Tuesday, May 19, 2020

Mis paseos por un Parque Nacional de Málaga

Cuando fuimos a ver el Parque Natural del Torcal nos alojamos en La Posada del Torcal en Villanueva de la Concepción, Málaga. queda justo al lado. Puedes ir andando desde la posada cómodamente. Esta posada está en la carretera de la Joya. Un nombre que le viene como anillo al dedo a la posada. Una joya parece con sus paredes blancas y sus interiores acogedores.

Lo que más me gustó de la La Posada del Torcal en Villanueva de la Concepción, Málaga fue su terraza. A la terraza se llega por un patio de caballerizas adornado con aperos de labranza. Tuvimos la suerte de comer en el patio de las caballerizas. hacía buen tiempo y el restaurante pone un toldo que cubre las mesas. Así comes de manera más higiénica. El toldo evita que te caigan mierda de los pajaritos a la vez que da la sombra que necesitas cuando aprieta el sol.

Me encantó nuestra habitación. Nos dieron una habitación grande, luminosa, con vistas a los campos y con las paredes decoradas con copias de cuadros de los pintores famosos que conocemos todos. El autor de las pinturas es el hermano de la dueña de la casa. La habitación tenía una bañera semicircular en el cuarto de baño que me vino de cine para mis baños relajantes. No baje a la piscina. Con mis baños relajantes en la bañera tenía más que suficiente para sentirme pez en el agua. A mis hijas les hizo mucha gracia la chimenea que había en la habitación. llamaba la atención porque no creo que la enciendan mucho. En Málaga los inviernos son cálidos.

Os recomiendo La Posada del Torcal en Villanueva de la Concepción, Málaga. Está a 15 kilómetros de Antequera. Es el alojamiento ideal para los visitantes del parque Natural del Torcal. Como os decía, puedes ir andando. Para ir de tiendas tampoco está mal. Vas a Antequera y compras algo. Yo acabé yendo a Málaga. Me hice un viaje de 40 kilómetros de ida y 40 kilómetros de vuelta en el coche de mi marido. Soy adicta a las tiendas de trapitos caras.

También soy adicta a la buena comida. En el restaurante de la La Posada del Torcal en Villanueva de la Concepción, Málaga se come muy bien. Nosotros no fuimos a otro.

Descubriendo la Navarra rural

Una amiga mía es de Donamaria, un lugar poco conocido del Pirineo navarro que tuvimos la ocasión de conocer cuando nos invitó a la Primera Comunión de su niño. Nos alojamos en Donamaria'ko Benta e Donamaria, Navarra, un pequeño hotel rural ubicado en el Camino de Santiago. Todo es muy rural: el entorno, la casita, los campos que la rodean. Te sientes apartada del mundo en medio de una tranquilidad a la que no estamos acostumbradas las personas que vivimos en grandes ciudades. Los únicos ruidos que hay son los trinos de los pajaritos.

El hotelito lo tienen bien organizado. Las habitaciones las han puesto en un edificio anexo, aparte de restaurante y recepción y demás zonas comunes. Pese a ser un anexo han mantenido la misma línea arquitectónica del edificio principal: piedra antigua en las paredes y tejas en el tejado.

La Primera Comunión del niño de mi amiga se celebró en el restaurante de Donamaria'ko Benta e Donamaria, Navarra. No éramos muchos los invitados, pero llenamos las dos pequeñas salas, ambas decoradas con radios viejas de madera, lámparas de tela, óleos en las paredes, bustos de escayola y hasta había una mecedora que hizo las delicias de los niños del convite. Temí que la rompieran de tanto sentarse en ella para mecerse.

Las habitaciones de la Donamaria'ko Benta e Donamaria, Navarra, no son lujosas. Me gustaron más las zonas comunes, los salones con chimeneas, las paredes de piedra cara vista. En la habitación que nos dieron me encontré una cama con el cabecero de forja y un colchón más duro que las piedras del camino, paredes caleadas de blanco, unas vigas de madera en el techo a medio cubrir, la ventana antigua y de madera, muebles recios y puertas de madera antigua. Casi recordaban las habitaciones de una abadesa en un convento. No nos faltó un cuarto de baño, pero, la habitación era tan de tiempos pasados que mi marido me decía que iban a llamar a la puerta las criadas de la casa trayéndonos agua para ducharnos. No era el caso. Como os decía, había cuarto de baño. También había en nuestra habitación una mesa con un espejo a modo de tocador antiguo que me sirvió para maquillarme y sentirme poco menos que la señora de la aldea.

Os recomiendo Donamaria'ko Benta e Donamaria, Navarra. Tiene su gracia este hotelito rural. No descarto volver. A mi santo le gustó mucho la fachada de piedra con aspecto de casa de pueblo de Navarra. Debajo del tejado a dos aguas hay una terraza que le da un toque diferenciador de otras casas próximas.

