rural

Una amiga mía es de Donamaria, un lugar poco conocido del Pirineo navarro que tuvimos la ocasión de conocer cuando nos invitó a la Primera Comunión de su niño. Nos alojamos en Donamaria'ko Benta e Donamaria, Navarra, un pequeño hotel rural ubicado en el Camino de Santiago. Todo es muy rural: el entorno, la casita, los campos que la rodean. Te sientes apartada del mundo en medio de una tranquilidad a la que no estamos acostumbradas las personas que vivimos en grandes ciudades. Los únicos ruidos que hay son los trinos de los pajaritos.

El hotelito lo tienen bien organizado. Las habitaciones las han puesto en un edificio anexo, aparte de restaurante y recepción y demás zonas comunes. Pese a ser un anexo han mantenido la misma línea arquitectónica del edificio principal: piedra antigua en las paredes y tejas en el tejado.

La Primera Comunión del niño de mi amiga se celebró en el restaurante de Donamaria'ko Benta e Donamaria, Navarra. No éramos muchos los invitados, pero llenamos las dos pequeñas salas, ambas decoradas con radios viejas de madera, lámparas de tela, óleos en las paredes, bustos de escayola y hasta había una mecedora que hizo las delicias de los niños del convite. Temí que la rompieran de tanto sentarse en ella para mecerse.

Las habitaciones de la Donamaria'ko Benta e Donamaria, Navarra, no son lujosas. Me gustaron más las zonas comunes, los salones con chimeneas, las paredes de piedra cara vista. En la habitación que nos dieron me encontré una cama con el cabecero de forja y un colchón más duro que las piedras del camino, paredes caleadas de blanco, unas vigas de madera en el techo a medio cubrir, la ventana antigua y de madera, muebles recios y puertas de madera antigua. Casi recordaban las habitaciones de una abadesa en un convento. No nos faltó un cuarto de baño, pero, la habitación era tan de tiempos pasados que mi marido me decía que iban a llamar a la puerta las criadas de la casa trayéndonos agua para ducharnos. No era el caso. Como os decía, había cuarto de baño. También había en nuestra habitación una mesa con un espejo a modo de tocador antiguo que me sirvió para maquillarme y sentirme poco menos que la señora de la aldea.

Os recomiendo Donamaria'ko Benta e Donamaria, Navarra. Tiene su gracia este hotelito rural. No descarto volver. A mi santo le gustó mucho la fachada de piedra con aspecto de casa de pueblo de Navarra. Debajo del tejado a dos aguas hay una terraza que le da un toque diferenciador de otras casas próximas.

Friday, May 15, 2020

Mis vacaciones en tiempos de coronavirus

Me gustó un hotelito rural que se llama Molino de Río Viejo. Está en Collado Hermoso, un pueblo de Segovia donde comes un lechón que chupas los dedos. En este hotel recalamos sin ninguna planificación. Íbamos camino a la boda de unos amigos en Segovia y lo encontramos en la carretera de Segovia. Está junto al puente sobre el río Viejo. Mi marido propuso alojarnos allí mismo si había habitación libre.

Fue una gran idea. Nos dieron una habitación espaciosa, de color verde, y con unas telas estampadas en colchas y mesa camilla que me hicieron recordar los estampados que suelen verse en las decoraciones de las casas de campo de Inglaterra. El edificio de este hotel rural con mucho encanto también es antiguo, igual que las casas de campo de la campiña inglesa: en su día fue un antiguo molino de agua. Pero lo restauraron bien. No echas en falta comodidades que tienes en tu casa. Ni siquiera pasamos frío. Por los radiadores que había debajo de las ventanas salía calorcito de día y de noche. Las ventanas no eran grandes ventanales sino ventanas de casa de campo con escuetas cortinillas y unas contras de madera color madera que quitaban toda la luz del exterior cuando las cerrabas. Mirabas al techo y veías vigas sin tapar o, mejor dicho, a medio tapar. Otro detalle de una decoración rústica y acogedora.

