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Sunday, January 20, 2019

Cómo seco el pelo en mis viajes



El Secador pelo de viaje Philips BHD006/00 me está siendo de gran utilidad en mis viajes porque no siempre tienes un secador de pelo a tu gusto en los hoteles. Así puedo llevar el mío sin que ocupe mucho espacio en la maleta gracias a su mango plegable. Yo lo llevo en un neceser bien guardadito. Estos secadores siempre se estropean cuando reciben golpes. Por eso no lo dejo nunca suelto en una maleta. 

Es un secador bonito, de color blanco, que termina con un cristal color turquesa. Su potencia es de 1600 w. No está nada mal de potencia para ser un secador de viaje. Tampoco está nada mal de resistencia. El mío ya ha sobrevivido a una caída en un cuarto de baño de hotel. Cruzo los dedos para que siga sobreviviendo. Estoy encantada con este secador. Me llevaría un disgusto si se me estropeara. 

El Secador pelo de viaje Philips BHD006/00 cuenta con una función disparo frío que poco estoy usando estos días. Bastante tenemos con el frío que hace. De calor tampoco anda mal. No necesito mucho tiempo para secar mi melena y las melenas de las niñas con el Secador pelo de viaje Philips BHD006/00. También es cierto que le tengo el truquillo cogido. No es difícil cogérselo porque funciona igual que todos los secadores. La única diferencia que le encuentro con los secadores convencionales es su mango plegable. 

Temo que se me estropee por el mango plegable. Tuve uno parecido de una marca barata hace tiempo y se me fue por el mango. Sería una pena. Pero espero que el Secador pelo de viaje Philips BHD006/00 me dé mejores resultados a la larga que su predecesor. 

Os lo recomiendo. No es un secador de pelo caro. El Secador pelo de viaje Philips BHD006/00 sólo me costó 16,90 euros, un dinero que tengo más que amortizado. Le estamos dando muchos usos. Se ha convertido en el secador de toda la familia cuando estamos de viaje. Nos viene muy bien para tener un segundo secador de pelo en los cuartos de baño de los hoteles.

Vivir sin hijos



Estuve en el Iberostar Jardín del Sol Suites pensando que era un hotel tranquilo porque no admite niños. No tuvimos mucha tranquilidad porque coincidimos con unas pandillas de jóvenes entre los 16 y 18 años que nos pusieron sus ruidos en nuestros oídos todas las noches. Protesté en recepción, pero no había nada que hacer. El hotel admite niños grandes, de 16 años en adelante. Era mejor que admitiera niños de chupete. Prefiero oír a un bebé llorando por la noche a tener una banda de mocosos con barba recién estrenada haciendo ruido a todas horas. 

Pese a los ruidos lo pasamos bien. Mi marido pudo jugar al golf todo lo que le vino en gana con sus amigos y socios. El hotel está situado junto a la playa de la bahía de Santa Ponsa y a unos casi 5 kilómetros del Golf Santa Ponsa. Yo poco fui a la playa que está donde el hotel. Preferí ir hasta la playa de Palmanova con mi coche alquilado. Me quedaba a unos siete kilómetros, pero me evitaba tener que ver las caras de mis vecinos ruidosos, muy de playa por el día y muy de juerga por la noche. 

El pero día de nuestra semana en este hotel fue un día que llovía. Fuimos al spa y estuvimos como en una lata de sardinas. Parecía que toda la gente que se alojaba en el hotel se había citado en el spa. Mi marido regresó enseguida para nuestra habitación. Era de las mejores, de las que tienen jacuzzi. Las vistas son buenas desde todas las habitaciones. Me comentó una chica de recepción que muchos huéspedes del hotel vuelven por las vistas. No creo que sea para tanto. Vistas buenas hay en muchos hoteles de Mallorca. También hay mejores habitaciones. Las habitaciones de este hotel necesitan una remodelación. Se ven muy usadas. Como decía mi marido, el Iberostar Jardín del Sol Suites es una máquina de fabricar dinero para sus propietarios. 

Pese a todo os lo recomiendo. Si quieres unas vacaciones de sol, playa y turistas animados el Iberostar Jardín del Sol Suites es el hotel que buscas en Mallorca. También lo es si no quieres niños pequeños cerca. No los admite.

Thursday, January 17, 2019

Yo viví en La Pinilla



A cien kilómetros de Madrid queda el Casón de La Pinilla, un pequeño hotel rural a donde fuimos a celebrar las bodas de plata de unos tíos de mi marido. Está en un pueblo de Segovia que se llama Cerezo de Arriba, un pueblo tranquilo. Falta hace que sea tranquilo porque este hotelito rural está en medio del pueblo. Yo no esperaba una estancia tan tranquila cuando llegamos. Mi marido, en cambio, decía que los que íbamos a meter ruido íbamos a ser nosotros. No le faltó razón. Los invitados a las bodas de plata fuimos los ruidosos. 