Friday, May 15, 2020

Mis vacaciones en tiempos de coronavirus

Me gustó un hotelito rural que se llama Molino de Río Viejo. Está en Collado Hermoso, un pueblo de Segovia donde comes un lechón que chupas los dedos. En este hotel recalamos sin ninguna planificación. Íbamos camino a la boda de unos amigos en Segovia y lo encontramos en la carretera de Segovia. Está junto al puente sobre el río Viejo. Mi marido propuso alojarnos allí mismo si había habitación libre.

Fue una gran idea. Nos dieron una habitación espaciosa, de color verde, y con unas telas estampadas en colchas y mesa camilla que me hicieron recordar los estampados que suelen verse en las decoraciones de las casas de campo de Inglaterra. El edificio de este hotel rural con mucho encanto también es antiguo, igual que las casas de campo de la campiña inglesa: en su día fue un antiguo molino de agua. Pero lo restauraron bien. No echas en falta comodidades que tienes en tu casa. Ni siquiera pasamos frío. Por los radiadores que había debajo de las ventanas salía calorcito de día y de noche. Las ventanas no eran grandes ventanales sino ventanas de casa de campo con escuetas cortinillas y unas contras de madera color madera que quitaban toda la luz del exterior cuando las cerrabas. Mirabas al techo y veías vigas sin tapar o, mejor dicho, a medio tapar. Otro detalle de una decoración rústica y acogedora.

Yo me sentí como en la casa de unos abuelos. Los dueños son muy amables. Se preocupan de que estés cómoda, pero sin agobiarte. A mi marido le cambiaron los cojines de la cama. Le gustan los cojines grandes. Los cojines que nos habían dejado eran de esos cojines que pones sobre la almohada para levantar sólo un poquito la cabeza.

Os recomiendo, pues, el Molino de Río Viejo en Collado Hermoso, Segovia. No debes perderte los desayunos que sirven en lo que fue la antigua sala de moler del molino. Ponen un pan recién horneado perfecto para acompañar el café humeante. Yo no necesité más: pan y café. El pan está tan rico, tan fresco, que no lo olvidas. Volvería a este hotel con encanto de la provincia de Segovia sólo por el pan del desayuno.

Libre de virus. www.avg.com

Monday, March 02, 2020

Mis vacaciones de invierno 2020



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Me sorprendió Sucre. Es una ciudad colonial de Bolivia más moderna de lo que te imaginas cuando tu marido te dice vamos a Sucre como quien te dice vamos a una ciudad desconocida. Para mí era una gran desconocida. Marché, después de estar casi una semana, con ganas de estar más tiempo. Por eso no descartamos regresar a Sucre pronto.

En nuestra breve estancia por motivos laborales de mi esposo tuvimos tiempo para hacer algo de turismo cultural. Visitamos la Iglesia de la Merced, una iglesia sencilla, de una sola planta. Tiene unos altares barrocos lindos. Lo mismo puedo decir de unos lienzos que decoraban sus interiores y del retablo antiguo que no tenía nada que envidiar a los retablos de las catedrales españolas.

Paseamos por la Plaza 25 de mayo, la calle Arenal, la calle Venezuela... El Arco del Triunfo es una réplica casi exacta del Arco del Triunfo de París. También hay una réplica de la Torre Eiffel, rodeada por un estanque sunuoso. Con tanta copia de edificios europeos famosos te sientes como en casa. Mirando el Arco del Triunfo pensé en París. La torre Eiffel de Sucre te hace pensar menos en la capital francesa. Casi te hace reír. No es lo mismo ni en su sombra.

No nos perdimos el Parque de Simón Bolívar. Allí está el edificio de la Corte Suprema. Es un parque muy familiar. Vimos familias merendando sobre un mantel tendido en la hierba. En Bolivia hay familias que viven como las familias europeas. No hay tanta pobreza como te cuentan. Fue en el Parque Bolívar donde encontramos puestos de comida callejera. Convencí a mi santo para comprar unos bocadillos de chorizo. Estaban que te chupabas los dedos.

Os recomiendo visitar Sucre, la famosa ciudad blanca de Bolivia. Es una ciudad turística con mucho sitios interesantes para visitar. Antes de marchar nos acercamos hasta el Barrio de Recoleta, un barrio alejado del centro. Desde este barrio hay unas vistas impresionantes de toda la ciudad. Mi marido se cansó de quitar fotos. No era el único. En Sucre se ven muchos turistas, sobre todo europeos. La gente se lanza a descubrir el mundo.



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Hicimos con mi suegra y con las niñas el Crucero Zen de la Felicidad. Mi suegra quería vivir la experiencia de tener un coach de la vida durante todo el crucero dando consejos de como ser feliz sin morir en el intento. Le cumplimos el deseo. El crucero no salía nada caro. Eran unos 700 euros por cabeza. en este precio no entraban las bebidas ni las excursiones de naviera. Hubo que pagar un extra. Pero, aún así, no salió caro el viaje. Teníamos régimen de pensión completa.

