Tuesday, December 18, 2007

El fantasma, 12

Tuvimos que pedirle a la experta en divinidades que se fuera porque una cosa es que aparezca la madre de Cristo y otra es que aparezcan los muertos de la familia pidiendo cuentas.

-Tengo que marchar, hijo.
-son las doce de la noche, mamá.
-Acompáñame al hotel.

Marcharon, dejándome sola con el gato y con mi miedo. El gato buscó cobijo debajo de la mesa de la cocina y fue dejando de maullar. Cuando quedó dormido, fui para mi habitación.

¿Apagaba el móvil? Carlos no me iba a llar, estaba segura. Si ocurría una emergencia, podía recurrir al teléfono fijo. Lo apagué. Ya quedaba dormida cuando sonó el fijo.

Era el socio de mi chico.

-Tengo que hablar con Carlos.
-No está en casa.

Le dí la dirección del hotel.

-Si está con su madre, no lo llamo.
-Como quieras, Alberto.
-Te digo a ti lo que quería decirle.
-No, mejor díselo a él. El papel de intermediaria se me da mal.
-Mara me habló mucho de ti.

¿Mara?... Ah, sí. Ya me había olvidado de que la directora de la revista "Miss" es el nuevo amorío del socio capitalista de mi chico.

-¿Tienes el gato en casa, Sophia? Lo estoy oyendo maullar.
-No me hables del dichoso, gato. Me va a volver loca.
-Carlos fue muy amable al buscarle un hogar.
-¿Carlos?
-¿No te contó que se quedó con el gato que heredé de mi difunta madre?

Colgué el teléfono y marqué el número de móvil de mi chico. Estaba fuera de cobertura. Busqué en la guía el número del hotel. Llamé. Comunicaba. ¡Menudo hotel! Al tercer intento me cogieron el teléfono. La recepcionista, con voz melosa, se negaba a ponerme con la habitación de mi chico.

-Despertaría a nuestros huéspedes.
-Despiértelos. Tengo que comunicarles una emergencia procedente de Praga.

Friday, December 07, 2007

El fantasma, 11

 -La explicación está en la expulsión de los judíos. En esta casa vivió un judío converso que fue expulsado.
 -¡Imposible! -protesto-. Este edificio no es tan antiguo.
 -¡Calla, insolente! Deja hablar a la experta. Siga doña Claudia Belén.
 -Me has insultado, Margot. Exijo respeto.
 
 La experta siguió con su teoría. Parecía la tía de Pablito. Hablaba de los judíos como de sus primos. El gato empezó a maullar cuando la experta andaba por los siglos I y II d.C. Los judíos huían de los romanos y el gato maullaba. Sólo faltaba que cayera otra lámpara. Cayó la de nuestra habitación en el mismo momento que Claudia Belén citó a los almorávides. Margot se santiguó. Menos mal que aún no aparecía la Virgen. Miré el cuadro y no, allí no había ningún rostro divino. Aquellas rayas geométricas tenías más pecado que Eva. Los almohades y benimerines también huyeron de la España mora hacia la España cristiana explicaba la experta. Carlos la miraba con cara de alumno aplicado.
 
 -¿Cuánto cobra usted por hablar de los judíos antiguos? -le pregunté a la experta.
 -Los judíos no eran todos ricos.
 -Supongo, señora. Los pobres siempre existimos.
 -¡Por eso te quieres casar con Carlos!-chilló Margot-. Para que te mantenga.
 -Justamente.
 -Yo no lo permitiré.
 
 Lo que no puede impedir Margot es la rotura de cristales y porcelanas. Ahora son las figuras Lladró las que vuelan por los aires y acaban en trozos sobre una alfombra persa.
 
 La madre de mi chico lloriquea. Dice que acaba de ver a su padre pasando por el pasillo.



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Tuesday, December 04, 2007

El fantasma, 10

 
 
Aprovechando que el gato estaba callado, me tiré en el sofá a dormir la siesta. Si regresaba Margot despertaría con su vozarrón de militar frustrada.
 
 Así fue. Su conversación me trasladó al mundo de los despiertos con gran sobresalto. Retoqué los labios y me mentalicé rápidamente para ejercer de aspirante a nuera.
 
 -La cara de la Virgen se plasmó sobre este Miró -le explicaba a la experta en milagros.
 
 No pude reprimir un ataque de risa. El Miró de la pared era un cuadro que le compré a un pintor en la feria de artesanía de Méndez Núñez. Nunca había conocido al renombrado artista el lienzo sobre el que , según Margot, se posó la cara de la Virgen.
 
 -¿Eres tonta? Estamos hablando de cosas serias.
 -Soy católica no practicante -repliqué.
 
 La experta se presentó como Claudia Belén. Intentó darme dos besos, pero no se lo permití. Yo a los expertos en divinidades les tengo mucho respeto.
 
 -Hijo, prepara un café para doña Claudia Belén -le pidió Margot a Carlos
 -Perdone, prefiero un vaso de leche templada.
 
