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Friday, September 22, 2017

Mis vacaciones en Santillana del Mar


El Parador de Santillana Gil Blas nos permitió disfrutar una casona solariega de los siglos XVII y XVIII porque entre esos dos siglos fue construido. Entonces no era un parador, por supuesto. Era una casa de ricos. Hoy es una casa al alcance de todo el mundo. No hace falta ser millonario para alojarte en un parador. 

Yo estuve con mi marido y mis hijas pasando un fin de semana largo con mi suegra. La madre de mi marido prefiere alquilar un piso, pero yo prefería un complejo hotelero, aunque fuera antiguo. Estoy cansada de tenerla muy cerca. Así pude elegir una habitación lo más alejada de la suya. 

Nos dieron una habitación grande con suelos de madera de obra barnizada, techos con vigas de madera y camas que parecían sacadas de un piso viejo de la época de los Austrias. Menos mal que el cuarto de baño era moderno. Mi marido decía que quedaba como un pegote. Para mí quedaba perfecto porque se veían los sanitarios nuevos y no había ninguna cortina en la bañera, cosa que detesto. Olía a albañilería reciente, como dice mi suegra. 

La mayor ventaja que le encontré al Parador de Santillana Gil Blas fue su ubicación céntrica. Podías salir a pasear por el pueblo sin necesidad de coger un coche. A mí no me gustan nada los paradores y los hoteles que quedan en mitad de la nada campestre. Prefiero paradores más urbanos. Además, en Santillana del Mar hay un zoo muy cuidado. Llevé a las niñas. Mi marido no quiso venir porque no le gustan mucho los animales. A mí tampoco me gustan, pero pasé una tarde inolvidable con las niñas. Da gusto ver como se ilusionan con los bichitos. 

Mi suegra lo pasó menos bien. Se quejaba porque no le gustan nada las enredaderas. En el Parador de Santillana Gil Blas las enredaderas trepan por las paredes hasta las ventanas. Mi suegra pidió una habitación hasta donde no llegaran estas plantas trepadoras. Temía que le entrarán insectos por las ventanas. Según ella, las enredaderas atraen los insectos. 

Os recomiendo este parador. Es tranquilo y se come muy bien. A nosotros nos gustó mucho el cocido montañés. Yo sólo lo comí un día. Mi suegra, en cambio repitió todos los días que estuvimos en el Parador de Santillana Gil Blas. No debes perderte tampoco la merluza con salsa a la cántabra, las almejas de Pedreña y los sobaos y quesada pasiega. El comedor está decorado con cuadros con motivos de las cuevas de Altamira y lámparas de forja.


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Sunday, September 17, 2017

Mis vacaciones en Sevilla


El Bar El Baratillo, Sevilla es un bar perfecto para los taurinos por su decoración de paredes adornadas con cabezas de toros muertos, pero no es nada ideal para una mujer a la que no le gustan las corridas de toros. No soy anti nada. Simplemente no me gusta que maten un animal delante de mí. 

Fui porque mi santo se empeñó en entrar. Decía que había tapas de otras cosas y era cierto. Yo esperaba encontrar sólo rabo de toro. Pero encontré unas patatas bravas que te morías comiéndola. Yo comía sin mirar los toros muertos. Mi marido decía que los toros de las paredes estaban bien disecados y que no olían. A mí me olían a animal muerto. Aún así pude saborear los ricos calamares y algún pescado bien frito que estaba que te chupabas los dedos. 

También tienen tapas originales. Por ejemplo, una de queso manchego de cabra con una mermelada pasada por el horno. Le echan mucha imaginación a sus tapas. Por eso hasta los que no somos taurinos nos dejamos caer por alguna de sus mesas. 

No os lo recomiendo ni os lo dejo de recomendar. Lo que sí os recomiendo es no llevar niños. No me parece adecuado que los más pequeños de la casa vean cabezas de toros cortadas cual trofeo de guerra en las paredes de ningún sitio. Los niños deben crecer en el amor, no en la guerra contra el toro o a favor, pero matando toros bravos. Diría lo mismo si tuvieran colgadas cabezas de conejos. La barbarie no me gusta. 

Mi marido lo que más comió fueron calamares. Es muy de calamar. Para mi santo lo mejor que puede salir de una cocina son unos calamares. Para el padre de mis hijas los calamares son tan buenos como los langostinos, que también había en el Bar El Baratillo, Sevilla.


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Tuesday, September 12, 2017

Mis vacaciones en Valladolid




El Parador de Tordesillas está en una casa solariega al abrigo de un frondoso pinar. Me gustó mucho porque me pareció un sitio muy sano para ir con niños. A veces una está un poco cansada de tantas vacaciones de sol y playa y apetece el campito. En este parador no falta campo. Tienen una precioso jardín alfombrado de hierba verde entre los pinos. Es un gusto pasear por allí. 

