Tuesday, January 29, 2008

El fantasma, 18

 Quien regresa es el gato. Carlos le abre la puerta como a un hijo pródigo.
 
 -Es el gato de la madre de Alberto -se justifica-. No lo podemos echar de casa.
 
 El gato se sienta sobre los pies de Mara, callado, sin enseñar los dientes ni mover los bigotes felinos. Parece un gato doméstico, pero lo conocemos, sabemos que es un animal con conexiones con la ultratumba.
 
 -¿No te pesa el gato, Mara?
 -No, Sophia. Déjalo estar sobre mis pies. Me los calienta.
 
 Empiezo a preocuparme por la salud mental de Mara. Una viuda blanca sin muerto acaba loca. Lo leí en algún sitio, no recuerdo dónde; quizá en alguna revista con sección de consejos médicos, no sé.
 
 Pepa, la asistenta, perfuma la casa con un fregado de suelo. Los líquidos de limpieza ahora los hacen con mucho perfume para dar sensación de limpieza olfativa con un cambio de aroma.
 
 Carlos estornuda una vez, dos, tres,... sigue estornudando. Me asusto. Nunca le había oído más de dos estornudos seguidos.
 
 -¿Qué te ocurre, amor?
 
 Se suena ruidosamente. ¿Será asmático?, ¿o alérgico al líquido de limpieza? Se lo pregunto.
 
 -Nadie es alérgico a la limpieza, niña -dice la asistenta-. Esta casa daba asco. Tiene razón doña Margot: no vales para ama de casa.
 -No quiero ser ama de casa, señora. Me conformo con se la ama de Carlos.
 -Mírala... Ama y esclavo. Esta sociedad española está podrida.
 
 Me sonrojo. ¿Está insinuando que practicamos sado? ¡Por favor!
 
 Quien no insinúa es el gato; maulla descaradamente.
 
 -¡Acabo de ver a Alberto! -chilla Mara.



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Tuesday, January 22, 2008

El fantasma, 17

 Alberto no aparece. La Interpol quiere dar el caso por cerrado. Si no aparece tras sus investigaciones, es que se ha suicidado tirándose al mar.
 
 -Tiene que aparecer, Sophia -insiste Carlos-. Mi socio ha invertido mucho dinero en la empresa.
 
 Mara gimotea sentada sobre la alfombra del salón. Alberto también ha invertido mucho dinero en ella.
 
 -Me ama, Sophia. Es el único hombre que me ama.
 -Puedes buscar otro novio, Mara.
 
 La que fuera directora de la revista "Miss" dice que es imposible encontrar un hombre como Alberto: guapo, elegante, caballeroso,... No dice millonario. Los millones son el único atractivo que tiene Alberto; en lo demás no se diferencia del común de la especie masculina.
 
 -Ankar es una ciudad bastante segura -reflexiona Carlos-. Dudo que lo hayan secuestrado.
 -Alberto va siempre vestido de Armani -le recuerdo-. Los secuestradores suelen pillar a gente bien vestida.
 -Dices tonterías, Sophia -interviene Mara-. Secuestran a los ricos, vayan bien vestidos o no.
 
 Los secuestradores no llaman. Mi chico telefonea a la hermana de Alberto.
 
 -¡Menuda hermana! -suspira cuando cuelga-. Quería saber si Alberto estaba muerto.
 
 Mara vuelve a llorar, estropeando otra vez su maquillaje retocado. Pienso que vale para viuda. Es una pena que no se hayan casado. Mara le brindaría al muerto un entierro de otros tiempos, con mucha lágrima y algún desmayo.



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El fantasma, 16

 Quien no regresa tampoco es Alberto. El socio de mi chico echa raíces en Praga.
 
 -El dinero destroza a la gente, Sophia. Cuanto más tienes, más vago eres.
 -Lógico, amor. Todos trabajamos por dinero.
 -Yo no.
 -Tú también. ¿Trabajarías gratis?
 -Tengo que casarme, Sophia.
 -¿Cuándo, amor? Que no sea un viernes ni un martes.
 -Mamá quiere casarme con Isaura.
 
 Justo en ese momento cae la lámpara del salón dejándonos ilesos de milagro.
 
 -Tu abuelo parece que no quiere que te cases con ésa. Acaba de tirar una lámpara.
 -No podemos seguir viviendo aquí, nena. Haz la maleta.
 -Pero... ¿nos casamos?
 -¿Cómo nos vamos a casar si mi madre no te acepta? Antes de la boda, tienes que convencerla de que serás una esposa ideal para mí.
 
 Me parto de risa. No me creo capaz de superar el examen. Se me ocurre una idea.
 
 -Amor, Margot también debería convencerme de que es la suegra que necesito.
 -Sophia, por favor...
 
 Llaman al timbre. Al otro lado del telefonillo una Mara despeinada dice que ha secuestrado a Alberto.