El barco era un barco recién estrenado. Esto me dio seguridad. Yo miro mucho los barcos. Si los veo viejos, o no subo o voy temblando. En este caso no temblé nada. Tampoco había mucho que temblar porque la travesía era por el Mediterráneo, un mar muy tranquilo. En total pasamos siete días y siete noches. Fueron días y noches inolvidables.

Con este crucero de Costa Smeralda salimos de Barcelona por la tarde. A la mañana siguiente despertamos en Palma de Mallorca. Allí pasamos el día. Mi suegra no se separaba del coach. Creía todo lo que le contaban. Nos dio unas clases de coach de la vida que nos dejó enamoradas a las dos. Se habían acabado los sufrimientos. Nunca más tendríamos depresiones y hasta nos llevaríamos bien. El día que pasamos a bordo con tanto coach y tanto coaching de la vida empecé a alegrarme por tener la suegra que tengo. Mi marido no lo creía. Mi pensamiento se había vuelto pensamiento positivo. Mi suegra hacía preguntas sobre inteligencia emocional a aquel hombre que tenía repuestas para todo. Yo me quedé en la inteligencia emocional. Al mindfulness y a las clases de yoga detox no me apunté. Mi santo se animó con las clases de respiración consciente, la meditación guiada y la clase de tao curativo hizo milagros con sus cervicales. Le pasó su dolor para el resto del año.

Os recomiendo, pues, el Crucero Zen de la Felicidad. Lo que no os recomiendo es llevar niños. Mis hijas se aburrieron mucho en el barco. Leyeron varios libros que tenía pendientes de lectura. El coaching no es para ellas. Todavía son muy jóvenes. Los adolescentes no saben lo que es la depresión porque todavía no han vivido lo suficiente. Ya lo sabrán. Entonces apreciarán el coaching tanto como lo aprecia mi suegra.

Al noveno día de Crucero estábamos de vuelta en Barcelona sanos y salvos. Habíamos visitado Palma de Mallorca, Civitavecchia en Roma, La Spezia en Florencia, Savona, Marsella. Es un crucero muy zen. Da mucha felicidad si crees todo lo que te cuenta el coach.



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Segovia es conocida por ser la ciudad del Acueducto. El legado en piedra de los romanos la ha hecho famosa. Llegas a Segovia y parece que no ves otra cosa que no sea el acueducto. Casi te cansas de mirarlo. Lo hemos estudiado todos en las clases de Historia del Arte. Tal vez por eso hay que ir a verlo. Es interesante ver como las piedras están colocadas como si de un puzzle se tratase. No hay argamasa uniendo los pedruscos. Todo va tan colocadito que hasta los arcos se aguantan sin masa. Los romanos eran unos constructores muy apañados.

Nosotros no sólo hacemos turismo cultural en Segovia. Nunca nos vamos sin dar buena cuenta de un cochinillo. A mí me encanta su carne blandita. Te lo cortan en todos los restaurantes de esta bonita ciudad castellana con un plato.

Después de una buena comida nos vamos a ver el Alcázar de Segovia. Es un palacio árabe. En el siglo XII le dieron una nueva forma. En los retoques que le han hecho le metieron unos tejados de pizarra que le quedan muy chulos. Me encantan los tejados de pizarra. Dice mi padre que son los mejores tejados que hay. Puede nevar sobre ellos que no te los rompe la nieve. No se puede decir lo mismo de los tejados de tejas. De los tejados de uralita ya ni hablo. ¿Y qué decir de esos tejados de chapa que empiezan a poner en los tiempos actuales? Viene el aire y se lleva las latas que te pusieron en el tejado.

El alcázar les encantó a mis hijas. Nos preguntaban si era un palacio encantado. Lo parecía. Aún tuvimos tiempo para acercarnos hasta la Catedral de Segovia, una catedral de estilo gótico. En la catedral no entraos. No había tiempo para más. Yo quería comprar alguna artesanía en la parte antigua de la ciudad para mi suegra. Me llevé un bolso de cuero que podría haber comprado en una tienda similar en cualquier ciudad. Mi suegra se está volviendo hippy.

Os recomiendo visitar Segovia. Nosotros nos alojamos en su Parador. Está bien. Te sientes como en un palacio. También te sientes como en otra época visitando las calles de esta ciudad castellana. Se nota que fue una ciudad con mucha nobleza y con los Reyes cerca. Tiene casas antiguas que son auténticos palacios.

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Wednesday, February 26, 2020

Mis vacaciones con Gio Ponti


Hace cosa de un año fui a la capital de Francia a ver una retrospectiva del arquitecto italiano Gio Ponti en el Museo de Artes Decorativas. Es un museo que no te deja indiferente. Nada más llegar ves su fachada un tanto rarita y, en vez de entrar, te quedas mirando como una tonta. Es una fachada rara a más no poder. Me recordó un tablero de un tres en raya.

Una vez dentro también hay mucho que mirar. El Museo de Artes Decorativas de París exhibe en sus salas elementos decorativos desde la Edad Media hasta la actualidad. Vas viendo como han cambiado los gustos. Lo que se llevaba hace siglos no tiene nada que ver con la decoración moderna. En total son 150.000 obras. Una pasada.