 Acompañe a mi chico a la cocina para explicarle que la leche templada se conseguía calentándola en el microondas y enfriándola en la nevera.
 
 -Mejor preparala tú, Sophia.
 -No, amor. Tu madre sólo confía en ti.
 
 Margot comprobó que debe confiar menos en su hijo para tareas domésticas: el vaso explotó dentro del microondas. Afortunadamente no causó daños materiales irreparables. El vaso roto no fue una gran pérdida y el horno siguió funcionando igual de bien que antes de la explosión.
 
 -¿Creo que hay algo raro -comentó la experta.
 
 Me aparté de debajo de la lámpara del salón rápidamente. No ocurrió nada. Me volvía a situar debajo de la lámpara y noté que se movía.
 
 -¡Cae la lámpara! -chillé.
 
 Así fue. La segunda lámpara del salón cayó sobre el parquet con gran estrépito.
 



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Tuesday, November 27, 2007

El fantasma, 9

Mi chico acompañó a su madre a una experta en milagros. Ha visto a la Virgen y hay que contarlo sin armar mucho escándalo.

Aprovecho que estoy sola para telefonear a Marta. La madre de mi ex alumno Pablito tenía muchas vivencias místicas antes de meterse a modelo.

-Regresé con mi ex marido -me informa.
-¿Y la otra?
-Somos un matrimonio católico y tenemos que perdonarnos. Todos cometemos errores, Sophia. ¿Quieres hablar con Pablito?

Me pasa a mi inolvidable alumno.

-¿Dónde está profe Sophia?
-Estoy de vacaciones.
-Dice mamá que ya no vives en Madrid.
-Creo que voy a regresar a la villa y corte.
-Es usted como los judíos, profe Sophia. Los judíos fueron expulsados de España en 1492 por los Reyes Católicos y...
-Adiós, Pablito.
-Espere, profe Sophia.

No esperé nada. Colgué el teléfono antes de sufrir un colapso provocado por la vida e historia de los judíos en la Península Ibérica.

Marta volvió a llamar.

-¿Cómo te atreves a colgarle el teléfono a mi hijo?

Se lo colgué también a ella para demostrarle que no discriminaba a su hijo. Cuando no me gusta una conversación corto.

Wednesday, November 21, 2007

El fantasma, 8

Cenamos la tortilla de patatas más quemada que comí en mi vida. Margot como cocinera aún es más desastrosa que yo. El gato comió su ración de tortilla quemada sin protestar.

-¿Vas a quedarte con este bicho, Margot?
-Habla con propiedad, niña. Un gato no es un bicho.
-Yo no soy una niña, soy una mujer.
-¿Dónde la conociste, hijo?
-Se apagó la luz! -chillé.
-Serás tonta... ¿Hay velas, hijo?

Carlos encendió un candelabro del salón con el mechero que le regalé por su cumpleaños. Mi cuerpo predecía más paranormalidades. No me equivoqué. Nada más acercar el candelabro a la cocina las alacenas se incendiaron.

-¿Esta casa está embrujada!
-Tú sí que estás embrujada -farfulló Margot. Fue a la habitación más próxima y regresó con una manta.
-¿Vas a hacer señales de humo, Margot?
-Hijo, saca a esta mujer de mi vista.
-Mamá, ¿qué vas a hacer?

Margot empezó a pegarle a las llamas con la manta doblada. Yo quería gritar ¡socorro!, pero no podía. El incendio era insofocable. Abrí la nevera a ver si con el frío bajaba la temperatura y se extinguía solo. Las llamas cesaron cuando cayó la gran lámpara de cristales del salón.

-¿Veis como esta casa está embrujada? -les dije.
-La embrujaste tú como también has embrujado a mi único hijo varón.

El gato vuelve a maullar como un condenado.

-Es tu padre, Margot. Se ha reencarnado en este gato. Mira como enseña los dientes.

Margot se deja caer de rodillas con la mirada perdida. Creo que vive una experiencia íntima con el más allá.

Tuesday, November 06, 2007

El fantasma, 7



El gato continua maullando sin asustarme: me he acostumbrado a su melodía maulladora. Araña la puerta de la cocina hasta que se cansa. Pero los maullidos no cesan. Ni siquiera paran cuando el timbre empieza a sonar.

¿Quién es el animal que no quita el dedo del botón? Me lanzo a la puerta y abro.

-¡Deje de escandalizar! -chilla una mujer en bata y zapatillas-. Mi suegra está enferma.
-Tranquilícese, señora. Le diré al gato que se calle, pero no le puedo prometer que me obedezca.

La mujer, con la cara más roja que un borracho, empezó a insultarme. De las sombras del pasillo salió un hombre fondón, que debía ser el marido, acusándome del empeoramiento de la enferma que tenían en casa.

Les cerré la puerta en la cara. Yo me niego a dialogar con salvajes.