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Thursday, January 10, 2008

El fantasma, 15

 El detective es un señor mayor, medio calvo y de gruesas formas. Se nota que le pesan los años, sobre todo al andar.
 
 -He investigado a la asistenta -nos dice-. Les sorprenderá saber que compagina el servicio doméstico con la magia negra.
 -¡Qué horror! -exclamo-. ¿Vamos a morir víctimas de un conjuro?
 
 Carlos se deja caer en el sillón de orejas. Debe creer que es un buen sitio para el último suspiro. Yo, como no tengo sillón favorito, prefiero aguantar de pie los minutos que Dios me regale.
 
 -Ha embrujado al gato.
 -Eso ya lo sabíamos, señor.
 -Llameme Jaime.
 -¿Qué más sabe, Jaime?
 -La señora Pepa...-el detective duda mirando a Carlos-, tuvo un romance con su abuelo, señor.
 -Mi abuelo tuvo varias novias antes de contraer matrimonio con mi abuela.
 -La señora Pepa fue su última querida. De hecho, fue la que le provocó la muerte con un acto de amor.
 -¡Fuera! -grita Carlos-. ¡Lárguese de mi casa!
 -Mis honorarios son 300 euros.
 
 Mi chico lo empuja con mala suerte para el detective: tropieza con un escritorio y cae con gran estrépito.
 
 -Parece que lo mataste, Carlos.
 -Marchemos, Sophia.
 -¿Y dejamos solo al muerto?
 -No está muerto.
 
 Tiene razón. El gato maulla y el detective despierta asustado.
 -¡Sujeten al gato!
 -No podemos, señor. Es un gato que no se deja agarrar.
 
 Cuando consigue levantar su pesado cuerpo, el gato está a sus pies enseñando dientes y afilando uñas en la madera lacada del viejo escritorio.
 
 -¡Sujeten al gato! -vuelve a chillar el asustado detective.
 
 Llega a la puerta con el gato arañándole los pantalones.
 
 -¡Los voy a denunciar!
 
 No sé si lo hará. De momento, hay que agradecerle que nos haya solucionado parte del problema: el gato se fue tras él y no volvió.



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El fantasma, 14

Carlos decidió poner el asunto en las manos de un detective. Cree que las voces que oímos tienen más normalidad que paranormalidad.

-El gato dice "mamá", amor. Muy normal no es.
-Dice "miau" y punto.
-No te pongas en plan dictador.
-Perdona, estoy nervioso. Alberto todavía no regresó de Praga -Carlos juega con su llavero distraido en pensamientos profundos.
-Ya despertó el gato -observo-. ¿No lo oyes, amor? Vuelve a decir mamá.
-Mi madre regresó a Vigo. Pobre mamá. Lo que le faltaba era que se le apareciera mi abuelo en plan fantasma.

Margot no inspira compasión a nadie que no sea su hijo. Es una mujer alta como un pino, fuerte como un león y bruta como un elefante. Cuesta aceptarla como suegra. En cambio, mi chico es un querubín. Si un día lo odias por pijo, al siguiente día lo amas por ser un hombre con ideas factibles.

-Voy a tomar un café, ¿vienes?
-El café lo tomaremos en casa, amor. No estoy dispuesta a contribuir al capitalismo de los dueños de las cafeterías.

Carlos marcha. Siempre marcha cuando, no quiere discutir.

Quien viene, y no para tomar café, es la asistenta. Saca cubos y fregonas, y empieza a volverme loca con la crisis de estornudos que me provoca.

-¡Lárguese para su casa!
-Estoy limpiando.
-Le echa usted unos líquidos al suelo que me alteran las sensaciones olfativas normales.
-Tiene razón doña Margot. No vales para nuera.

¿Tengo que aguantar insultos en una casa que me pertenece por usufructo si Carlos muere? Me niego. Marcho con paso firme. Le diré al detective que nos ha embrujado la asistenta.

Wednesday, January 02, 2008

El fantasma, 13

Carlos está furioso. Mira al gato como si no lo reconociera.

-Mi madre se va a volver loca.
-¿Por qué, amor?
-Quiere hacerle un exorcismo -mi chico señala al gato aún dormido-. ¿No crees que es el síntoma de un principio de locura?
-Yo diría que la senilidad va pareja a la edad. Después de los sesenta, es lógico que a una se le fundan los plomos.
-En el hotel se le volvió a aparecer mi abuelo. Lo veía sentado delante del Museo Nacional de Praga.
-¿No se rodó por allí Misión imposible ?
-Creo que sí. En Praga se ruedan muchas películas americanas.
-¿Y qué hacía tu abuelo delante del museo?
-Pedía limosna.

Me asalta un ataque de risa. Margot empieza a ver el mundo al revés. ¿Desde cuándo los ricos piden limosna?
-Según sus visiones -prosiguió Carlos- el abuelo temblaba de frío y de miseria. En Praga no hace tanto frío, es un clima llevadero.

Margot llega acompañada de un sacerdote vestido con casulla. Los exorcismos deben hacerse con un nuevo estilo desde que Benedicto XVI es Papa.