En este museo ves mucho lujo. No debes perderte la galería de joyería de lujo, la galería de Jean Dubuffet, la galería de los juguetes, la sala de Carpintería y el Salón de 1900. No hay que olvidarse de los Nef (en planta baja del museo) donde se muestran las exposiciones temporales. Allí estaba la retrospectiva del italiano Gio Ponti, un arquitecto emblemático. Yo había ido al museo para ver esta retrospectiva, pero, aprovechando que estaba allí recorrí todo el museo. Iba sola. Es sola como disfrutas más los museos.

Os lo recomiendo. Este museo te da muchas ideas para decorar tu casa. Vas viendo muebles, vajilla, alfombras, juguetes, tapices, techos, pinturas religiosas, cerámicas, retablos, objetos hechos en vidrio y la cabeza se te llena de ideas. Yo he sacado más de una idea para hacer alguna mesa a medida en una carpintería o algún mueble también a medida para mi casa. El área del edificio es de casi 10 mil metros cuadrados. Tienes mucho que recorrer y mucho que mirar. No se exhibe todo a la vez, por supuesto. Se exhiben al mismo tiempo 6 mil artículos, que van cambiando, desde la época medieval hasta nuestros días. Por eso siempre que vas ves el museo distinto. Son interesantes las salas donde se muestra cómo vivían los habitantes de París en particular y de Francia en general, entre los siglos XV y XX. Estas salas están a tope de gente. A todos nos gusta fisgonear.

Las colecciones más importantes son las que pertenecen al siglo XIX, provenientes de Limoges, Chantilly Florencia y Séres. Además cuenta con una muestra de pinturas con obras de Dominique Ingres.

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Monday, February 24, 2020

Mis vacaciones románticas


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Me gusta París, sobre todo los distritos más tranquilos de la capital de Francia, pero siempre acabo en la zona turística, bien porque mi marido se empeña en hacer turismo cultural, bien porque voy con alguna amiga con los mismos de deseos de turismo de monumentos. En esta zona repleta de turistas tengo uno de mis restaurantes favoritos: el Girafe en París.

Es un restaurante con unas preciosas vistas a la torre Eiffel. De día es un placer comer mirando la torre más famosa de Francia. De noche el placer es doble. Te sientes romántica, sobre todo si vas con tu amorcito. Yo me he vuelto a enamorar de mi santo varias veces cenando en el Girafe. Por eso siempre quiere ir. No le importa lo caro que es.

Ya te imaginas el precio cuando entras y ves las mesas con blanquísimos manteles, servilletas de tela de gran tamaño, las copas y los vasos sin ralladuras de los lavavajillas. Deben fregotear a mano la cubertería y la vajilla. La cubertería la ves impecable.

Os recomiendo este restaurante. En el Girafe en Paris hay platos para vegetarianos. Puedes ir a comer aunque estés a dieta. Además, de la comida francesa de toda la vida, tienes ese atún con ensalada que me comí la última vez que estuvimos que estaba más rico que el que me prepara mi suegra en su casa cuando quiere agradarme. Me encanta el atún con lechugita.

Los platos tienen una presentación cuidada. Eso redunda en una cantidad un tanto reducida. No esperes platos llenos como en la casa de una abuela. Son platos en los que los gramos de los alimentos están contados para que no pases hambre sin darte un atracón por mucho que te guste la comida.

Lo que me decepcionó un poco la última vez que estuvimos fue ver un par de perros en los brazos de sus dueños en la terraza. No ladraban, pero daban un poco de asquito. A mí no me gusta comer rodeada de animales domésticos. Deberían tener zonas reservadas para clientes que no queremos compartir estancia con los animales.

En todo caso, volveré. Sólo por las vistas que hay desde la terraza y por el postre hay que regresar. Los crêpes son deliciosos.



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Aparcar en Madrid no es fácil. Afortunadamente, existe una aplicación que encuentra aparcamiento para los coches cuando llegas a Madrid Central. No sólo te dice donde puedes dejar tu coche. También te indica las paradas de taxi que hay cerca y el precio estimado de la carrera del taxi.

Yo me he bajado esta aplicación para saber lo qué me cobra el taxi. Llamar preguntando cuánto te cobra por una carrera es un poco fuerte. Hay taxistas que se lo toman bien y otros taxistas no se lo toman tan bien. En Madrid están acostumbrados a ganar mucho dinero. Yo me he encontrado con taxistas que se negaron a llevarme porque la carrera era corta y no podían cobrar el pastón que suelen cobrar a todos sus viajeros. Gracias a TxMad, sé lo que puede costar una carrera de taxi en Madrid. Esto me permite andar un poco, acortar el trayecto y pagar memos por mi viaje en taxi hasta mi destino.