El parador tiene un estilo muy castellano tanto por fuera como por dentro. Me llamaron la atención las valiosas antigüedades que hay en las estancias comunes. Mi marido decía que eran de verdad. Yo casi lo dudaba porque una no está acostumbrada a tener tanto arte al alcance de la mano. Te venían ganas de marchar con una de aquellas vasijas del pasado para tu dulce hogar. 

Con lo que no les marcharía nunca sería con la cama y con los muebles viejos que decoraban nuestra habitación. Nos dieron un cuarto con una cama de obispo: cabecero sencillo y de madera, colcha verde monja muy a juego con la pequeña alfombra y con unas mesillas de noche que parecían haber conocido tiempos mejores. Lo mismo puedo decir de los sillones y de la pequeña mesa que había en medio de ellos. 

Peor era la habitación que nos querían dar. Era de película medieval con guión de Pedro Almódovar. Tenía una cama de dosel debajo de un techo con vigas de madera pintadas con los colores blanco y azul del Deportivo de La Coruña. Muy friki. Les pedí que nos la cambiarán porque yo en aquella cama hubiera tenido pesadillas fijo fijísimo. 

Fue una pena no haber llevado a mi suegra. Le encanta la cecina de vaca y se nos hubiera puesto hasta las cejas con la que hacían en el restaurante del Parador de Tordesillas. Más que la cecina de vaca me gustó el asadillo de pimientos. Mi marido pidió gallo de corral y el manjar de la Vega. Siempre se decanta por la gastronomía local. 

Os recomiendo este Parador de Tordesillas pese a alguna desventaja como unos muebles en las habitaciones que no me acabaron de gustar. Vale la pena ir sobre todo por la piscina tan limpia que tienen y por lo tranquilo que es. Yo estuve dos días con mi marido buscando un poquito de tranquilidad.


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Saturday, September 09, 2017

Mis vacaciones en el mes de agosto




1


En la habitación que nos dieron en el Parador de Jarandilla de la Vera encontré lo que ya no se encuentra en paradores y hoteles: un televisor de los años prehistóricos. Quedamos a cuadros. Mis niñas nos preguntaban qué era aquel aparato. Las pobres no recuerdan los televisores trastos que había no hace mucho años. Lo bueno era que funcionaba. Yo pensaba que estaba de adorno, pero no, se veía bastante bien la imagen y se escuchaba también bien. 

Este parador está en la provincia de Cáceres. Es un castillo-palacio que conoció en su día tiempos gloriosos cuando corría el siglo XV. Nos contó la chica de recepción que en aquella fortificación había pasado una temporada el Emperador Carlos V de Alemania y Carlos I de esta España nuestra. Todo un lujo dormir en una habitación que bien pudo ocupar un emperador famosos. 

Nuestra habitación era enorme. Podías hacer un baile con toda la familia en el espacio que había entre cama, sillones y escritorio. El suelo era de baldosas, los muebles nada lujosos, pero con estilo antiguo. Teníamos una cama grande con cabecero de cama de curas, como dice mi chico. 

Yo me lo pasé muy bien con las niñas en la cálida y refrescante piscina del parador aprovechando que no estaba muy concurrida. Alguna tarde estábamos las tres solas nadando y jugando felices. Falta hacía la piscina porque el calor era insoportable. Cuando no estaba a remojo en la piscina tenía que buscar la sombra de los olivos y naranjos que rodean el parador. 

Desde nuestra habitación pudimos disfrutar de unas maravillosas vistas a la Sierra de Gredos. El parador está en plena naturaleza. Se respira muy bien lejos de toda contaminación de grandes ciudades. 

A mi chico le gustó más el edificio del parador por fuera que por dentro. Les explicó a nuestras hijas la arquitectura de escudos nobiliarios, torreones y de un patio de armas que me ponía los pelos de punta pensando en las guerras que habrían hecho con las armas que allí se guardaban en lejanos tiempos. 

El interior no estaba mal, pero le sobraban tantas vigas de madera como se veían en los techos. A mí no me gustan las vidas de madera. Siempre dan sensación de fragilidad y de pobreza. 

Nos quedamos a comer y a cenar en el restaurante del Parador de Jarandilla de la Vera. Se come bien. A mi marido le gustó mucho la sopa de tomate. Yo preferí el cuchifrito y todos nos pusimos hasta las cejas con la deliciosa tarta de queso de la Vera. 

Os recomiendo este parador. Yo no descarto volver. Mi chico está muy interesado en hacer senderismo otra vez por la zona. Yo creo que en vez de ir de senderismo me acercaré a un gimnasio que hay en las proximidades. Fui un día y estaba muy bien.