El cura se arrodilla delante del felino dormido. Lo acaricia como si de un perro se tratara. Sigue acariciándolo. Empiezo a pensar que está muerto.

-¿Respira? -pregunto.
-¿Cómo no va a respirar? Éste no muere hasta que la madre de Alberto no descanse en paz. Y dudo que lo haga pronto. Alberto está ahora mismo haciendo turismo en el castillo de Praga. Debe creerse el emperador del Sacro Imperio Germánico.

La miro alucinada. Margot nos relata sus visiones si perder el peinado lacado. Mueve las manos como una pitonisa amenizando mis oídos con una melodía de pulseras.

-Tu socio es un poco borracho, hijo. Va todos los días a tomar vino con canela por los bares del casco antiguo de Praga del brazo de señoritas de cobro. Los hombres divorciados son la peste de esta sociedad.
-Así se habla, doña Margot -aplaude el cura-. Cristo dijo "lo que una Dios no lo separará el hombre.
-son las malas hembras las que rompen matrimonios, padre. Aquí tenemos una que impide la boda de mi único hijo varón con Isaura de los Claveles.
-Primero me toca a mí, Margot. Y después también. Yo no soy tan católica como tú, pero creo en el matrimonio para toda la vida.

El gato despierta de su letargo y araña al sacerdote.

-¡Agua bendita! -grita el hombre arañado.

Corro al grifo y lleno un vaso. El agua de La Coruña está sobrada de bendiciones con el cloro de potabilizar que le echan.

El sacerdote no puede coger el vaso con sus temblorosas manos. Parece que el demonio saltó del gato a él mismo.

-¿Le tiro el vaso, padre?
-Trae para aquí, so tonta. No sabes como se hace un exorcismo.

Margot tiene razón: nunca practiqué la profesión. La madre de mi chico vierte con mano experta el frío líquido sobre el exaltado animal. El remedio es peor que la enfermedad. Si antes maullaba ahora dice mamá.

-¿Oyes, hijo? Es la madre de tu socio.
-A ver si aparece ahora tu padre, Margot -digo.
-¡Calla insensata!

Callé. Mejor dicho: callamos todos. Una voz de caverna nos llegó desde el cuarto de baño diciendo "hija, hija, hija,..."

Tuesday, December 18, 2007

El fantasma, 12

Tuvimos que pedirle a la experta en divinidades que se fuera porque una cosa es que aparezca la madre de Cristo y otra es que aparezcan los muertos de la familia pidiendo cuentas.

-Tengo que marchar, hijo.
-son las doce de la noche, mamá.
-Acompáñame al hotel.

Marcharon, dejándome sola con el gato y con mi miedo. El gato buscó cobijo debajo de la mesa de la cocina y fue dejando de maullar. Cuando quedó dormido, fui para mi habitación.

¿Apagaba el móvil? Carlos no me iba a llar, estaba segura. Si ocurría una emergencia, podía recurrir al teléfono fijo. Lo apagué. Ya quedaba dormida cuando sonó el fijo.

Era el socio de mi chico.

-Tengo que hablar con Carlos.
-No está en casa.

Le dí la dirección del hotel.

-Si está con su madre, no lo llamo.
-Como quieras, Alberto.
-Te digo a ti lo que quería decirle.
-No, mejor díselo a él. El papel de intermediaria se me da mal.
-Mara me habló mucho de ti.

¿Mara?... Ah, sí. Ya me había olvidado de que la directora de la revista "Miss" es el nuevo amorío del socio capitalista de mi chico.

-¿Tienes el gato en casa, Sophia? Lo estoy oyendo maullar.
-No me hables del dichoso, gato. Me va a volver loca.
-Carlos fue muy amable al buscarle un hogar.
-¿Carlos?
-¿No te contó que se quedó con el gato que heredé de mi difunta madre?

Colgué el teléfono y marqué el número de móvil de mi chico. Estaba fuera de cobertura. Busqué en la guía el número del hotel. Llamé. Comunicaba. ¡Menudo hotel! Al tercer intento me cogieron el teléfono. La recepcionista, con voz melosa, se negaba a ponerme con la habitación de mi chico.

-Despertaría a nuestros huéspedes.
-Despiértelos. Tengo que comunicarles una emergencia procedente de Praga.

Friday, December 07, 2007

El fantasma, 11

 -La explicación está en la expulsión de los judíos. En esta casa vivió un judío converso que fue expulsado.
 -¡Imposible! -protesto-. Este edificio no es tan antiguo.
 -¡Calla, insolente! Deja hablar a la experta. Siga doña Claudia Belén.
 -Me has insultado, Margot. Exijo respeto.
 
