Friday, May 25, 2007

Cenando sola

 
  Antes de llegar a la redacción de la revista "Miss", nos enteramos de que Mencía Calderón llegara al Mar de Plata con cincuenta mujeres, una vez pagados los rescates en África y tras sufrir dos años de cárcel en Brasil por denunciar el tráfico de esclavos de los portugueses.
 
 -Ahora que te aguante tu madre, Pablito.
 -Espere, profe Sophia.
 
 Llamé al quinto derecha. Parecía que había que esperar.
 -Sube, Sophia -me dijo Mara por el telefonillo.
 -¿Está Marta?
 -No, querida.
 
 ¿Qué iba a hacer con Pablito? Llevárselo a la jefa.
 
 Mara estaba mirando la ropa de la siguiente sesión fotográfica.
 
 -Vienes llovida del cielo. Acaba de llegar Gregorio, y podemos hacer ahora el reportaje de Prada.
 -Imposible. Tengo cena de velitas con mi chico. Te dejo este niño traviesto que se coló en nuestro coche y me voy.
 
 Cuando llegué al portal aún oía los gritos de Mara. ¡Pobre jefa! La compadecí.
 
 Carlos estaba hablador. Los hombres felices son encantadores: te cuentan su vida y te prometen el universo.
 
 -¿Sabes que somos gacela?
 -Ahora me entero. ¿Cuánto facturasteis?
 -Yo miro los beneficios netos, Sophia. Cerramos con mil millones de euros limpios de polvo y paja.
 
 Antes de que pudiera pasar los euros a pesetas para enterarme de la cifra, sonó el móvil de Carlos. Era su socio. Mi chico le decía "ahora voy". Lo abracé como un naufrago abraza la tabla de su salvación.
 
 -Tú no me dejas.
 -Comportate, Sophia. Tenemos que aplazar la cena. Ha muerto la madre de Alberto.
 
 Miré los langostinos con pena. No, yo aquella mariscada no me la perdía. Le dije a mi chico que pagara la cuenta. Yo comería la fabulosa cena sola.
 



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Wednesday, May 23, 2007

No faltan problemas

 
 Los problemas nunca faltan en el instituto Mirasierra. Lo dice doña Manolita y tiene razón. Las ursulinas han llamado de nuevo quejándose. Una alumna suya se ha echado a perder.
 
 -Con doce añitos -me cuenta doña Manolita muy apenada- dice palabrotas.
 -¿Tacos?
 -Sí, querida.
 -Camilo José Cela los dijo toda su vida y le dieron el premio Nobel.
 -No hagas comparaciones absurdas, Sophia. Camilo era un genio.
 -¿Quién le dice que esa niña no lo es también?
 
 Descubrí la primera genialidad de la muchacha cuando salí. Estaba ligando con mi chico.
 
 -Largate, nena. Éste es mi novio.
 -¿Es tu novia, Carlos?
 
 Carlos sonreía. Los hombres siempre ríen cuando te ponen los cuernos. Agarré a la colegiala por un brazo y la aparté de la ventanilla.
 
 -¡Quitame tus asquerosas manos de encima! -gritó.
 
 Aquella quería pelea. Le dí un empujón y me metí en el coche.
 -En marcha, querido.
 
 Mi chico conducía a diez por hora. Miraba más el espejo retrovisor que la carretera que tenía delante.
 
 -Si no quieres conducir, conduzco yo.
 -Las mujeres no sabéis conducir.
 -Y los hombres no sabéis conduciros.
 -Explica eso.
 -Os vais detrás de la primera falda que encontráis. Acabo de evitarte la tentación del delito.
 
 Un estornudo casi nos mata del susto. Carlos frenó en seco. Yo me incliné sobre el asiento y encontré una cabeza rubia con ricitos muy conocida.
 
 -¡Pablito! ¿Qué haces en el coche de mi chico, condenado?
 -Asistir a la conquista de su chico por Amahía. Me recordó a Mencía Calderón, la mujer de Juan de Sanabria.
 -¿Dónde está la madre de este niño, Sophia?
 -De conquista también. Le gusta Ambrosio, nuestro fotógrafo, y va todos los días a contemplarlo.
 -Llamala. Hay que devolverle al crío.
 
 Busqué el número de Marta. Pablito hablaba de Mencía Calderón y yo me ponía nerviosa.
 
 -No tiene nada que hacer, profe Sophia. Amahía tiene madera de capitana como la tenía doña Mencía. ¿Sabía que capitaneó la expedición de su difunto esposo hasta el Río de la Plata? Amahía capitaneará a su chico hasta el matrimonio.
 -¡Dios me libre!
 -No la librará, profe Sophia. Hacen buena pareja. Amahía, igual que doña Mencía, tiene dinero para pagar rescates a los piratas franceses en África.
 -Apresurate, Sophia. Este niño me vuelve loco.
 
 Yo seguía sin encontrar el número de Marta. Cuanto más hablaba Pablito de las similitudes de la alumna del privado con Mencía Calderón, más nerviosa me ponía.
 
 -Doña Mencía viajaba en la nave San Miguel, Amahía viajará en este coche.
 -¡Mierda!
 -Ha dicho una palabrota, profe Sophia. Se lo voy a decir a doña Manolita.
 -Dile también que acabo de borrar toda la agenda de mi móvil.



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Tuesday, May 15, 2007

Moda inca unisex


Las obras de ampliación del colegio Miraflores siguen sin novedad. Ena también continua con sus protestas pacíficas. Intenta, sin mucho éxito, que me sume a su campaña de pancartas.

-Ese abrigo rojo que llevas hoy es perfecto para bordar unas cuantas palabras.
-Giorgo Armani no contempló tal cosa en su diseño.
-¿Con ese vuelo estilo capa? Vamos a probar.