El gato seguía maullando en la cocina. Le dije que se callara, pero no me hizo caso.

Los vecinos quejicas pasaron el día aporreándome la puerta y tocando el timbre. Volvieron loco al gato y a mí casi me matan con su tortura. No, yo me iba para Madrid. Por muy pareja de hecho que fuéramos Carlos y servidora, no podía resistir semejante vecindario.

Mi chico llegó con su madre a la hora de cenar.

-¿Comiste, Sophia?
-No, amor. Llevo todo el día en huelga de hambre y terror. El gato no me deja utilizar la cocina y tus vecinos aporrean la puerta con una escoba vieja.
-Eres un desastre... -comentó Margot-. Mi hijo merece otra mujer.
-Yo merezco otra suegra.
-¡Sophia! -protestó Carlos.

Su madre abrió la puerta de la cocina y se reunió con el gato maullador.

-Es igualito al que tenía papá.
-No digas tonterías, mamá.
-Dije que era igual, no que fuera el mismo.

Margot acariciaba la pelambrera gatuna y el felino rabioso no protestaba. Dos malos juntos hacen un pan redondo. Allí teníamos a la domadora y al domesticado. Sólo faltaba que domara a los vecinos.

Wednesday, October 31, 2007

El fantasma, 6

 Carlos llamó al ayuntamiento. Le prometieron venir dentro de dos días a buscar el gato; mientras tanto, no podremos utilizar la cocina.
 
 -Vamos a cenar con mamá. Se aloja en el Hotel María Pita.
 -Yo no voy. Me odia.
 -No digas tonterías, Sophia.
 -Quiere divorciarnos.
 -Yo voy a comer con mi madre.
 -Pues vete, hombre. Prefiero quedar sola con el fantasma de tu abuelo que se pasea por toda la casa tirando platos, espejos, lámparas y todo lo que rompe.
 -El tocador de la habitación cayó porque estaba mal colocado.
 -¿Y las lámparas?
 -Bueno, me voy.
 
 Media hora más tarde me llama. Su madre no está, y en el hotel no saben donde se encuentra.
 
 -La llevarían los hados.
 -¡Sophia!
 -La última vez que la vi fue en esta casa rodeada de abogados y amenazándome con romper nuestra unión de hecho.
 
 A Carlos se le rompe la paciencia. Cuelga. El gato maulla en la cocina como si lo mataran. Empiezo a creer que es la reencarnación felina del abuelo de mi chico.
 
 



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Thursday, October 18, 2007

El fantasma, 5



A Carlos se le curan los enfados cuando me pongo en plan florecilla temblorosa. Le gustan las mujeres estilo siglo XIX. Lo malo es que a mí poco tiempo me dura el tembleque.

-No puedo vivir con un gato.
-Debe ser de algún vecino.
-Dale de comer antes de que se atreva a arañarnos.
-¿Qué comen los gatos, Sophia?
-Prueba a darle leche.

Busco un cuenco en el armario y lo pongo en el suelo. El gato se acerca y maulla con más ganas.

¿Qué hay que hacer cuando te entra un felino en casa? Busco en las páginas amarillas una protectora de animales. Estoy tan nerviosa que no encuentro ninguna. Mi dedo índice tropieza con una tienda de venta de animales. Los llamo. No hay manera de endosarles el gato.

-Un gato persa le ira mejor -insiste la vendedora.
-¡No! -chillo-. Quiero que vengan a buscar el gato que les regalo.
-Nosotros vendemos animales -dice la señora con voz de madrastra de Cenicienta.

Cuelgo. La solución pasa por la crueldad. Me armo con una escoba e intento echar al gato.

-¡Le estás pegando al gato! -exclama Carlos.
-No, amor, lo estoy pastoreando hacia la puerta de salida.

El gato vuelve a enseñar los dientes provocándome otro ataque de pánico. Cierro la puerta de la cocina dejándolo encerrado, en un golpe de valentía.

-Ahí se queda para siempre jamás.
-Llamaré a los bomberos -dice Carlos-. No podemos tener un gato encerrado en la cocina sine die.
-¡Te lo prohibo! Vendrían armando mucho escándalo, amor, y no es para tanto. El gato, si quiere comer, tiene la nevera llena de comida, y nosotros comeremos fuera.

Un nuevo estrépito nos sobresalta. Nos miramos. El gato está encerrado en la cocina y el ruido procede de nuestra habitación. ¿Tendremos otro bicho en casa?

Saturday, October 06, 2007

El fantasma, 4

Mi chico se tomaba con calma el viaje de regreso. Decidí ocupara mi tiempo decorando la casa a mi gusto.

La mesa del comedor era horrible. Nunca vi una madera más fea. La tapé con papel de regalo infantil y puse encima unos cuantos libros viejos. Quedó como el escritorio de la Barby. Seguro que a Carlos no le gustaba el cambio, pero me daba igual. Encima del armario encontré una bola del mundo que, milagrosamente, daba vueltas si la movías con la mano. La coloqué sobre la mesa del recibidor. Allí estaba sacándole brillo a una tierra más redonda que achatada cuando llegó Carlos furioso.