 La experta siguió con su teoría. Parecía la tía de Pablito. Hablaba de los judíos como de sus primos. El gato empezó a maullar cuando la experta andaba por los siglos I y II d.C. Los judíos huían de los romanos y el gato maullaba. Sólo faltaba que cayera otra lámpara. Cayó la de nuestra habitación en el mismo momento que Claudia Belén citó a los almorávides. Margot se santiguó. Menos mal que aún no aparecía la Virgen. Miré el cuadro y no, allí no había ningún rostro divino. Aquellas rayas geométricas tenías más pecado que Eva. Los almohades y benimerines también huyeron de la España mora hacia la España cristiana explicaba la experta. Carlos la miraba con cara de alumno aplicado.
 
 -¿Cuánto cobra usted por hablar de los judíos antiguos? -le pregunté a la experta.
 -Los judíos no eran todos ricos.
 -Supongo, señora. Los pobres siempre existimos.
 -¡Por eso te quieres casar con Carlos!-chilló Margot-. Para que te mantenga.
 -Justamente.
 -Yo no lo permitiré.
 
 Lo que no puede impedir Margot es la rotura de cristales y porcelanas. Ahora son las figuras Lladró las que vuelan por los aires y acaban en trozos sobre una alfombra persa.
 
 La madre de mi chico lloriquea. Dice que acaba de ver a su padre pasando por el pasillo.



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Tuesday, December 04, 2007

El fantasma, 10

 
 
Aprovechando que el gato estaba callado, me tiré en el sofá a dormir la siesta. Si regresaba Margot despertaría con su vozarrón de militar frustrada.
 
 Así fue. Su conversación me trasladó al mundo de los despiertos con gran sobresalto. Retoqué los labios y me mentalicé rápidamente para ejercer de aspirante a nuera.
 
 -La cara de la Virgen se plasmó sobre este Miró -le explicaba a la experta en milagros.
 
 No pude reprimir un ataque de risa. El Miró de la pared era un cuadro que le compré a un pintor en la feria de artesanía de Méndez Núñez. Nunca había conocido al renombrado artista el lienzo sobre el que , según Margot, se posó la cara de la Virgen.
 
 -¿Eres tonta? Estamos hablando de cosas serias.
 -Soy católica no practicante -repliqué.
 
 La experta se presentó como Claudia Belén. Intentó darme dos besos, pero no se lo permití. Yo a los expertos en divinidades les tengo mucho respeto.
 
 -Hijo, prepara un café para doña Claudia Belén -le pidió Margot a Carlos
 -Perdone, prefiero un vaso de leche templada.
 
 Acompañe a mi chico a la cocina para explicarle que la leche templada se conseguía calentándola en el microondas y enfriándola en la nevera.
 
 -Mejor preparala tú, Sophia.
 -No, amor. Tu madre sólo confía en ti.
 
 Margot comprobó que debe confiar menos en su hijo para tareas domésticas: el vaso explotó dentro del microondas. Afortunadamente no causó daños materiales irreparables. El vaso roto no fue una gran pérdida y el horno siguió funcionando igual de bien que antes de la explosión.
 
 -¿Creo que hay algo raro -comentó la experta.
 
 Me aparté de debajo de la lámpara del salón rápidamente. No ocurrió nada. Me volvía a situar debajo de la lámpara y noté que se movía.
 
 -¡Cae la lámpara! -chillé.
 
 Así fue. La segunda lámpara del salón cayó sobre el parquet con gran estrépito.
 



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Tuesday, November 27, 2007

El fantasma, 9

Mi chico acompañó a su madre a una experta en milagros. Ha visto a la Virgen y hay que contarlo sin armar mucho escándalo.

Aprovecho que estoy sola para telefonear a Marta. La madre de mi ex alumno Pablito tenía muchas vivencias místicas antes de meterse a modelo.

-Regresé con mi ex marido -me informa.
-¿Y la otra?
-Somos un matrimonio católico y tenemos que perdonarnos. Todos cometemos errores, Sophia. ¿Quieres hablar con Pablito?

Me pasa a mi inolvidable alumno.

-¿Dónde está profe Sophia?
-Estoy de vacaciones.
-Dice mamá que ya no vives en Madrid.
-Creo que voy a regresar a la villa y corte.
-Es usted como los judíos, profe Sophia. Los judíos fueron expulsados de España en 1492 por los Reyes Católicos y...
-Adiós, Pablito.
-Espere, profe Sophia.

No esperé nada. Colgué el teléfono antes de sufrir un colapso provocado por la vida e historia de los judíos en la Península Ibérica.

Marta volvió a llamar.

-¿Cómo te atreves a colgarle el teléfono a mi hijo?

Se lo colgué también a ella para demostrarle que no discriminaba a su hijo. Cuando no me gusta una conversación corto.

Wednesday, November 21, 2007

El fantasma, 8

Cenamos la tortilla de patatas más quemada que comí en mi vida. Margot como cocinera aún es más desastrosa que yo. El gato comió su ración de tortilla quemada sin protestar.