Os recomiendo esta aplicación. Es una pena que no la mejoren. TxMad no sirve para llamar un taxi. A mí tanto me da, pero era mejor que te permitiera pedir un taxi o un coche con conductor. A mí conducir en Madrid no me agrada mucho. Es un lío con tanto tráfico. Menos mal que existen aplicaciones como Mytaxi, Urber y Cabify. Complementan a TxMad. Miras lo que te cuesta el taxi en TxMad y pides taxi o coche con conductor en las otras tres aplicaciones que os he indicado. Es lo que hacemos nosotros.

Mi marido acabó descargando esta app gratuita pese a que no le gustaba mucho. Decía que no valía para nada porque no te permite pedir un taxi. Vale para mucho. Que te indique donde puedes dejar tu coche cuando llegas a la capital de España es una gran ventaja, sobre todo cuando no conoces mucho Madrid. Y, aunque conozcas la capital del Reino de España, también te viene bien saber donde puedes dejar el coche, sobre todo cuando hay manifestaciones que suponen el corte de calles.



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Mi suegra compra todas sus maletas en Alcampo. No son maletas novedosas. Son los trolley rígidos de toda la vida, unos trolleys que no olvidan en su diseño la comodidad. Por ejemplo, esa asa superior en la que puedes meter una mano delgada para levantar la maleta escaleras arriba.

Yo también compré alguna de estas maletas. Tengo un trolley rígido de color rosa que me costó 29,95 euros. Compré el de tamaño 50 centímetros. También lo vendían en 60 y en 70 centímetros a precio superior. El de 60 centímetros costaba 34,95 euros y el de 70 centímetros costaba 39,95 euros. Me llevé el pequeño porque era justo lo que necesitaba: una maleta movible por una mujer sola cuando viajo sin la compañía de mi santo. No tener quien te lleve la maleta invita a comprar un trolley más pequeño.

Os recomiendo, pues, las Maletas Airport Alcampo. En resistencia salen tan buenas como las maletas de marcas más caras.Los ruedines de mi troll rosa indiferente están durando tanto como los ruedines de los trolleys de marcas caras que tengo en casa. Lo barato me está saliendo bueno. Al final va a tener razón mi suegra: las Maletas Airport Alcampo son buenas.

Os las recomiendo. Son perfectas cuando no quieres gastar mucho. Sus precios son ligeramente inferiores a los de las maletas rígidas de las marcas de la competencia. Por eso las compran mucho. Vas por una estación de autobuses, estación de tren o aeropuerto y ves varias maletas iguales a la tuya. Parece que todo el mundo compra sus maletas en Alcampo. Yo he visto durante el último viaje que hice sola mi maleta rosa de Airport multiplicada en el aeropuerto de Madrid. Las Maletas Airport Alcampo no valen para las personas a la que les gusta llevar una maleta completamente distinta a las de los demás viajeros. Su precio módico, su estilo clásico y su diseño práctico encandila a muchos compradores y compradoras.

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Sunday, February 16, 2020

Mis vacaciones más gastronómicas



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Oporto es una ciudad que me encanta. Pasé muchas vacaciones estivales de niña con mis padres y con mi hermana. Por eso volver a Oporto siempre es un placer. La última vez nos alojamos en el Hotel Vincci Porto en Oporto, Portugal, un hotel que está en el edificio de la antigua Bolsa de Pescado, un edificio de la arquitectura industrial moderna de Oporto.

El hotel está muy bien. Han conservado la fachada con bajorrelieves que evocan la vida de los pescadores locales de la ciudad. En su interior una recepción moderna en una estructura que recuerda la arquitectura industrial te hace temer habitaciones más parecidas a salas de máquinas que a habitaciones como las de tu casa. Nada de eso hay. Todas las habitaciones están lejos del recuerdo del uso inicial de aquellas estancias. Los decoradores han tenido la gran idea de dejar para estancias comunes alturas y paredes de antaño, pero, para las habitaciones de los huéspedes optaron por lo clásico con un toque informal de hotel barato.

Muy barato no es el Hotel Vincci Porto en Oporto, Portugal. Pagamos por nuestra habitación 120 euros noche. Era de las más grandes. Además de la zona de la cama teníamos una zona de sala de estar. Me encantaron los sillones color naranja de frutería y estilo Ikea a juego con una mesa del mismo color alegre.

Os recomiendo este hotel, sobre todo por la comida de su restaurante. Se llama 33Alameda. Es un restaurante con cocina tradicional con un toque personalizado y vanguardista. A mi santo le encantó el bacalao. Yo di buena cuenta del solomillo de ternera. Son dos de las mejores especialidades del restaurante del Hotel Vincci Porto en Oporto, Portugal.

Mi marido quedó más contento que yo con el hotel. Le gustaron mucho los armarios. Teníamos un armario enorme. Hacía tiempo que no encontraba un armario en el que cabían todos mis trapitos. Mi santo no lo quería creer. No había ninguna maleta ocupando espacio entre la cama y los sillones. Mis hijas también estuvieron muy contentas en la cama auxiliar, casi tan grande como la cama de matrimonio, que había para ellas. Era una habitación luminosa decorada en tonos cremas y blancos. Me gustó.