-¿Qué te pasa a ti con mi madre?
-Hablame con amor o te dejo -lo amenacé.

Carlos dejó caer el maletín con gran estrépito. ¡Adiós portátil! Otro ruido idéntico se produjo en el salón.

-Oh, hay eco... -comenté.

Mi chico, que no cree en las cosas paranormales, se dirigió al salón con paso firme.

-Cayó el espejo y arrastró la colección de viejos sifones al suelo. Mi madre va a llevarse un disgusto.
-¿Otro más? Está muy apenada porque somos pareja de hecho.
-Tenemos que hablar de eso...

Otro estrépito anuncia más cristales rotos, esta vez en un habitación. Vamos a mirar y encontramos las lámparas en el suelo.

-¿Cómo cayeron las lámparas?
-Estarían mal sujetas.
-También han caído las lámparas de las mesillas -observo.
-Esas lámparas las compró mi abuelo en París.
-Vi unas muy parecidas en los "chinos".
-Tú no tienes gusto, Sophia.

Otro estrépito nos hace correr a la cocina. La vajilla acaba de finiquitar su vida útil sobre las baldosas.

-Te juro que estaban las puertas de las lacenas cerradas.
-Hay corriente. Cierra las ventanas, Sophia.
-Están cerradas, amor.

Un maullido lastimero me sobresalta. Detrás de mí está un gato con la piel blanca y negra enseñándome los dientes como un tigre. Me abrazo a mi chico muerta de miedo.

Wednesday, October 03, 2007

El fantasma, 3

 Carlos está camino de Coruña. Su madre lo llamó y le ordenó que regresara. Nos quiere divorciar. Si lo consigue, pero para Carlos; yo regresaré a Madrid y buscaré un nuevo amor.
 
 Ocupo mi tiempo libre telefoneando a los amigos. Ambrosio no responde. Su móvil repite machaconoamente la melodía de "yo amo a Laura". Le dejo un mensaje deseándole un feliz verano. Llamo a Gregorio, el segundo fotógrafo de la revista "Miss". Tampoco contesta. Otro que está de vacaciones. El siguiente número de mi agenda es el de Mara, la directora de la revista "Miss". ¿La llamo? No me apetece oír hablar de trapitos, pero pulso el botón verde.
 
 -¡Sophia! Regresa a Madrid, mi niña. Esta ciudad es preciosa en verano con todo el mundo de vacaciones.
 -¿Cómo van las cosas por ahí?
 -Cerré la revista.
 -¿La cerraste? -pregunté angustiada.
 -Sí, cariño. Tenía más pérdidas que un corsario venido a menos. Gregorio encontró trabajo en una gasolinera y Ambrosio va tirando vendiendo fotos robadas a los famosos.
 
 No me imagino a Gregorio en una gasolinera. Es un trabajo con mucho riesgo. Si aparece un ladrón y lo mata por unos cuantos euros, una familia numerosa queda sin padre. No conozco a la mujer de Gregorio, pero dudo que sea capaz de sacar adelante a media docena de chiquillos hambrientos. Las madres leonas ya no existen.
 
 -¿Sabes a quién vi el otro día? ¡Al socio capitalista de tu novio! Me propuso ser su amante.
 -¡Mara!
 -Querida Sophia, hay que seguir viviendo. En la revista "Miss" limé el dinero que conseguí en el divorcio de mi primer esposo. Los sueños cuestan mucha pasta.
 -¿Vas a cobrarle a Alberto?
 -¡Claro! Yo nunca me acosté gratis con un hombre.
 
 ¿El mundo puede ser tan asqueroso? Me despido de Mara. No puedo desearle suerte porque me resisto a creer que la única forma que tenemos las mujeres para ascender socialmente sea yendo de cama en cama vendiendo cada abrazo.



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Monday, September 24, 2007

El fantasma, 2

 
 
 Afortunadamente, la ley nos protege a las novias. Una pareja de hecho tiene los mismos derechos que un matrimonio. Margot dijo que venía hacia La Coruña con un equipo de abogados para anular todo lo que hubiera firmado Carlos sin mi consentimiento.
 
 -Mi hijo me debe obediencia.
 -A mí me debe fidelidad. Si me pone los cuernos, tengo derecho a un divorcio y a una indemnización por daños y perjuicios.
 
 Margot colgó el teléfono. Todavía no llegó. supongo que estará esperando a que pare de llover en Galicia para echarse a la carretera.
 
 Pasan las horas y no aparece. Decido llamar a Carlos. Después de todo, es su madre y no quisiera que le pasara algo en una carretera desierta.
 