-¿Vas a quedarte con este bicho, Margot?
-Habla con propiedad, niña. Un gato no es un bicho.
-Yo no soy una niña, soy una mujer.
-¿Dónde la conociste, hijo?
-Se apagó la luz! -chillé.
-Serás tonta... ¿Hay velas, hijo?

Carlos encendió un candelabro del salón con el mechero que le regalé por su cumpleaños. Mi cuerpo predecía más paranormalidades. No me equivoqué. Nada más acercar el candelabro a la cocina las alacenas se incendiaron.

-¿Esta casa está embrujada!
-Tú sí que estás embrujada -farfulló Margot. Fue a la habitación más próxima y regresó con una manta.
-¿Vas a hacer señales de humo, Margot?
-Hijo, saca a esta mujer de mi vista.
-Mamá, ¿qué vas a hacer?

Margot empezó a pegarle a las llamas con la manta doblada. Yo quería gritar ¡socorro!, pero no podía. El incendio era insofocable. Abrí la nevera a ver si con el frío bajaba la temperatura y se extinguía solo. Las llamas cesaron cuando cayó la gran lámpara de cristales del salón.

-¿Veis como esta casa está embrujada? -les dije.
-La embrujaste tú como también has embrujado a mi único hijo varón.

El gato vuelve a maullar como un condenado.

-Es tu padre, Margot. Se ha reencarnado en este gato. Mira como enseña los dientes.

Margot se deja caer de rodillas con la mirada perdida. Creo que vive una experiencia íntima con el más allá.

Tuesday, November 06, 2007

El fantasma, 7



El gato continua maullando sin asustarme: me he acostumbrado a su melodía maulladora. Araña la puerta de la cocina hasta que se cansa. Pero los maullidos no cesan. Ni siquiera paran cuando el timbre empieza a sonar.

¿Quién es el animal que no quita el dedo del botón? Me lanzo a la puerta y abro.

-¡Deje de escandalizar! -chilla una mujer en bata y zapatillas-. Mi suegra está enferma.
-Tranquilícese, señora. Le diré al gato que se calle, pero no le puedo prometer que me obedezca.

La mujer, con la cara más roja que un borracho, empezó a insultarme. De las sombras del pasillo salió un hombre fondón, que debía ser el marido, acusándome del empeoramiento de la enferma que tenían en casa.

Les cerré la puerta en la cara. Yo me niego a dialogar con salvajes.

El gato seguía maullando en la cocina. Le dije que se callara, pero no me hizo caso.

Los vecinos quejicas pasaron el día aporreándome la puerta y tocando el timbre. Volvieron loco al gato y a mí casi me matan con su tortura. No, yo me iba para Madrid. Por muy pareja de hecho que fuéramos Carlos y servidora, no podía resistir semejante vecindario.

Mi chico llegó con su madre a la hora de cenar.

-¿Comiste, Sophia?
-No, amor. Llevo todo el día en huelga de hambre y terror. El gato no me deja utilizar la cocina y tus vecinos aporrean la puerta con una escoba vieja.
-Eres un desastre... -comentó Margot-. Mi hijo merece otra mujer.
-Yo merezco otra suegra.
-¡Sophia! -protestó Carlos.

Su madre abrió la puerta de la cocina y se reunió con el gato maullador.

-Es igualito al que tenía papá.
-No digas tonterías, mamá.
-Dije que era igual, no que fuera el mismo.

Margot acariciaba la pelambrera gatuna y el felino rabioso no protestaba. Dos malos juntos hacen un pan redondo. Allí teníamos a la domadora y al domesticado. Sólo faltaba que domara a los vecinos.

Wednesday, October 31, 2007

El fantasma, 6

 Carlos llamó al ayuntamiento. Le prometieron venir dentro de dos días a buscar el gato; mientras tanto, no podremos utilizar la cocina.
 
 -Vamos a cenar con mamá. Se aloja en el Hotel María Pita.
 -Yo no voy. Me odia.
 -No digas tonterías, Sophia.
 -Quiere divorciarnos.
 -Yo voy a comer con mi madre.
 -Pues vete, hombre. Prefiero quedar sola con el fantasma de tu abuelo que se pasea por toda la casa tirando platos, espejos, lámparas y todo lo que rompe.
 -El tocador de la habitación cayó porque estaba mal colocado.
 -¿Y las lámparas?
 -Bueno, me voy.
 
 Media hora más tarde me llama. Su madre no está, y en el hotel no saben donde se encuentra.
 
 -La llevarían los hados.
 -¡Sophia!
 -La última vez que la vi fue en esta casa rodeada de abogados y amenazándome con romper nuestra unión de hecho.
 
 A Carlos se le rompe la paciencia. Cuelga. El gato maulla en la cocina como si lo mataran. Empiezo a creer que es la reencarnación felina del abuelo de mi chico.
 
 



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Thursday, October 18, 2007

El fantasma, 5



A Carlos se le curan los enfados cuando me pongo en plan florecilla temblorosa. Le gustan las mujeres estilo siglo XIX. Lo malo es que a mí poco tiempo me dura el tembleque.