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Comer en Madrid los famosos pintxos del País Vasco es posible. Sólo tienes que entrar en Perretxico, una taberna vasca de la capital de España igualita a la que hay en Vitoria-Gasteiz. Yo no voy mucho porque siempre que me paso por allí acabo con un par de kilos más. Es comer una tapita e ir a por otra. Me pongo hasta las cejas, sobre todo con unos choricitos que tienen.

Perretxico está incluida en la guía Michelin. Fue por ahí por donde llegó a oídos de mi santo la existencia de este establecimiento. Unos amigos suyos van a todo lo que tiene estrellas Michelin. Mi marido no quiere ser menos. Yo no le hago mucho caso a la famosa guía a la hora de elegir restaurante. No siempre aciertan. En el caso de Perretxico hay que reconocer que el acierto de los de las famosas estrellas es total. Sales con el estómago contento.

Os recomiendo Perretxico y sus deliciosos pintxos. Siempre encuentras alguno que te enamora. Las pasadas Navidades comí un turrón de foie que estaba que te chupabas los dedos. Hasta les gustó a mis hijas. Les tuve decir que no pidieran mucho turrón porque era muy caro. Esa es la desventaja de Perretxico: sus precios. No es un restaurante para pobres.

Nosotros vamos bastante. A mi marido le gusta mucho el donut de cocido. La última vez se animó con el capuccino de Idiazabal trufé con tomate. No supé ni que comía, pero era delicioso. Tienen un cef que merece todos los premios que le han dado. Inventa mucho. Se llama Josean Merino. Este chef hace recetas tradicionales, pero también cocina creativa.

La decoración del local me gusta. Tiene unos murales modernos en las paredes que le dan un toque informal chic. Las mesas son de madera, las sillas también de madera estilo antiguo y las copas y platos impecables.



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En el Hotel Palacio CoolRooms me sentí como una Reina. Está en Madrid, en un antiguo palacio que conserva su decoración de antaño añadiendo las modernidades que necesitas para estar cómoda. El cuarto de baño, por ejemplo, es tal cual de otra época. Me costó un poco meterme en una bañera estilo primeras bañeras de la humanidad. Una no está muy despierta por las mañanas para levantar las piernas y entrar en una bañera en mitad de un cuarto de baño inmenso.

La habitación que nos dieron era enorme. Techos altos, paredes pintadas de color crema señorial, camas enormes y unas ventanas que tenían vistas a los edificios de los alrededores. Pare tener mejores vistas tenías que subir a la azotea. Allí tenían una especie de jardín con sillones y mesas que invitaba a leer el último libro pendiente de lectura mirando los tejados de Madrid.

Mi marido pasó de las vistas de la azotea y se sumó a la experiencia de circular por Madrid en una Harley Davidson. Crucé los dedos. Mis hijas no merecían un disgusto. No me gustan nada las motos. Ni siquiera la Harley Davidson tiene mis simpatías. No fue la única experiencia de las que ofrece el Hotel Palacio CoolRooms a sus huéspedes a la que se sumó mi santo. También se le antojó un Bently para hacer una ruta con picnic incluido. Allí nos fuimos los cuatro. Mis hijas disfrutaron más el picnic que servidora. Lo que sí disfruté fue el tratamiento de belleza de Beauty Concept. Me dejó nueva.

Os recomiendo el Hotel Palacio CoolRooms tanto por la calidad de sus habitaciones como por las experiencias que nos ofrece a los clientes. Es un alojamiento muy chulo en el centro de Madrid. Lo que más disfruté fue la experiencia de ir de tiendas con una estilista. Nunca nadie me había dicho tantas veces lo guapa que soy. Si le hubiera hecho caso, hubiera dejado a mi marido pobre comprando todo lo que me gustaba y ella me indicaba como estupendo para mi persona. Pero fue una experiencia increíble. Una estilista es una persona que te entiende, que sabe que eres una mujer que es feliz comprando.

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Monday, February 10, 2020

Mis vacaciones sensuales en Mustique



Nunca olvidaré los días que pasamos en Mustique, una isla caribeña que huele a dinero. Es la isla de los famosos de verdad. Fue la isla favorita de la princesa Margarita, la hermana fallecida de la actual Reina de Inglaterra.

Mustique es el refugio más privado del Caribe. Yo fui con mi marido en un viaje de negocios. No es fácil ir. Una porque encontrar habitación en uno de los dos hoteles de la isla es casi misión imposible. Y otra porque entrar y pasar todos los controles que te ponen te desespera. Están obsesionados con los paparazzi. A mi marido le vieron cara de paparazzi y no querían dejarlo pasar. Allí no quieren fotógrafos detrás de los muchos famosos que o bien tiene casa en Mustique o bien van de vacaciones alojándose en el hotel o en la casa de algún amigo.