 -Amor, tu madre aún no llego.
 -¿Mi madre?
 -Venía a separarnos.
 -¡Sophia, por favor! Estoy negociando el precio de unos escenarios para rodar una película.
 -¿A estas horas? -mi reloj marcaba las once de la noche.
 -En Chequia los horarios son muy parecidos a los españoles.
 -Te dejo, parece que está tu madre en la puerta.
 
 Así era. Margot no se atrevía a entrar.
 
 -Es la casa de papá.
 -Ahora vivimos aquí yo y Carlos. Entra, Margot.
 
 La madre de Carlos se agarró con las dos manos al brazo de su abogado y recorrió el piso escandalizándose por el cambio de decoración.
 
 -Si papá levantara la cabeza te mataba.
 -Dudo que lo haga, Margot. Sólo Cristo consiguió resucitar..
 -¡Fuera! -gritó.
 
 Saqué de mi bolso el papel cuñado por el ayuntamiento de La Coruña que nos declaraba a mí y a Carlos unidos en pareja de hecho.



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Tuesday, September 18, 2007

El fantasma, 1

Carlos está en Praga con su socio. Cosas de negocios. Quería que lo acompañara, pero preferí quedarme. Me gusta esta ciudad porque puedes ir andando a todos los sitios. La playa me queda a tiro de piedra, y por la mañana está tan desierta como los arenales del Caribe.

Ayer llovía, por eso me quedé en casa. Maté el tiempo curioseando por los armarios. encontré más libros con olor a viejo. No resisto el olor a polvo antiguo que desprende el papel envejecido. Fui apartando los libros en un montón mal amontonado hasta que cayeron con gran estrépito. Más trabajo para mí.

-¿Qué va a hacer con esos libros?
-¡Señora! -chillé- No la había oído entrar.
-La señora es doña Margot -me explicó la asistenta -.Yo soy Pepa.
-Puede irse, Pepa. Hoy no la necesito.
-¿Qué va a hacer con los libros?
-Quemarlos.

La asistenta puso cara de horror.

-No puede hacerlo.
-Por poder, puedo hacer cualquier cosa.
-Está usted bromeando. ¿Dónde está el señorito?

Me partí de risa. ¡El señorito! ¿Carlos es el señorito?

-Llamaré a la señora. Usted tiene un comportamiento muy extraño.

Le dejé utilizar el teléfono porque creo más en la libertad de expresión que en el catecismo. La buena mujer no conseguía que la pusieran con Margot. ¿Cuántos criados habrá en la casa de los padres de Carlos?

Lo llamé con mi móvil para preguntárselo.

-Estoy haciendo un viaje turístico con unos clientes, Sophia. No me llames para preguntar tonterías.
-Es importante,amor. La asistenta quiere hablar con tu madre y no consigue que se la pasen.
-Firmale un cheque.
-¿Cuánto cobra?
-Preguntale a ella.
-¿Cómo se llama tu abuelo?
-Mi abuelo murió.
-Pero tenía nombre, ¿no?
-Se llamaba Carlos. Te dejo. Vamos desde Praga hasta Viena y, si tenemos tiempo, nos pasaremos por Budapest.

La asistenta estaba hablando con Margot. Le explicaba con pelos y señales mi presencia en aquella casa como si yo fuera una okupa.

-Dice doña Margot que la eche.
-Trae para aquí ese teléfono. ¿Margot? Tengo una buena noticia para ti, querida: soy la pareja de hecho de tu hijo.

Wednesday, September 12, 2007

El supermercado de don José, 13

 Mi chico le dio un toque a don José. Fue peor el remedio que la enfermedad. Llevamos dos días aguantando la visita de la histérica ex esposa de don José.
 
 -¡Dinero! ¡Quiero dinero! -grita en la puerta del supermercado.
 
 Don José se encierra en su despacho a cal y canto. La mujer aporrea la puerta acordándose de los antepasados recientes del esposo que la abandonó por la amiga de su hija pequeña.
 
 -Calmese, señora -le pedí cuando mis oídos amenazaban con estallar a causa del exceso de decibelios.
 -¿Te callarías tú si tuvieras que pagar 3000 euros de factura de móvil?
 -Yo gasto mucho menos.
 -Porque no estás enamorada, hija. Las conversaciones con un novio salen caras.
 
 Me pregunté qué novio podía tener una mujer de pelo canoso peinado en cola de caballo. Era demasiado alta, delgada, con manos huesudas  pies grandes. Sus andares eran de sargento de ejército inglés.
 
 -Marcha, vieja. Asustas a los clientes.
 
 A un insulto, cuarenta. La ex de don José se encaró con Dianita. Empezó llamándola gorda y, ya había llegado a citar el oficio más viejo de todos los tiempos, cuando un policía municipal la arrastró fuera del supermercado.
 
 Don José salió de su despacho para comunicarnos la ingrata noticia: Supermercados Don José se declaraba en suspensión de pagos.
 
 -¿Cuándo vamos a cobrar? -preguntó Dianita.
 -Nunca, hija. Si quieres cobrar en especie, pilla lo que quieras.
 