-No puedo vivir con un gato.
-Debe ser de algún vecino.
-Dale de comer antes de que se atreva a arañarnos.
-¿Qué comen los gatos, Sophia?
-Prueba a darle leche.

Busco un cuenco en el armario y lo pongo en el suelo. El gato se acerca y maulla con más ganas.

¿Qué hay que hacer cuando te entra un felino en casa? Busco en las páginas amarillas una protectora de animales. Estoy tan nerviosa que no encuentro ninguna. Mi dedo índice tropieza con una tienda de venta de animales. Los llamo. No hay manera de endosarles el gato.

-Un gato persa le ira mejor -insiste la vendedora.
-¡No! -chillo-. Quiero que vengan a buscar el gato que les regalo.
-Nosotros vendemos animales -dice la señora con voz de madrastra de Cenicienta.

Cuelgo. La solución pasa por la crueldad. Me armo con una escoba e intento echar al gato.

-¡Le estás pegando al gato! -exclama Carlos.
-No, amor, lo estoy pastoreando hacia la puerta de salida.

El gato vuelve a enseñar los dientes provocándome otro ataque de pánico. Cierro la puerta de la cocina dejándolo encerrado, en un golpe de valentía.

-Ahí se queda para siempre jamás.
-Llamaré a los bomberos -dice Carlos-. No podemos tener un gato encerrado en la cocina sine die.
-¡Te lo prohibo! Vendrían armando mucho escándalo, amor, y no es para tanto. El gato, si quiere comer, tiene la nevera llena de comida, y nosotros comeremos fuera.

Un nuevo estrépito nos sobresalta. Nos miramos. El gato está encerrado en la cocina y el ruido procede de nuestra habitación. ¿Tendremos otro bicho en casa?

Saturday, October 06, 2007

El fantasma, 4

Mi chico se tomaba con calma el viaje de regreso. Decidí ocupara mi tiempo decorando la casa a mi gusto.

La mesa del comedor era horrible. Nunca vi una madera más fea. La tapé con papel de regalo infantil y puse encima unos cuantos libros viejos. Quedó como el escritorio de la Barby. Seguro que a Carlos no le gustaba el cambio, pero me daba igual. Encima del armario encontré una bola del mundo que, milagrosamente, daba vueltas si la movías con la mano. La coloqué sobre la mesa del recibidor. Allí estaba sacándole brillo a una tierra más redonda que achatada cuando llegó Carlos furioso.

-¿Qué te pasa a ti con mi madre?
-Hablame con amor o te dejo -lo amenacé.

Carlos dejó caer el maletín con gran estrépito. ¡Adiós portátil! Otro ruido idéntico se produjo en el salón.

-Oh, hay eco... -comenté.

Mi chico, que no cree en las cosas paranormales, se dirigió al salón con paso firme.

-Cayó el espejo y arrastró la colección de viejos sifones al suelo. Mi madre va a llevarse un disgusto.
-¿Otro más? Está muy apenada porque somos pareja de hecho.
-Tenemos que hablar de eso...

Otro estrépito anuncia más cristales rotos, esta vez en un habitación. Vamos a mirar y encontramos las lámparas en el suelo.

-¿Cómo cayeron las lámparas?
-Estarían mal sujetas.
-También han caído las lámparas de las mesillas -observo.
-Esas lámparas las compró mi abuelo en París.
-Vi unas muy parecidas en los "chinos".
-Tú no tienes gusto, Sophia.

Otro estrépito nos hace correr a la cocina. La vajilla acaba de finiquitar su vida útil sobre las baldosas.

-Te juro que estaban las puertas de las lacenas cerradas.
-Hay corriente. Cierra las ventanas, Sophia.
-Están cerradas, amor.

Un maullido lastimero me sobresalta. Detrás de mí está un gato con la piel blanca y negra enseñándome los dientes como un tigre. Me abrazo a mi chico muerta de miedo.

Wednesday, October 03, 2007

El fantasma, 3

 Carlos está camino de Coruña. Su madre lo llamó y le ordenó que regresara. Nos quiere divorciar. Si lo consigue, pero para Carlos; yo regresaré a Madrid y buscaré un nuevo amor.
 
 Ocupo mi tiempo libre telefoneando a los amigos. Ambrosio no responde. Su móvil repite machaconoamente la melodía de "yo amo a Laura". Le dejo un mensaje deseándole un feliz verano. Llamo a Gregorio, el segundo fotógrafo de la revista "Miss". Tampoco contesta. Otro que está de vacaciones. El siguiente número de mi agenda es el de Mara, la directora de la revista "Miss". ¿La llamo? No me apetece oír hablar de trapitos, pero pulso el botón verde.
 
 -¡Sophia! Regresa a Madrid, mi niña. Esta ciudad es preciosa en verano con todo el mundo de vacaciones.
 -¿Cómo van las cosas por ahí?
 -Cerré la revista.
 -¿La cerraste? -pregunté angustiada.
 -Sí, cariño. Tenía más pérdidas que un corsario venido a menos. Gregorio encontró trabajo en una gasolinera y Ambrosio va tirando vendiendo fotos robadas a los famosos.
 