Cuando finalmente pudimos instalarnos en nuestra habitación nos alegramos de estar en una isla tan divina. Es pequeñita, pero chulísima. En sus apenas 5,7 kilómetros cuadrados encuentras un centenar de casas preciosas y dos hoteles, además de todas las infraestructuras que han convertido un peñón olvidado en el Caribe en un refugio para famosos del mundo mundial. Mustique es una de las islas Granadinas del Caribe.

Mi marido y yo recorrimos toda la isla. El Basil's Bar le encantó a mi santo. Es un chiriguito playero muy elitista. Mi santo se vistió de blanco total. Parecía un inglés venido a más. Yo también opté por el blanco. Triunfé con un vestidito ibicenco y unas sandalias a juego. Creo que pensaban que eramos ricos de verdad a juzgar como nos trataban los camareros. Mi marido fue generoso con las propinas. Yo no lo hubiera sido tanto.

No sólo estuvimos en el chiringuito famosos. También pasamos horas y horas en las bellísimas playas de Mustique. Servidora consiguió un bronceado de película. El sol del Caribe es un sol especial. Me iría a dorarme todos los veranos si la chequera de mi esposo estuviera para tanta alegría.

Os recomiendo Mustique. Son habituales de esta isla que tanto gustaba a la princesa Margarita Kate Moss, Pipa Middleton, Bill Gates y Carla Bruni. Hablando de Carla Bruni fue la famosa que vimos en Mustique. Estaba tomando el sol en una playa. Mi marido quería pedirle un autógrafo. Le dije que ni se le ocurriera. Es de paletos pedir autógrafos.

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Saturday, February 08, 2020

Mis vacaciones de mujer enamorada



Mi marido encontró en el Barceló Maya Riviera Adults only lo que buscaba: un hotel para enamorados en la Riviera Maya. Quería revivir una luna de miel conmigo y pensó que nada mejor que un hotel en el lejano México rodeados de parejas de enamorados recién casados y con la boda menos reciente.

Casi fue un acierto. Digo casi porque tanto amor empalaga. Aquello era como una felicidad forzada. Encima no había niños. Es un hotel donde la presencia de los más pequeños de la casa está prohibida. Yo eché de menos a mis hijas.

Pasamos siete días dando besos, viviendo noches de amor y comiendo en los cinco restaurantes del complejo hotelero. Creo que mi chico se sentía más feliz que servidora. No comprendía que los últimos tres días no quisiera ir a otro restaurante que no fuera el tipo buffet. Necesitaba sentirme más normal, más de andar por casa. El lujo excesivo también aburre.

Para que no se enfadara lo acompañé varias veces al gimnasio. Él accedió a venir conmigo al U-Spa y nadó en las cuatro piscinas cuando lo reté a probarlas. Para algo las habíamos pagado.

Os recomiendo el Barceló Maya Riviera Adults only para una luna de miel. No hay niños. La gente parece toda feliz. Pero lo recomiendo para parejas de recién casados. Cuando ya has vivido varias lunas de miel repetidas, el Barceló Maya Riviera Adults only no tiene tanta gracia. Lo que más me gustó fue la habitación. Estaba decorada en colores blancos, era amplia, teníamos una cama de matrimonio enorme y entraba luz a raudales por el gran ventanal. La habitación contaba con una preciosa terraza.

Mi chico también quedó contento con la habitación. Le gustó mucho un cuadro que había decorando la pared del cabecero de la cama. Era un lienzo pintado en tonos rojizos que recordaba las pinturas que pintan con los dedos mis hijas en la escuela. Pero seguro que era un cuadro caro. Este hotel es muy lujoso. Y nuevo. Se le nota la fecha de construcción próxima que tiene.

Nosotros casi no salimos del hotel. El Barceló Maya Riviera Adults only es un hotel que tiene todo lo que necesitas para ser feliz. Hace que te olvides de las mejores playas de México que están por allí. Nosotros teníamos acceso exclusivo a la piscina privada con bañera de hidromasaje. Para eso tuvimos que pagar más. Pero valió la pena. Ya sólo por la preciosa habitación que nos dieron con vistas al mar hubiera pagado un extra.

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Mis vacaciones en Huécar



Me cansé bastante haciendo el Paseo Hoz de Huécar en Cuenca, una senda que transcurre paralela al río Huécar, en las proximidades de la ciudad de Cuenca. Estuve varias veces a punto de tirar la toalla. No esperaba tener que andar tanto cuando salimos de la calle de los Tintes. Es una calle en la que durante la Edad Media se instalaron los tintoreros. Teñían por allí la ropa. Hoy en día no hay ningún tintorero. Yo por lo menos no vi ese tipo de negocio.

Todavía tenía fuerzas cuando llegamos andando a la Puerta de Valencia. Vimos el barrio de San Martín. Me hubiera quedado allí a tomar un café, pero mi marido se empeñó en seguir andando. Se toma el senderismo muy en serio. En el barrio de San Martín están los famosos rascacielos de Cuenca. Por un lado los edificios tienen tres pisos y por la otra parte les cuentas hasta once pisos. Dejamos atrás el Auditorio, alcanzamos el Puerto de San Pablo. Todo el camino va junto al río. No te pierdes.