El pueblo me encantó. No tiene más que unos doscientos habitantes, casi toda gente mayor. Da gusto pasear por sus calles. Ves a la gente sin prisa, sin preocupaciones habituales en una gran ciudad como, por ejemplo, unos horarios a cumplir. 

El hotel no es grande. No tiene más de nueve habitaciones. Las ocupamos todas. Dejamos a los propietarios del hotel contentos con el gasto realizado. Este hotel está ubicado en una casa que fue hace años una vaquería. Todavía huele a queso. Serían imaginaciones mías, pero yo me imaginaba en sus estancias comunes grandes salas de fabricación de queso. Eso no quiere decir que no la hayan remodelado bien, al contrario. La restauración de la casa se ha hecho respetando su arquitectura primitiva, pero tiene todas las comodidades que disfrutas en tu casa. Las duchas de los cuartos de baño, por ejemplo, tenía una presión de agua fabulosa y la calefacción era de diez en toda la casa. No pasamos frío. Por eso os recomiendo el Casón de La Pinilla para pasar unos días de invierno en familia o en pareja. 

Donde sí pasamos frío fue en la estación de esquí. Aprovechamos que el Casón de La Pinilla está a unos ocho kilómetros de una estación de esquí para ir a pasar unas horas en la nieve intentando esquiar sin saber mucho. También nos acercamos andando hasta la iglesia de San Juan. Los tíos de mi marido son muy religiosos y querían ir a una misa de domingo acompañados por los invitados a su fiesta de 25 años de feliz matrimonio.

Monday, January 14, 2019

Peregrina del mundo




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Cuando llegas a Melbourne comprendes por qué esta ciudad fue capital de Australia en el primer tercio del siglo XX: es una ciudad moderna, grande, llena de vida y de diversión. En Melbourne no me aburrí. Me lo pasé de cine haciendo compras mientras mi marido hacía negocios y ganaba dinero. 

En Melbourne hay unos restaurantes magníficos. No echas de menos la comida de tu madre y de tu suegra porque encuentras restaurantes con una variedad gastronómica muy amplia. Nosotros encontramos un restaurante donde hacían hasta tortilla española bien hecha. Mi marido no se quejó de la comida, cosa que suele suceder cuando viajamos al extranjero. Mi santo si no tiene a su madre para hacerle sus delicias no es él. 

Pude ver en Melbourne el puerto más grande de Australia. Impresionan los muelles, el bullicio, la gente,... Notas que se mueve el dinero en multitud de negocios relacionados con el mar y con el comercio marítimo. Yo no me imaginaba que en Australia hubiera tanta prosperidad como vi en la bonita Melbourne. 

Nosotros llegamos a Melbourne en tren. Estábamos en Sidney y mi santo digo que iba a Melbourne con sus negocios y allá nos fuimos. Yo quería ir en avión. Sería lo lógico. Pero mi marido quiso ir en tren para ver toda la naturaleza salvaje y menos salvaje de Australia, un país tan grande como un continente. Menos mal que el tren era cómodo. En 11 horas de viaje tuve tiempo a dormir, a despertar, a echar de menos a mis hijas y hasta a acordarme de mi suegra por haber traído al mundo a un hombre tan rarito como el mío. 

Os recomiendo visitar esta ciudad australiana que no es muy conocida en esta España nuestra. Te queda lejos, pero vale la pena ir aunque sólo sea para contemplar sus edificios de diseño. Lo que más me gustó fue su tranvía. Era un tranvía circular que te servía para tener una visión completa de la ciudad sin gastar dinero. Yo no me quería creer que fuera gratuito. Lo pasé tan bien en el tranvía que no quería hacer otro turismo. Mi marido se acercó a ver la catedral de estilo neogótico en tonos grises mientras yo iba directa al Melbourne Center, una centro comercial con casi 400 tiendas en sus veinte pisos, una auténtica ciudad de compras en la que me sentí la mujer más feliz del mundo.



2

Santiago de Compostela no cambia. Es la ciudad monumental de toda la vida, una ciudad hecha para pasear con toda la seguridad del mundo. Yo la tengo andando de noche y de día y siempre me he sentido segura, sobre todo en la zona centro. 