 Dianita cogió un paquete de bolsas y las llenó. Yo le perdoné a don José todo tipo de pagos. Carlos me paga un generoso sueldo como espía de su empresa de capital riesgo.
 
 -Nunca te cases, Sophia.
 -Creo que un día me casaré, don José.
 -Así pensaba yo a tu edad, por eso acabé casándome con una persona que no me merecía.
 
 Regresé a casa pensando si mi chico me merece. Antes de llegar al portal, había llegado a la conclusión de que Carlos nunca me acosaría por 3000 euros para pagar el teléfono: es un hombre con posibles. Pero, ¿me merece?... No tengo respuesta.
 
 Por la noche, tenía un mensaje de Dianita en mi móvil.
 
 -Me contrataron en la frutería de "El Corte Inglés".
 
 Algunas encuentran trabajo pronto. Compadecí a los de "El Corte Inglés" por la frutera que habían fichado. No vana  dar abasto los reponedores en los próximos días. Supongo que la echaran cuando comprueben que Diana dedica más tiempo a comer que a trabajar.
 
 



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Tuesday, September 11, 2007

El supermercado de don José, 12

 
 Mara se presentó en mi casa con sus bártulos para hacer un reportaje sobre Dior.
 
 -Ten necesito, Sophia. ¿Sabes que hace sesenta años el gran Christian Dior presentó su primer desfile? Yo fotografiaré estos magníficos vestidos sobre tu cuerpo.
 -Stop, Mara. Va a llegar Carlos y tenemos que hablar de cosas de trabajo.
 -De eso mismo voy a hablarle yo: él será nuestro improvisado fotógrafo. Ambrosio está de baja por depresión. Nada serio; cosa de amores.
 -¿Y Gregorio?
 -Tuvo otro hijo, querida mía. Está de baja paternal. Ya le di el pésame.
 -¡Mara!
 -Los hijos dan muchas penas.
 -O muchas alegrías. Mira mi Carlos: es el hijo ideal de Margot.
 
 Carlos sonrió. Se liberó de la chaqueta y se dejo caer en el sillón de orejas que heredó de su abuelo. Perdió la sonrisa cuando Mara le puso en las manos una cámara fotográfica.
 
 -Viste este drapeado, Sophia.
 
 No pude negarme. Después de pasar el día uniformada estilo chica supermercado, un Dior última moda levanta el ánimo.
 
 -¡Genial! -aplaudió Mara-. Espera Carlitos, cariño. Le ponemos esta tiara barroca a Sophia y ahora, dispara.
 
 Con tanto vestido años 50 con toques picassianos me olvidé de lo importante: don José desvía dinero del supermercado hacia su bolsillo para pagar los gastos de su ex esposa. Tengo que contárselo a Carlos.



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Wednesday, August 29, 2007

El supermercado de don José, 11

La directora de la revista "Miss" llena mi buzón de voz de mensajes. Quiere que regrese a Madrid a toda costa. Ni en sueños. Mi nuevo trabajo de espía es apasionante.

Dianita come como una leona. Si no vomitara sus comilonas, no cabría en la ciudad.

-Mi hija es bulímica -dijo su madre ayer-. Quiero ingresarla en un centro especial subvencionado por la Xunta de Galicia.

Dianita no quiere. Decidió no regresar a casa y ahora duerme en la trastienda.

-Nos va a arruinar, don José -le dije al jefe-. No podemos permitirnos alimentarla.

El encargado dijo que el supermercado no alimenta a nadie gratis: Diana paga lo que come.

Yo no estoy tan segura de su honradez. Nunca la he visto anotando los productos que coge de las estanterías. Puede que tenga buena memoria, pero no creo.

-¿Tu madre trabaja, Sophia?
-Creo que sí.
-¿Crees? ¿Te llevas mal con tus padres?

Quedo muda. No me gusta hablar de mi vida privada.

-No me contestaste.
-Ni pienso hacerlo.
-Eres una maleducada.
-¿Por no hablar de mi vida privada?

Dianita abre los ojos como platos; cuando se recupera de la sorpresa, intenta contarme su vida.

-No te pregunté por tu familia, Diana.
-Estoy diciendo que mi madre es sobrina del jefe de RENFE, prima del presidente de Telefónica y cuñada del conselleiro de Industria.

Por mí como si era la reina de América. ¿Cómo iba a hacer para poner a aquella mujer a trabajar? Necesitaba acceder a la caja fuerte para introducir la contabilidad B.

-¿No se trabaja aquí?
-Sí, don José -contestamos a dúo.
-Tú queda, hija. Sophia atenderá la caja 3.

Cuando te discriminan te sientes una esclava. Peor me sentí minutos después: don José gritaba como un loco. Aquel había descubierto que faltaban los libros de la contabilidad B.

Monday, August 20, 2007

El supermercado de don José, 10



En casa ocupo mi tiempo haciendo la limpieza. Es un trabajo cansado, pero prefiero hacerlo yo a tener una persona extraña moviéndose por mi privacidad íntima.