Cuando la Hoz empieza a ensancharse yo ya no podía con mis pies. Mi marido y mis cuñados iban en su salsa. Yo veía a mi cuñada andar como una montañera. No sé de dónde sacaba las fuerzas. Esta zona en la que se ensancha La Hoz es la más bonita del sendero, de la ruta. Da gusto mirar las huertas, los campos de cultivo. La gente sigue cultivando las tierras. No sé si aquellos cultivos se venden bien. Yo tengo tíos en las aldeas de Galicia y no venden nada. Acaban consumiendo todo lo que producen.

Lo más difícil de esta ruta para mí fueron las sendas que suben a la parte alta de la ciudad. Alcancé el Barrio del Castillo casi arrastro. No pude dar ni un paso más. Allí me paré. El premio fue la vista panorámica de la ciudad. Es impresionante. Sólo por las bonitas vistas de Cuenca que hay desde esa zona os recomiendo hacer el Paseo Hoz de Huécar en Cuenca. Lleva calzado adecuado para caminar. Te hace falta. Yo no llevaba el calzado muy indicado. Por eso me cansé tanto.

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Wednesday, February 05, 2020

Mis vacaciones en Atenas



Atenas es más que su famosa Acrópolis. Lo descubrí en el último viaje que hice como mi chico a la capital de Grecia. Estaba cansada de hacer turismo cultural, de ver la Acrópolis y todas las viejas piedras que Atenas heredó de sus ciudadanos antiguos. Quería ver una Atenas diferente, una Atenas del siglo XXI. Lo conseguí. Y os aseguro que la disfruté más en estas pequeñas vacaciones gastronómicas y de ocio nocturno y diurno que en otras vacaciones en las que no hacíamos otra cosa que unas prácticas de Historia del Arte.

Empezamos nuestro recorrido en Psirrí, un barrio gentrificado que se ha convertido en la zona molona de la ciudad. Psirrí conserva el toque local de toda la vida pese a la modernidad que han llevado a sus edificios los nuevos residentes. Este barrio está en el centro de Atenas. Tiene muchos bares, terrazas y tabernas. Nosotros fuimos a Arodou. Mi marido se animó a probar el aguardiente. Yo no me atreví con ninguna bebida alcohólica. No me gusta beber alcohol. Lo que sí me gusta es la música en directo. La del Arodou estaba muy bien. Para ir al Arodou fuimos andando. Nuestro hotel estaba cerca. Pero, si vienes desde más lejos puedes prescindir de coche: tienes el metro justo enfrente de la puerta del bar. También en este barrio está la tienda de sandalias donde compré sandalias para todas las mujeres de la familia. Se llama Spyridakis.

Nuestras vacaciones en Atenas también tuvieron algo de turismo cultural. Mi marido se empeñó en subir a la colina de Filopapos. Quería fotografiar los destellos de la Acrópolis entre los árboles que jalonan la ruta. Fuimos hasta la parte de atrás del monumento de Filopapos. Por allí hay un promontorio que tiene las mejores vistas de Atenas. Más fotos sacó mi chico. El pobre es víctima de la cámara de fotos. Le saca una foto a todas las maravillas que encuentra en su camino.

Puestos a seguir fotografiando, no pudo marchar de Atenas sin irles a sacar unas fotos a los soldados del cambio de guardia. Tiene su gracia, hay que reconocerlo. Los evzones llevan unas falditas con 400 pliegues, uno por cada año que los otomanos ocuparon Grecia. Los vimos también en la tumba del soldado desconocido en el Parlamento. Yo ya los había visto otras veces. Me sorprende que tengan semejante vestimenta en un país republicano. Por cierto, también están en el izado de la bandera de la Acrópolis que hacen los domingos.

No nos perdimos el Mercado Central. Es un mercado con tascas y tabernas. Si quieres comer barato en Atenas, tienes que ir a esas tascas del Mercado Central. Nosotros no comimos nada porque como que no me convencían las comidas que tenían por allí. Nos limitamos a pasear. Es una zona de mucho gentío.

Donde sí comimos fue en Karaköy Güllüoglu. Venden los mejores dulces de Atenas. Son pasteles con mucha miel, pistachos, almendras, nueces sobre una base de pasta silo que me recordó en su sabor al pelo de ángel. Si hubieran estado mis niñas allí, se hubieran vuelto locas con aquellos dulces. Fueron los culpables de que yo engordara dos kilos.

Os recomiendo visitar Atenas pasando un poco de su Acrópolis. Descubres una Atenas diferente. Hasta puedes hacer paseos románticos con tu pareja. Mi chico y yo nos fuimos de noche al paseo que circunvala la Acrópolis, el Apostoloy Pavlou. Está muy bien iluminado y me pareció seguro.

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