Nuestra estancia en el Hotel Hesperia Sevilla fue de esas que recuerdas con una sonrisa. Para empezar, la ubicación nos vino de maravilla. En unos cinco minutos andando estábamos prácticamente en el centro de Sevilla, así que aprovechamos para movernos mucho a pie y disfrutar de la ciudad sin tener que estar pendientes del coche. Eso sí, si vais a hacer lo mismo que nosotros, os recomiendo encarecidamente llevar un calzado cómodo. Sevilla tiene muchísimo que ver y, cuando te quieres dar cuenta, llevas kilómetros en los pies.
La habitación fue otra de las cosas que me gustaron. Nos dieron una habitación amplia, luminosa y muy agradable, con las paredes blancas y unos ventanales enormes por los que entraba la luz a raudales. El cuarto de baño tenía algunos detalles de decoración andaluza que le daban un toque especial, sobre todo los azulejos típicos, que me hicieron pensar en todo ese arte sevillano que encuentras por la ciudad.
Y tengo que hablar del sofá-cama, porque mis hijas se quedaron encantadas. Era tan grande que prácticamente parecía otra cama. Las dos lo compartieron durante nuestra estancia y, para mi sorpresa, no tuvieron ni una sola discusión por el espacio. Eso, teniendo dos niñas, ya me parece motivo suficiente para darle unas cuantas estrellas al hotel.
Fuimos a Sevilla en unos días de bastante calor. Y cuando digo bastante calor, digo de ese que te hace pensar dos veces si sales a la calle después de comer. Por suerte, en la habitación estuvimos estupendamente. El aire acondicionado funcionaba de maravilla y volver al hotel después de pasar varias horas recorriendo Sevilla era una auténtica gozada. Entrábamos acalorados y, en cuestión de minutos, estábamos fresquitos y descansando. El televisor de plasma también era estupendo y la conexión wifi funcionaba sin problemas.
Mi marido estaba en Sevilla por trabajo, así que yo aproveché para mezclar un poco de obligaciones con placer. Y, sinceramente, no iba a desaprovechar la oportunidad. Me regalé uno de los masajes del hotel y salí de allí completamente relajada. Después de tanto paseo y tanto calor, aquello me supo a gloria.
Mis hijas, mientras tanto, encontraron su propio entretenimiento. Se pasaban buenos ratos con la tablet aprovechando la wifi gratuita del hotel. Y esto también es importante cuando viajas con niños: podían conectarse todo lo que quisieran sin que su padre estuviera pendiente de cuánto iba a costar la conexión.
De hecho, tenemos una pequeña anécdota que todavía recordamos. Un día llegamos al hotel después de haber estado caminando durante horas. Veníamos todos cansadísimos y mis hijas iban protestando por el calor. Nada más entrar en la habitación pusimos el aire acondicionado y nos tiramos a descansar. Estábamos todos tan a gusto que, al rato, una de mis hijas me preguntó muy seria: «Mamá, ¿de verdad tenemos que volver a salir?». No pude evitar reírme. Después de todo el día viendo monumentos, plazas y calles preciosas, parece que el mayor atractivo de Sevilla en ese momento era nuestra habitación fresquita.
En general, yo sí recomendaría el Hotel Hesperia Sevilla. Es un cuatro estrellas que, para mí, está bastante cerca de merecer una quinta. Quizá lo que le falta es un poquito más de decoración andaluza. Me habría encantado encontrar más detalles de ese estilo por el hotel, porque creo que le habrían dado mucho más carácter. La decoración es bastante funcional y homogénea, como suele ocurrir en muchos hoteles urbanos.
Pero si hay alguien a quien yo le pondría cinco estrellas sin pensármelo son los trabajadores del hotel. Nos trataron fenomenal. Fueron amables, simpáticos y muy profesionales durante toda nuestra estancia. Siempre tenían una sonrisa, un saludo y una palabra agradable. Y esas cosas, aunque puedan parecer pequeñas, hacen que te sientas mucho más cómodo cuando estás fuera de casa.
La ubicación también es muy práctica si llegas a Sevilla en AVE, porque la estación queda bastante cerca. El aeropuerto de San Pablo está aproximadamente a 15 minutos en coche, dependiendo del tráfico. Nosotros fuimos con nuestro propio coche, aunque mi marido dejó el vehículo en el parking de unos amigos que viven en Sevilla. El hotel también dispone de parking, aunque es de pago.
Así que me quedo con una sensación muy buena de nuestra estancia. Un hotel cómodo, bien situado, con una habitación amplia, aire acondicionado que funciona de maravilla, wifi gratuita y, sobre todo, un personal que consigue que te sientas bien recibido. Y después de pasar el día entero recorriendo Sevilla bajo el sol, poder volver, quitarte los zapatos y tumbarte en una habitación fresquita... eso también forma parte de disfrutar de un viaje.