Siempre que vamos a Santiago nos pasamos por la Catedral. También lo hicimos el pasado fin de semana con la mala noticia de que hay que pagar para ver el renovado Pórtico de la Gloria. Mi marido aceptaba pagar diez euros por cabeza. Yo dije que ni hablar. Estaba cansada de ver el Pórtico de la Gloria antes de que le sacaran la pintura a la luz y no iba a pagar un dinero que me venía muy bien para las tapas y los cafés. La Catedral sigue igual que siempre. La están restaurando por el interior y falta le hace. Es un edificio románico con añadidos góticos, renacentistas y barrocos que necesita ser cuidado. 

Mis hijas querían ver en funcionamiento el botafumeiro famoso, pero yo no estaba para misas. Me las llevé de paseo por el museo de la Catedral. Allí pudimos ver una vez más la cripta, el Tesoro, las Reliquias, el claustro, las salas de tapices y no llegamos a la biblioteca porque la pequeña se puso tonta y había que comprar algo para comer y calmarle el llanto. 

Desde la catedral nos fuimos directos al Ensanche. Buscamos un restaurante que tuviera mesas vacías para comer algo. Seguimos la visita a Santiago con los estómagos llenos por el mismo Ensanche. A mí se me había antojado ir de tiendas y las mejores tiendas están en esta zona de Santiago construida durante el pasado siglo XX. También está el Parlamento de Galicia. Mi marido se afanó en explicarles a las niñas que en aquel edificio de la calle del Hórreo se hacen leyes. 

No dejamos sin visitar la Alameda famosa. Es el jardín que le gusta a mi madre. Por eso siempre llevo a las niñas cuando tengo tiempo. Tras una hora de corretear por la Alameda nos acercamos a ver la famosa Cidade da Cultura de Galicia. Hay que ir a verla porque fue donde se gastaron los millones los políticos gallegos. Es una macroestructura cultural muy de vanguardia construída en el Monte Gaiás. Hicieron más rico al arquitecto Peter Eisenman y a otro arquitecto, un tal John Hejduk que diseñó unas torres. Había un concierto, algunas exposiciones que no nos interesaron y un seminario sobre nuevas tecnologías. Hagan lo que hagan no consiguen sacarle rentabilidad a tanto edificio caro. 

Os recomiendo visitar Santiago de Compostela. Es una ciudad por la que no pasa el tiempo. Sigue siendo la misma pequeña ciudad tranquila que conocí en mi infancia. Cuando iba con mi madre siempre me llevaba a mí y a mi hermana a la Plaza de Abastos. Está en un edificio monumental que hay que verlo. En vez de mirar los mariscos, los pescados y las frutas miras los arcos preciosos del mercado de abastos.


Sunday, January 13, 2019

Mis vacaciones familiares en Marruecos




El Hotel Le Gallia en Marrakech es un hotel perfecto para pasar unos días con tu pareja en una escapada romántica a Marruecos. Fue lo que hicimos nosotros. Es un hotel que tiene una buena relación calidad precio. Lo mejor del hotel son sus empleados. Te tratan como a una reina. 

Lo único que eché en falta fue no tener wi fi gratis en mi habitación. La wi fi sólo era gratuita en las zonas comunes. Afortunadamente, llevaba mi ordenador portátil y pude conectarme desde la terraza del hotel, una terraza estupenda con una decoración muy árabe y con vistas a las montañas nevadas del Atlas. Mi marido se cansó de hacer fotos. Eran imágenes de postal. 

El hotel está muy limpio. Su decoración es muy de casa bien árabe. Ves azulejos por todas partes y esos elementos decorativos ornamentales árabes en puertas y en paredes con arcos que te hacen soñar con las Mil y una noches. No es que sea un hotel lujoso, pero su decoración le da un aire tan exótico que te hace sentir en un hotel de cinco estrellas. 

Mi marido temía que no hubiera baños privados en las habitaciones. No era el caso. Tuvimos nuestro cuarto de baño en nuestra habitación. Justo por eso alargamos nuestra estancia dos días. Yo no daba acabado de hacer compras. Este hotel tiene una ubicación excelente para ir de mercadillos y zocos. Me lo pasé de cine regateando. 

Os lo recomiendo. Tiene las desventajas de no tener wi fi gratis en las habitaciones y de cobrarte un extra por aparcar tu coche en un parking que hay en las proximidades del hotel. Lo demás son ventajas. Es un hotel con buenas vistas, bien ubicado para hacer turismo de compras en Marrakech y con servicio de transporte al aeropuerto. El desayuno que sirven es un desayuno marroquí que te hace engordar con tantos dulces deliciosos. Los pastelitos en Marruecos son divino. Yo volvería al Hotel Le Gallia en Marrakech ahora mismo.

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