2


Uno de los aradores más bonitos en los que me he alojado con mi familia fue el Parador de Toledo, un edificio muy bonito que es uno de los mejores miradores que hay sobre la ciudad de las tres culturas, es decir, Toledo. Está en el Cerro del emperador. 

A nosotros nos dieron una habitación con vistas a la ciudad. Era todo un lujo despertar por la mañana, descorrer las cortinas y encontrarte con la catedral, las sinagogas, el Alcázar y la Casa Museo del Greco rodeada de innumerables edificios a tus pies. Tenías todo el arte pasado ante ti. por eso no me importó pasar sola con mis hijas muchas horas mientras mi marido hacía vuelo sin motor. A eso habíamos ido a Toledo: para que mi chico volara con sus amigos. Hay una empresa que organiza vuelos en aparatos sin motor por los alrededores. 

Si la habitación me gustó, las estancias comunes, muy amplias, tampoco me defraudaron. Había unos salones muy cómodos para leer la prensa como si estuvieras residiendo en un palacio. En la decoración del parador pude apreciar numerosos detalles manchegos y toledanos que he visto en otros edificios de Toledo. 

Os lo recomiendo. En este parador se come muy bien. La perdiz estofada le encantó a mi marido. Yo no soy de perdices. Me quedé con los duelos y quebrantos, un plato toledano delicioso y saboreé el ponche toledano. No debes perdértelo. 

A nosotros nos dieron una de las habitaciones más grandes. Teníamos dos camas enormes, una mesa de escritorio larga, un gran televisor de plasma, conexión a Internet gratuita y una terraza que fue donde más tiempo pasé. Leí varios libros que tenía pendientes con la ciudad de Toledo a mis pies. A mis hijas las entretuve con las tablets. 

Este parador está muy limpio. La habitación te la limpiaban a fondo todos los días, cosa que agradecí. Soy una maniática de la limpieza.



3


El Hotel Portocobo es muy moderno y tiene una ubicación inmejorable. Es una pena que en Galicia no siempre hace buen tiempo para disfrutar de playas como la playa de Santa Cruz a la que da este hotel de cuatro estrellas. 

Mi chico dijo que era demasiado moderno para él. Le gustan los hoteles que le recuerdan un dulce hogar familiar. Este hotel no te recuerda ninguna casa. Es demasiado hotel. Nuestra habitación, por ejemplo, tenía unas preciosas vistas a la bahía de La Coruña y al castillo de Santa Cruz, pero la habitación tenía un aire de oficina con cama que no podía con él. Abrías las cortinas y te encontrabas con un ventanal que cubría toda la pared exterior del cuarto igualito al que tiene mi chico en su oficina. Como le decía yo, debía sentirse como en el trabajo. Así se sintió, sin duda, porque trabajó como un esclavo en su ordenador portátil sobre el escritorio que teníamos en la habitación. 

No tienes problemas para aparcar. El parking del hotel es gratuito. Tampoco tienes problema para encontrar sitio para tu coche en la calle. Nosotros dejamos nuestro automóvil fuera. 

La wi fi de hotel funciona de maravilla. Es gratuita. En estas cositas que no te cobran hay que darle un diez a este hotel. Ya te cobran bien otras cosas. Por ejemplo, la comida muy gallega y muy cara que sirven en su restaurante. Mi chico decía que nos cobraban las vistas al mar. Podría ser. 

Os lo recomiendo. Es un hotel que está a sólo 8 kilómetros de La Coruña. Si tienes la suerte de que hace buen tiempo, tienes una playa muy mona para ir a tomar el sol. Nosotros no tuvimos tanta suerte. Tuve que entretener a las niñas dando paseos por los alrededores del hotel. Las pobres querían ir a la playa, pero no se podía porque hacía un frío considerable y llovía a mares.



4


Mi chico quiso ir a Nerja porque le hablaron maravillas unos amigos de sus cuevas. A mí las cuevas me dan miedos, pero accedí a ir para que no hubiera un divorcio. Mi chico cuando tiene un antojo de hacer turismo por el sitio de moda entre sus amistades tiene que ir. 

A las cuevas fue mi marido solo. Yo fui con las niñas a visitar el Balcón de Alfonso XIII porque dicen que el citado rey dijo que se podía ver desde allí África. No vimos nada porque estaba el día nublado. Bueno, en realidad se llama el Balcón de Europa, pero mi chico lo llama el Balcón de Alfonso III. Sabe mucho de Historia.

Nuestra siguiente visita fue el Barco de Chanquete. Esta es una de las cosas que un español tiene que ver en Nerja, porque todos hemos oído hablar de la famosa serie de televisión. Yo no la vi en directo, pero mi madre siempre me hablaba de ella. No me pareció la serie para tanto, y lo mismo puedo decir del barco. El barco está situado en el parque verano azul. Podrás tomar una foto junto a aquel barco que se hizo tan famoso si vas por allí. Yo tomé una foto con mis hijas. Mi chico nos había reservado una excursión con "Tito" de guía. Con él, conocimos todas las historias de la serie, además de todos sus rincones muy recordados por los fans de la serie. 