Yo me sentí como en la casa de unos abuelos. Los dueños son muy amables. Se preocupan de que estés cómoda, pero sin agobiarte. A mi marido le cambiaron los cojines de la cama. Le gustan los cojines grandes. Los cojines que nos habían dejado eran de esos cojines que pones sobre la almohada para levantar sólo un poquito la cabeza.

Os recomiendo, pues, el Molino de Río Viejo en Collado Hermoso, Segovia. No debes perderte los desayunos que sirven en lo que fue la antigua sala de moler del molino. Ponen un pan recién horneado perfecto para acompañar el café humeante. Yo no necesité más: pan y café. El pan está tan rico, tan fresco, que no lo olvidas. Volvería a este hotel con encanto de la provincia de Segovia sólo por el pan del desayuno.

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Monday, March 02, 2020

Mis vacaciones de invierno 2020



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Me sorprendió Sucre. Es una ciudad colonial de Bolivia más moderna de lo que te imaginas cuando tu marido te dice vamos a Sucre como quien te dice vamos a una ciudad desconocida. Para mí era una gran desconocida. Marché, después de estar casi una semana, con ganas de estar más tiempo. Por eso no descartamos regresar a Sucre pronto.

En nuestra breve estancia por motivos laborales de mi esposo tuvimos tiempo para hacer algo de turismo cultural. Visitamos la Iglesia de la Merced, una iglesia sencilla, de una sola planta. Tiene unos altares barrocos lindos. Lo mismo puedo decir de unos lienzos que decoraban sus interiores y del retablo antiguo que no tenía nada que envidiar a los retablos de las catedrales españolas.

Paseamos por la Plaza 25 de mayo, la calle Arenal, la calle Venezuela... El Arco del Triunfo es una réplica casi exacta del Arco del Triunfo de París. También hay una réplica de la Torre Eiffel, rodeada por un estanque sunuoso. Con tanta copia de edificios europeos famosos te sientes como en casa. Mirando el Arco del Triunfo pensé en París. La torre Eiffel de Sucre te hace pensar menos en la capital francesa. Casi te hace reír. No es lo mismo ni en su sombra.

No nos perdimos el Parque de Simón Bolívar. Allí está el edificio de la Corte Suprema. Es un parque muy familiar. Vimos familias merendando sobre un mantel tendido en la hierba. En Bolivia hay familias que viven como las familias europeas. No hay tanta pobreza como te cuentan. Fue en el Parque Bolívar donde encontramos puestos de comida callejera. Convencí a mi santo para comprar unos bocadillos de chorizo. Estaban que te chupabas los dedos.

Os recomiendo visitar Sucre, la famosa ciudad blanca de Bolivia. Es una ciudad turística con mucho sitios interesantes para visitar. Antes de marchar nos acercamos hasta el Barrio de Recoleta, un barrio alejado del centro. Desde este barrio hay unas vistas impresionantes de toda la ciudad. Mi marido se cansó de quitar fotos. No era el único. En Sucre se ven muchos turistas, sobre todo europeos. La gente se lanza a descubrir el mundo.



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Hicimos con mi suegra y con las niñas el Crucero Zen de la Felicidad. Mi suegra quería vivir la experiencia de tener un coach de la vida durante todo el crucero dando consejos de como ser feliz sin morir en el intento. Le cumplimos el deseo. El crucero no salía nada caro. Eran unos 700 euros por cabeza. en este precio no entraban las bebidas ni las excursiones de naviera. Hubo que pagar un extra. Pero, aún así, no salió caro el viaje. Teníamos régimen de pensión completa.

El barco era un barco recién estrenado. Esto me dio seguridad. Yo miro mucho los barcos. Si los veo viejos, o no subo o voy temblando. En este caso no temblé nada. Tampoco había mucho que temblar porque la travesía era por el Mediterráneo, un mar muy tranquilo. En total pasamos siete días y siete noches. Fueron días y noches inolvidables.