 No me imagino a Gregorio en una gasolinera. Es un trabajo con mucho riesgo. Si aparece un ladrón y lo mata por unos cuantos euros, una familia numerosa queda sin padre. No conozco a la mujer de Gregorio, pero dudo que sea capaz de sacar adelante a media docena de chiquillos hambrientos. Las madres leonas ya no existen.
 
 -¿Sabes a quién vi el otro día? ¡Al socio capitalista de tu novio! Me propuso ser su amante.
 -¡Mara!
 -Querida Sophia, hay que seguir viviendo. En la revista "Miss" limé el dinero que conseguí en el divorcio de mi primer esposo. Los sueños cuestan mucha pasta.
 -¿Vas a cobrarle a Alberto?
 -¡Claro! Yo nunca me acosté gratis con un hombre.
 
 ¿El mundo puede ser tan asqueroso? Me despido de Mara. No puedo desearle suerte porque me resisto a creer que la única forma que tenemos las mujeres para ascender socialmente sea yendo de cama en cama vendiendo cada abrazo.



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Monday, September 24, 2007

El fantasma, 2

 
 
 Afortunadamente, la ley nos protege a las novias. Una pareja de hecho tiene los mismos derechos que un matrimonio. Margot dijo que venía hacia La Coruña con un equipo de abogados para anular todo lo que hubiera firmado Carlos sin mi consentimiento.
 
 -Mi hijo me debe obediencia.
 -A mí me debe fidelidad. Si me pone los cuernos, tengo derecho a un divorcio y a una indemnización por daños y perjuicios.
 
 Margot colgó el teléfono. Todavía no llegó. supongo que estará esperando a que pare de llover en Galicia para echarse a la carretera.
 
 Pasan las horas y no aparece. Decido llamar a Carlos. Después de todo, es su madre y no quisiera que le pasara algo en una carretera desierta.
 
 -Amor, tu madre aún no llego.
 -¿Mi madre?
 -Venía a separarnos.
 -¡Sophia, por favor! Estoy negociando el precio de unos escenarios para rodar una película.
 -¿A estas horas? -mi reloj marcaba las once de la noche.
 -En Chequia los horarios son muy parecidos a los españoles.
 -Te dejo, parece que está tu madre en la puerta.
 
 Así era. Margot no se atrevía a entrar.
 
 -Es la casa de papá.
 -Ahora vivimos aquí yo y Carlos. Entra, Margot.
 
 La madre de Carlos se agarró con las dos manos al brazo de su abogado y recorrió el piso escandalizándose por el cambio de decoración.
 
 -Si papá levantara la cabeza te mataba.
 -Dudo que lo haga, Margot. Sólo Cristo consiguió resucitar..
 -¡Fuera! -gritó.
 
 Saqué de mi bolso el papel cuñado por el ayuntamiento de La Coruña que nos declaraba a mí y a Carlos unidos en pareja de hecho.



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Tuesday, September 18, 2007

El fantasma, 1

Carlos está en Praga con su socio. Cosas de negocios. Quería que lo acompañara, pero preferí quedarme. Me gusta esta ciudad porque puedes ir andando a todos los sitios. La playa me queda a tiro de piedra, y por la mañana está tan desierta como los arenales del Caribe.

Ayer llovía, por eso me quedé en casa. Maté el tiempo curioseando por los armarios. encontré más libros con olor a viejo. No resisto el olor a polvo antiguo que desprende el papel envejecido. Fui apartando los libros en un montón mal amontonado hasta que cayeron con gran estrépito. Más trabajo para mí.

-¿Qué va a hacer con esos libros?
-¡Señora! -chillé- No la había oído entrar.
-La señora es doña Margot -me explicó la asistenta -.Yo soy Pepa.
-Puede irse, Pepa. Hoy no la necesito.
-¿Qué va a hacer con los libros?
-Quemarlos.

La asistenta puso cara de horror.

-No puede hacerlo.
-Por poder, puedo hacer cualquier cosa.
-Está usted bromeando. ¿Dónde está el señorito?

Me partí de risa. ¡El señorito! ¿Carlos es el señorito?

-Llamaré a la señora. Usted tiene un comportamiento muy extraño.

Le dejé utilizar el teléfono porque creo más en la libertad de expresión que en el catecismo. La buena mujer no conseguía que la pusieran con Margot. ¿Cuántos criados habrá en la casa de los padres de Carlos?

Lo llamé con mi móvil para preguntárselo.

-Estoy haciendo un viaje turístico con unos clientes, Sophia. No me llames para preguntar tonterías.
-Es importante,amor. La asistenta quiere hablar con tu madre y no consigue que se la pasen.
-Firmale un cheque.
-¿Cuánto cobra?
-Preguntale a ella.
-¿Cómo se llama tu abuelo?
-Mi abuelo murió.
-Pero tenía nombre, ¿no?
-Se llamaba Carlos. Te dejo. Vamos desde Praga hasta Viena y, si tenemos tiempo, nos pasaremos por Budapest.