Poco más hicimos. Compré unos recuerdos para la familia extensa y nos venimos. Nerja queda pendiente para otra visita. Os la recomiendo. Es una localidad malagueña cada vez con más turistas. En el Balcón de Europa, pro ejemplo, había una multitud de italianos cuando fui yo con las niñas. Parecía que se había venido toda Italia de vacaciones. Creo que era una excursión organizada a lo bestia.




5


Está al alcance de todo el mundo pasar unos días en una fortaleza árabe del siglo XIII. Me refiero al castillo de Santa Catalina donde está ubicado el Parador de Jaén. Es un edificio muy monumental por fuera que no defrauda por dentro. 

Mi marido eligió este parador para pasar un fin de semana largo con las niñas porque le dije que quería alojarme en un castillo. Acertó con la elección. Fue llegar al parador y sentirme poco menos que Isabel la Católica. Es genial. 

Dentro es igual de genial. Me gustó mucho su salón principal con sus arcos cruzados a veinte metros de altura. Es un comedor con raigambre árabe. Han restaurado el edificio respetando su arquitectura original, tanto en los exteriores como en los interiores. 

Las habitaciones del parador son confortables y están decoradas en tonos suaves que te contagian optimismo. A nosotros nos dieron una habitación amplia, más luminosa que otras habitaciones que nos enseñaron. Nos enseñaron una que parecía de funeral. A mí me gustan las habitaciones con cortinas blancas o claritas, nada de cortinones, colchas de colores claritos y nada de camas de dosel. En el Parador de Jaén hay habitaciones que tienen una cama de dosel completo con sus cortinitas. A mí esas camas me dan claustrofobia. Por eso me quedé con una habitación más normal y con los suelos de tarima de madera. Las que tenían baldosas las tenían separadas, como mal colocadas y les dije que tampoco quería una habitación con los suelos como de obra. Las alfombras eran pequeñas. Les dije que me las quitaran. No quiero una alfombra debajo de mis pies, aunque sea pequeña. 

Lo demás está muy bonito. Por eso os recomiendo este parador. En el restaurante del parador se come muy bien. Me gustó hasta el ajo blanco que no me gusta nada cuando lo como en casa de mi suegra. En el Parador de Jaén lo reparan muy bien. También me gustó mucho la pipirrana y la morcilla en caldera no estaba nada mal. Lo que no quise fue la ensalada de perdiz que comieron mis hijas y mi chico. Las perdices nunca me gustaron.


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Thursday, August 31, 2017

Mis vacaciones en una ciudad amurallada




Una de las ciudades de Portugal que más me gusta es Valença do Miño. Iría más si mi chico tuviera los mismos gustos. A él le agobian mucho las ciudades amuralladas. Ve una muralla y le da al pobre un ataque de claustrofobia controlado. Yo iba mucho con mi madre de adolescente. Mi madre siempre se empeñaba en comprar toallas en esas tiendas que hay a cientos en sus calles estrechitas. 

Hoy en día en Valença do Miño hay muchas tiendas de marcas caras. La última vez que fui con mi hermana volví con la tarjeta tiritando. Mi chico casi me pide el divorcio cuando vio tanto ticket de compra. soy una compradora compulsiva. 

En los últimos años Valença do Miño está recibiendo un turismo bastante masivo. Esto le resta encanto para las personas que conocimos esta bonita ciudad del norte de Portugal con menos turistas. Era una ciudad más tranquila. Hoy en día casi parece Benidorm en los meses de temporada alta. Por eso elijo fechas en las que no hay muchos turistas para ir con mi familia a pasar unos días paseando por sus calles estrechas, tan abundantes en esta ciudad, sobre todo en su casco histórico. 

Os recomiendo visitar Valença do Miño más que nada por su clima frequito. No debes perderte su fortaleza, en el centro de la ciudad, ni su mercadillo de los viernes. El mercadillo tiene mucho éxito entre los turistas españoles. Mi madre es una fan de este mercadillo. Yo lo soy menos porque no soy mujer de mercadillos sino de tiendas de marca. Las marcas me vuelven loca. 

El puente internacional es una autentica joya arquitectónica. A mí siempre me impresionó. Es un puente forjado en hierro, que cuenta con un paso para vehículos y peatones y así como una vía de tren situada en su parte superior, por el que aun pasa el lento ferrocarril que une Vigo con Oporto. Yo fui muchas veces en ese tren con mi hermana cuando éramos adolescentes.


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