Con este crucero de Costa Smeralda salimos de Barcelona por la tarde. A la mañana siguiente despertamos en Palma de Mallorca. Allí pasamos el día. Mi suegra no se separaba del coach. Creía todo lo que le contaban. Nos dio unas clases de coach de la vida que nos dejó enamoradas a las dos. Se habían acabado los sufrimientos. Nunca más tendríamos depresiones y hasta nos llevaríamos bien. El día que pasamos a bordo con tanto coach y tanto coaching de la vida empecé a alegrarme por tener la suegra que tengo. Mi marido no lo creía. Mi pensamiento se había vuelto pensamiento positivo. Mi suegra hacía preguntas sobre inteligencia emocional a aquel hombre que tenía repuestas para todo. Yo me quedé en la inteligencia emocional. Al mindfulness y a las clases de yoga detox no me apunté. Mi santo se animó con las clases de respiración consciente, la meditación guiada y la clase de tao curativo hizo milagros con sus cervicales. Le pasó su dolor para el resto del año.

Os recomiendo, pues, el Crucero Zen de la Felicidad. Lo que no os recomiendo es llevar niños. Mis hijas se aburrieron mucho en el barco. Leyeron varios libros que tenía pendientes de lectura. El coaching no es para ellas. Todavía son muy jóvenes. Los adolescentes no saben lo que es la depresión porque todavía no han vivido lo suficiente. Ya lo sabrán. Entonces apreciarán el coaching tanto como lo aprecia mi suegra.

Al noveno día de Crucero estábamos de vuelta en Barcelona sanos y salvos. Habíamos visitado Palma de Mallorca, Civitavecchia en Roma, La Spezia en Florencia, Savona, Marsella. Es un crucero muy zen. Da mucha felicidad si crees todo lo que te cuenta el coach.



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Segovia es conocida por ser la ciudad del Acueducto. El legado en piedra de los romanos la ha hecho famosa. Llegas a Segovia y parece que no ves otra cosa que no sea el acueducto. Casi te cansas de mirarlo. Lo hemos estudiado todos en las clases de Historia del Arte. Tal vez por eso hay que ir a verlo. Es interesante ver como las piedras están colocadas como si de un puzzle se tratase. No hay argamasa uniendo los pedruscos. Todo va tan colocadito que hasta los arcos se aguantan sin masa. Los romanos eran unos constructores muy apañados.

Nosotros no sólo hacemos turismo cultural en Segovia. Nunca nos vamos sin dar buena cuenta de un cochinillo. A mí me encanta su carne blandita. Te lo cortan en todos los restaurantes de esta bonita ciudad castellana con un plato.

Después de una buena comida nos vamos a ver el Alcázar de Segovia. Es un palacio árabe. En el siglo XII le dieron una nueva forma. En los retoques que le han hecho le metieron unos tejados de pizarra que le quedan muy chulos. Me encantan los tejados de pizarra. Dice mi padre que son los mejores tejados que hay. Puede nevar sobre ellos que no te los rompe la nieve. No se puede decir lo mismo de los tejados de tejas. De los tejados de uralita ya ni hablo. ¿Y qué decir de esos tejados de chapa que empiezan a poner en los tiempos actuales? Viene el aire y se lleva las latas que te pusieron en el tejado.

El alcázar les encantó a mis hijas. Nos preguntaban si era un palacio encantado. Lo parecía. Aún tuvimos tiempo para acercarnos hasta la Catedral de Segovia, una catedral de estilo gótico. En la catedral no entraos. No había tiempo para más. Yo quería comprar alguna artesanía en la parte antigua de la ciudad para mi suegra. Me llevé un bolso de cuero que podría haber comprado en una tienda similar en cualquier ciudad. Mi suegra se está volviendo hippy.

Os recomiendo visitar Segovia. Nosotros nos alojamos en su Parador. Está bien. Te sientes como en un palacio. También te sientes como en otra época visitando las calles de esta ciudad castellana. Se nota que fue una ciudad con mucha nobleza y con los Reyes cerca. Tiene casas antiguas que son auténticos palacios.

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