A mi marido le gusta mucho el campo. A mí menos. Pero me sumo a sus escapadas por las rutas verdes para que no se nos acabe el amor. Nuestra última escapada al mundo agreste fue a la Sierra de la Demanda. Hicimos en pareja feliz El Camino Natural de la Vía Verde de la Sierra de la Demanda. No te pierdes. Vas andando por el trazado del antiguo ferrocarril minero que se utilizó mucho a principios del siglo XX. Fue cuando descubrieron los yacimientos de Atapuerca por esa zona.
Me costó hacer esta ruta. Mis pies ya no podían más. Andar 54 kilómetros te mete el cansancio en las piernas. Mi marido quería ir en bicicleta, pero yo creo que hubiera sido peor. No soy yo muy de andar sobre dos ruedas. Además, dejando en casa el trasto que es una bicicleta, puedes disfrutar más el entorno. Nosotros nos paramos varias veces a la sombra de los pinos de los bosques. Había que reponer fuerzas.
La Sierra de la Demanda es naturaleza pura. Los ríos tienen un agua cristalina que invita a darse un chapuzón. Los valles son inmensos. No me extraña que todo aquello esté protegido por la Red Natura 2000. Mi marido me sacó varias fotos para mis redes sociales a la sombra de las choperas y los fresnos.
Me gustó mucho un pueblo que se llama Pineda de la Sierra. Me hubiera quedado a vivir una temporada en una de sus casonas serranas. Hubiera sido un buen plan vivir sin trabajar en una de aquellas casas, ir a la misa en la iglesia románica los domingos, hablar con las vecinas. Para ser feliz no tienes que tener mucho, tan solo tienes que tener tranquilidad.
Os recomiendo los parajes de la Sierra de la Demanda. Hay muchos restos del pasado. Por ejemplo, la Ferrería de Barbadillo de Herreros que tanto llamó la atención a mi marido. Yo creo que mi santo se imaginaba a sí mismo dando golpes a los hierros en la Prehistoria que no vuelve.
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