Le dije a Carlos que despidiera a la asistenta. La buena mujer parece que no se enteró de que está despedida. Los martes y jueves la tengo dentro de casa cuando regreso del supermercado.

-Le he dicho que no viniera, señora.
-Doña Margot me paga cuatro horas los martes y jueves.
-Siga cobrando, pero no venga.
-Si no vengo, se lo tengo que decir a doña Margot.
-Haga lo que quiera.

La mujer siguió pasando el aspirador por el suelo impoluto. Las alfombras del salón las aspiró hasta que llegó Carlos.

-Cariño, dile a esa mujer que se puede ir. Necesitamos intimidad.

Mi chico se negó a decírselo. Él no habla con las domésticas. Tuvimos que esperar dos horas hasta que la asistenta marchó sin despedirse.

-Ésa vuelve el jueves.
-Mamá le paga por venir.
-Hablemos de lo que importa, amor.

Le conté mis averiguaciones sobre la contabilidad B de don José.

-Hace los asientos a mano con caligrafía de cartilla Rubio.

Carlos mira las fotocopias preocupado. No me extraña: hay muchas pérdidas.



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Thursday, August 16, 2007

El supermercado de don José, 9

 Don José regresó tras sus días de ausencia por asuntos personales. A juzgar por su bronceado, el motivo de su ausencia fueron unas vacaciones en la playa. ¿Se habrá casado? Sigue luciendo la alianza de oro que lucía hace una semana, pero las alianzas no significan nada. Yo misma llevo una y no estoy casada.
 
 -Están cayendo las ventas, chicas.
 -Es por la competencia del nuevo supermercado, don José -dice Dianita con cara de no haberse zampado un bollo robado en su vida -.Tienen todos los productos de oferta.
 
 Nuestro encargado decide no ser menos. Empieza a pegar carteles de tres por dos en todos los anaqueles. En el escaparate pone el letrero más grande.
 
 Los clientes regresan. Se forman las colas más grandes que yo había visto en un supermercado. Hasta don José tiene que ponerse a cobrar.
 
 Aprovecho el momento para ir al servicio. Dianita me mira furiosa.
 
 -Ésa es anoréxica: come y vomita -oigo que le dice a los clientes.
 -Las que vomitan son bulímicas, querida -comenta una señora experta en trastornos alimenticios.
 
 Mi trastorno es el quebradero de cabeza que me produce la caja fuerte cerrada a cal y canto. Esta vez pruebo la combinación del Día del Orgullo Gay: 30-6-1950. La puertecilla se abre y yo quedo sin respiración. La recupero cuando oigo unos pasos que se acercan. Cierro las puertas con tan mala suerte que rompo una uña.
 
 -Regresa a la caja. Ahora me toca a mí mear.
 -Se dice ir al servicio.
 
 Dianita entra en el baño con un paquete de bollería industrial. El colesterol todavía no le preocupa.
 
 -¡Esta chica está herida! -grita una ancianita cuando me siento en la caja nº3-. Hay que curarle esa mano. ¿Dónde tienen aquí el botiquín?
 
 Me dejo acompañar a la trastienda por la buena mujer. Don José llama por megáfono a Diana. Yo no puedo trabajar con una uña chorreando sangre roja.



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Wednesday, August 08, 2007

El supermercado de don José, 8

 Salida de la boca de metro de Chueca
 
 -A mí no me importa si el encargado es maricón, Sophia. Quiero saber si nos roba.
 -Te digo que es homosexual. Mira estas fotos del Día del Orgullo Gay y estas otras de don José en el barrio de Chueca.
 
 Carlos las mira sin ganas. Cuando llega a la imagen de don José disfrazado de San Isidro, se ríe.
 
 -¿Qué te hace gracia, amor?
 -Nada.
 -¿Te imaginas a don José en Stonowall Inn?
 -No, yo no tengo tu imaginación.
 -Pues estaría muy gracioso cantando "Over the Rainbow" en el mítico pub gay de Nueva York en honor a Judy Garland.
 -No le veo mucho espíritu combativo.
 -¿Lo dices porque no salió del armario?
 -Olvídate de los armarios, Sophia. ¿Encontraste la contabilidad B?
 -Estoy en ello.
 
 Dianita me lo pone difícil. Pasa horas enteras comiendo en la trastienda. ¿Sabrá que don José es gay?
 
 -Estas fotografías devuelvelas a la caja fuerte.
 -Ya las puse, amor. Éstas son unas copias de las originales.
 
 Carlos las rompió. No le dije que tenía otras. Mi chico es demasiado buena persona.
 
 -La bandera la colocas donde estaba, mañana.
 
 Asentí.
 
 La bandera multicolor no me importaba.



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Wednesday, August 01, 2007

El supermercado de don José, 7

  Abrir la caja fuerte del encargado fue una odisea, y todavía no conseguí abrirla de todo. Me explico: abrí la caja de fuera, pero me queda la caja de dentro.
 