La asistenta estaba hablando con Margot. Le explicaba con pelos y señales mi presencia en aquella casa como si yo fuera una okupa.

-Dice doña Margot que la eche.
-Trae para aquí ese teléfono. ¿Margot? Tengo una buena noticia para ti, querida: soy la pareja de hecho de tu hijo.

Wednesday, September 12, 2007

El supermercado de don José, 13

 Mi chico le dio un toque a don José. Fue peor el remedio que la enfermedad. Llevamos dos días aguantando la visita de la histérica ex esposa de don José.
 
 -¡Dinero! ¡Quiero dinero! -grita en la puerta del supermercado.
 
 Don José se encierra en su despacho a cal y canto. La mujer aporrea la puerta acordándose de los antepasados recientes del esposo que la abandonó por la amiga de su hija pequeña.
 
 -Calmese, señora -le pedí cuando mis oídos amenazaban con estallar a causa del exceso de decibelios.
 -¿Te callarías tú si tuvieras que pagar 3000 euros de factura de móvil?
 -Yo gasto mucho menos.
 -Porque no estás enamorada, hija. Las conversaciones con un novio salen caras.
 
 Me pregunté qué novio podía tener una mujer de pelo canoso peinado en cola de caballo. Era demasiado alta, delgada, con manos huesudas  pies grandes. Sus andares eran de sargento de ejército inglés.
 
 -Marcha, vieja. Asustas a los clientes.
 
 A un insulto, cuarenta. La ex de don José se encaró con Dianita. Empezó llamándola gorda y, ya había llegado a citar el oficio más viejo de todos los tiempos, cuando un policía municipal la arrastró fuera del supermercado.
 
 Don José salió de su despacho para comunicarnos la ingrata noticia: Supermercados Don José se declaraba en suspensión de pagos.
 
 -¿Cuándo vamos a cobrar? -preguntó Dianita.
 -Nunca, hija. Si quieres cobrar en especie, pilla lo que quieras.
 
 Dianita cogió un paquete de bolsas y las llenó. Yo le perdoné a don José todo tipo de pagos. Carlos me paga un generoso sueldo como espía de su empresa de capital riesgo.
 
 -Nunca te cases, Sophia.
 -Creo que un día me casaré, don José.
 -Así pensaba yo a tu edad, por eso acabé casándome con una persona que no me merecía.
 
 Regresé a casa pensando si mi chico me merece. Antes de llegar al portal, había llegado a la conclusión de que Carlos nunca me acosaría por 3000 euros para pagar el teléfono: es un hombre con posibles. Pero, ¿me merece?... No tengo respuesta.
 
 Por la noche, tenía un mensaje de Dianita en mi móvil.
 
 -Me contrataron en la frutería de "El Corte Inglés".
 
 Algunas encuentran trabajo pronto. Compadecí a los de "El Corte Inglés" por la frutera que habían fichado. No vana  dar abasto los reponedores en los próximos días. Supongo que la echaran cuando comprueben que Diana dedica más tiempo a comer que a trabajar.
 
 



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Tuesday, September 11, 2007

El supermercado de don José, 12

 
 Mara se presentó en mi casa con sus bártulos para hacer un reportaje sobre Dior.
 
 -Ten necesito, Sophia. ¿Sabes que hace sesenta años el gran Christian Dior presentó su primer desfile? Yo fotografiaré estos magníficos vestidos sobre tu cuerpo.
 -Stop, Mara. Va a llegar Carlos y tenemos que hablar de cosas de trabajo.
 -De eso mismo voy a hablarle yo: él será nuestro improvisado fotógrafo. Ambrosio está de baja por depresión. Nada serio; cosa de amores.
 -¿Y Gregorio?
 -Tuvo otro hijo, querida mía. Está de baja paternal. Ya le di el pésame.
 -¡Mara!
 -Los hijos dan muchas penas.
 -O muchas alegrías. Mira mi Carlos: es el hijo ideal de Margot.
 
 Carlos sonrió. Se liberó de la chaqueta y se dejo caer en el sillón de orejas que heredó de su abuelo. Perdió la sonrisa cuando Mara le puso en las manos una cámara fotográfica.
 
 -Viste este drapeado, Sophia.
 
 No pude negarme. Después de pasar el día uniformada estilo chica supermercado, un Dior última moda levanta el ánimo.
 
 -¡Genial! -aplaudió Mara-. Espera Carlitos, cariño. Le ponemos esta tiara barroca a Sophia y ahora, dispara.
 
 Con tanto vestido años 50 con toques picassianos me olvidé de lo importante: don José desvía dinero del supermercado hacia su bolsillo para pagar los gastos de su ex esposa. Tengo que contárselo a Carlos.



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