Mi marido siempre dice que Artíes es un pueblo de postal. Y yo, después de haber pasado allí unas Navidades en una casa rural con la familia, tengo que darle la razón.
De hecho, algunas Navidades hemos ido hasta Artíes casi con la excusa de hacernos fotos. Ya sabéis cómo somos: vemos nieve, árboles blancos, casas de piedra y un paisaje bonito y pensamos inmediatamente en una postal navideña. Después esas fotos terminan felicitando las fiestas a familiares y amigos.
Pero Artíes no es sólo bonito para hacerse cuatro fotos. Es uno de esos pueblos que, cuando llegas en invierno y lo encuentras cubierto de nieve, parece sacado de una película.
Está en plena naturaleza, en la confluencia del río Garona con su afluente Valarties, a 1.144 metros de altitud. Vamos, que no es precisamente un sitio donde ir buscando calorcito. No sufres mal de altura, pero casi. Y frío, os aseguro que frío hace.
El nombre de Artíes viene del euskera y significa «llano entre dos aguas». Y la verdad es que el nombre le pega bastante, porque el pueblo está precisamente ahí, entre ríos y montañas.
Artíes es pequeño. Yo calculo que viven unos 400 vecinos y vecinas, a 500 no creo que lleguen. Además, hay bastantes casas que son segundas residencias. Y se nota especialmente en invierno, porque aquí las temperaturas pueden bajar bastante. Si tienes una casa en un sitio más calentito, supongo que más de uno hace las maletas y se marcha durante los meses más duros.
Nosotros, en cambio, fuimos precisamente buscando eso: nieve.
Nos alojamos en una casa rural y disfrutamos del pueblo y de los alrededores en familia. Y para mis hijas aquello era lo más parecido a entrar en un cuento. Cada vez que veían los árboles llenos de nieve se les iluminaba la cara. Porque una cosa es ver nieve en una foto y otra muy distinta levantarte por la mañana, abrir la puerta de la casa rural y encontrarte todo blanco.
Si os gustan los pueblos nevados, Artíes es de esos sitios que apuntaría en la lista.
A mí me gusta especialmente su casco antiguo. Pasear tranquilamente por sus calles, entre casas de piedra y tejados de pizarra, tiene mucho encanto. Y en invierno, con todo nevado, todavía más.
Uno de los edificios que más llama la atención es la iglesia de Santa María de Artíes, una construcción románica de los siglos XI y XII. Tiene un campanario muy elegante, construido entre finales del siglo XIII y principios del XIV, además de una espadaña románica.
No soy especialmente de hacer turismo de iglesias, para qué os voy a engañar, pero hay edificios que merece la pena ver aunque sólo sea por fuera. Y éste es uno de ellos.
También está la capilla de San Pelegrin, al sur del pueblo, con su pequeño campanario y su ábside semicircular. Está encalada y se nota que le han dado una buena mano de pintura.
Después seguimos nuestro paseo por el viejo núcleo del pueblo, donde encontramos algunas casas que tienen mucha historia. Está Lo Paulet, construida en 1549 y con unos ventanales muy llamativos, y la casa de Portolà, de la que todavía conserva una torre cuadrada del siglo XVI.
Y luego está el Parador. Se construyó alrededor de 1970, aunque cuando lo ves integrado en el pueblo casi te cuesta creerlo. Parece uno de esos edificios antiguos que llevan ahí toda la vida.
Aunque Artíes es pequeño, tiene prácticamente de todo. Hay escuela, biblioteca, residencia de jubilados, consultorio médico, farmacia, banco, estanco, comercios, hoteles, camping y una buena cantidad de bares y restaurantes.
Vamos, que hambre no vais a pasar.
También tiene una zona recreativa al aire libre con instalaciones deportivas y un pequeño núcleo zoológico dentro de un espacio protegido. Allí hay un oso pardo que, sinceramente, a mí me da un poquito de respeto. Lo miras y piensas: “Mejor tú por ahí y yo por aquí”.
Artíes es un pueblo que vive bastante del turismo, y se nota. Pero también creo que precisamente por eso está tan preparado para recibir a quienes vamos buscando montaña, nieve y unos días de desconexión.
Y nosotros encontramos justo lo que buscábamos: una casa rural, la familia, mucho frío, nieve por todas partes y un pueblo precioso para pasear. Recuerdo que aproveché para estrenar una chaqueta larguísima que había comprado en Amazon. Quedó divina en las fotos.
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