 Dianita fastidió todo lo que pudo para no variar. Pasó media mañana cebándose a lácteos variados en la trastienda.
 
 -Tengo que probar los quesos -se excusó cuando la llamé para ponerse en la otra caja-. Sigue cobrando Sophia, y ten cuidado con los mangantes.
 -Es lo que estoy haciendo: mirar como nos roban.
 -¿Quién nos roba? ¿La pelirroja de siempre? Si estuviera don José la echaba del súper.
 
 Yo no conocía a la pelirroja. Dianita dejó un trozo de queso manchego a medio comer sobre una bandeja de cartón, y fue a encararse con la ladrona. Yo aproveché para asaltar la caja fuerte.
 
 Moví la ruedecilla de los números y marqué la fecha de nacimiento de don José. Nada. Estaba segura que en su pulsera ponía 30-8-1950. ¿Habría puesto el día de su onomástica? Probé con el 19 de marzo. Nada.
 
 -¿Qué haces ahí?
 
 Mi corazón dio un vuelco. Puse la mano en el pecho para tranquilizarme. Inventa, chica. ¿Qué le decía a la buscadora de ladrones?
 
 -¡Mira! ¡Una araña! -chillé.
 -Serás tonta...
 
 Dianita se armó con una escoba y empezó a matar al inofensivo insecto a palos.
 
 -Ya está muerta.
 -Hay que asegurarse, Sophia.
 
 ¡Vaya si se aseguró! No paró de dar palos sobre la araña muerta hasta que una señora echó la cabeza por la puerta.
 
 -¿Estáis de obras, niñas?
 -No, señora. ¿Quería algo?
 
 Dianita marchó con la clienta. Aproveché para centrar mis esfuerzos en la clave secreta de la caja fuerte.
 
 Ahora probé con el día de San José obrero del años 1950. ¡Eureka! La puerta metálica abrió suavemente. Don José debió ser comunista en tiempos pasados: sólo a un seguidor de Carlos Marx se le ocurriría una clave secreta con un 1 de mayo.
 
 ¿Y aquello? Había otra puerta con otra rueda. Maldije al fabricante de la caja fuerte. Metí la mano en un hueco y saqué una tela multicolor. Era una bandera arco iris.



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Friday, July 27, 2007

El supermercado de don José, 6



Mi chico está cansado. Viaja más que el ministro de Asuntos Exteriores.

-Mara vino a buscarte a mi casa de Madrid. Quiere que hagas un reportaje en Gibraltar.
-¡Jamás! Hasta que Gibraltar no sea español legalmente yo no pongo allí mis lindos pies.
-Marta dice lo mismo.

Carlos se sienta en el sillón favorito de su abuelo y contempla la nueva decoración del salón.

-¿Qué hiciste con los libros?
-Los subí al trastero.
-Esta casa no tiene trastero, Sophia.
-Lo tiene el edificio de alado.
-¿Alquilaste un trastero para guardar los libros de mi abuelo?

Asentí.

Carlos me pide la llave.

-Encontré la caja fuerte del supermercado, amor. A ver si la abro esta semana.
-No cambies de tema, por favor. Dame la llave del trastero. Los libros son la herencia más importante que nos dejó mi abuelo.
-Pues ya no la tenéis. Repartí la herencia entre cientos de coruñeses anónimos: fui dejando libros por los bancos de los parques.
-Mi madre me mata.
-No se lo permito, amor. Me perteneces. somos pareja de hecho.
-Cuéntame eso.
-Estamos empadronados en esta casa.
-¿Cómo te atreviste, Sophia?

Los hombres no nos merecen a las mujeres. Encima que accedo a ser cajera-espía, pretende que viva ilegalmente en La Coruña.

-Yo soy de Vigo.
-¿Y qué?
-Un vigués nunca puede vivir en La Coruña.
-No seas aldeano, amor. Hay que ser ciudadano del mundo. Se es de donde se pace.
-Sí, como las vacas.
-No vi ninguna vaca por aquí, amor. Perros a montones. Hay uno en la terraza de enfrente que no me deja dormir.

Carlos no me escucha. Cuenta los libros que quedan.

-¿Qué hiciste con los obeliscos de mármol?
-No me hables de aquellos pedruscos. Llamé a cinco empresas de derribos y ninguna quería arrancarlos del salón. Al final, el cerrajero consiguió quitarlos a golpe de martillo sin electrificar.
-¿El cerrajero?
-Vino a poner una cerradura más en la puerta. Un piso en el centro de una ciudad no puede tener una única cerradura.
-Los obeliscos de mármol los había comprado mi abuelo en Nueva York.
-Eran feísimos. Ahora están reciclados en adoquines.
-Si lo sabe mi madre, muere.
-Pues no se lo digas.

Lo que más me fastidia de mi chico es lo enfaldado que está. Sólo piensa en su mamá, y no hay manera de destetarlo.