Cuando llegamos a Marbella, teníamos claro que queríamos disfrutar del mar sin prisas. Nos fuimos a la Playa de la Fontanilla, una de las playas más conocidas y agradables de Marbella, con su amplia franja de arena, el Mediterráneo delante y ese ambiente de vacaciones que invita a pasar allí toda la tarde. Para mí, no hay nada como llegar a la playa, extender la toalla y olvidarse del reloj. Esta playa da mucha tranquilidad porque tienes el casco urbano a escasos metros. Todo queda a un paseo si eliges un hotel de la zona, como hicimos nosotros.
Fuimos mi esposo y yo, y llevamos nuestras propias toallas, como hacemos siempre. Me gusta mucho más llevar las nuestras que utilizar las del hotel: las conozco, sé cómo son y, sobre todo, me encanta que sean grandes. Aunque normalmente una toalla sea para cada uno, agradezco tener espacio de sobra para tumbarme cómodamente después del baño y disfrutar del sol.
La Fontanilla se presta muchísimo a eso. Después de darnos un baño, nos tumbábamos tranquilamente a secarnos mientras contemplábamos el azul del mar. La playa tiene ese ambiente relajado de Marbella, con el paseo marítimo, las palmeras y los chiringuitos cerca, así que puedes alternar perfectamente entre un rato de arena y mar y otro de paseo y descanso.
A media tarde, cuando el calor empezaba a apretar, nos acercábamos a un chiringuito para tomar algo fresquito. Mi elección era siempre un zumo de piña bien frío, que sabía especialmente rico después de pasar un buen rato al sol. Luego volvíamos a nuestras toallas para seguir disfrutando de la tarde, sin ninguna prisa por marcharnos.
Fue una de esas tardes sencillas que hacen que unas vacaciones de sol y playa merezcan la pena: mar, arena, sol, un buen zumo de piña y la compañía de mi esposo. Y, por supuesto, nuestras propias toallas, que para mí siempre son imprescindibles cuando viajo: https://link.amazon/B08d2JrSg
No comments:
Post a Comment