Ena saca de su bolso un costurero de viaje. Escapo de la sala de profesores y la dejo con la aguja en la mano.

Fuera me espera Mara con su nuevo coche. Afortunadamente las cosas van mejor en la revista "Miss"

-Pablito, ¿qué haces aquí?
-Mi madre también va a participar en el reportaje fotográfico.

Me empieza a doler la cabeza. No sé si temo más a la madre o al hijo. Pablito aún no curó su obsesión con los conquistadores de América. Mara conduce inmune al relato de acontecimientos históricos. Mi cabeza estalla. Estoy de empresas de rescate, capitanes, encomiendas de indios, reyes y demás tropa hasta el moño.

Cuando llegamos, Mara le dice a Pablito que vaya para el despacho de Yolanda. ¡Pobre Yolanda! ¡Lo que la espera!

-Sophia, quita el abrigo. Ambrosio, por favor, saca un primer plano de las leggins de Max Mara. No me gustan nada las bailarinas de Christina Lacroix...
-A mí no me gusta nada este niño.
-Yolanda, estamos trabajando.
-Yo también, Mara. Niño, quedate aquí.
-No me llamo niño. Soy Pablo, el gran inca.

Yolanda regresa a su despacho dejándonos al gran inca.

-¿No tienes modelos masculinos, Mara? -pregunta Pablito.
-Me has dado una idea genial. Ambrosio, ponte el traje Dolce&Gabana que hay en esa bolsa.
-Parece que está usado.
-Está limpísimo. Lo acabo de recoger en la lavandería.

Ambrosio se viste de Dolce&Gabana. Está atractivo. Marta suspira. Le gusta Ambrosio.

-¿Por qué no hacéis un reportaje sobre los conquistadores de América? Yo podría disfrazarme de Pizarro. Alquilaríamos un barco para ir a conquistar el Virú. ¿Sabéis a que reino me refiero? Al fantástico país situado al sur de Nueva España.
-Marta está preciosa con el vestido de Fendi. el talle imperio la favorece. Pon los guantes largos negros.
-Yo los pongo -se adelanta Pablito-. Tardaré diez años en entrar en el virreinato más rico del Imperio español y necesito guantes.
-Deja los guantes -grita Mara-. Valentino Garavani los diseñó para una mujer.
-Toda la moda es unisex.

La directora de la revista "Miss" se desmaya. No pudo resistir a Pablito.

Thursday, May 03, 2007

Libertad de expresión

Doña Manolita no quiere oír hablar de una manifestación para protestar por la ampliación del colegio Miraflores. Dice que ella cree en la libertad de enseñanza. Ena también cree en la libertad, pero de expresión. Hoy viene como una pancarta móvil. El "yo amo la escuela pública" lo escribió en la minifalda, en la camiseta y en un sombrero de paja que no se quiere quitar.

-Pienso pasar los recreos delante de la puerta del Miraflores.
-Comportate, Macarena -le pide doña Manolita-. Recuerda que eres funcionaria. Has jurado la Constitución.
-La juré por imperativo legal.

A la hora del recreo, la profe chachi cruza la calle y se planta delante de la obra de ampliación del colegio Miraflores. Los obreros le silban. Ena les hace un corte de mangas. Los niños del privado imitan su corte de mangas. Practican el feo gesto. ¿Y aquel no es Pablito? ¡Claro que es! Saca de su mochila caramelos y los reparte entre los alumnos del privado. ¡Qué generoso! Ah... parece que de generosidad nada. Ahora cobra los caramelos regalados. Pablito non ha salido capitalista.

-¡Sophia!
-¿Qué ocurre, doña Manolita?
-Han llamado las monjas del Miraflores.
-Me lo imagino, doña Manolita. Ena le ha enseñado a sus alumnos bien a hacer cortes de manga con estilo proletario, y Pablito los está haciendo consumistas.

-Tráemelos aquí ahora mismo.

Obedecí a medias. Fui hasta el Miraflores, pero no les dije nada. Yo vivo y dejo vivir.

Wednesday, May 02, 2007

La ampliación del Miraflores

 Una mañana entera les llevó a los obreros derribar la cabaña de Pablito. El chaval hasta le había hecho cimientos. Hay que reconocer que como constructor no tiene precio.
 
 -Vas a tener que prestarme tu cuadro, profe Sophia. Necesito ingresos.
 -No será el cuadro del Cristo llorón el que te haga capitalista, Pablito. Lo vendí en eBay ayer.
 -Sin pedirme permiso.
 -¿Tenía que pedirte permiso?
 -Por supuesto. Yo soy el virrey de Mirasierra.
 -Pisa tierra, Pablito. Eres un alumno y yo soy tu profesora.
 -Tu novio se parece a Moztezuma.
 -¿Carlos? Creo que te equivocas. Mi chico se parece a Picasso.
 -¿Es pintor?
 
 Subí al BMW de mi chico y marchamos.
 
 -¿Mucho ruido con las obras, Sophia?
 -¿Las obras?
 -El colegio Miraflores se amplía. Alberto ha financiado un instituto y un internado.
 -¡Qué traidor!
 -Sophia, por favor...
 -Regresa. Tenemos que organizar una manifestación en defensa de la enseñanza pública.
 
 Carlos intentó acelerar. Lo pellizque. Nada. Le hice cosquillas. Seguía conduciendo a doscientos por hora por la M-30. Me dije: la ideología primero, y le aticé un bofetón con todas mis fuerzas. El BMW rozó un coche. Salió una vieja de una furgoneta.
 
 -¡Señoritos de mierda!
 -¡Calla vieja!
 -¡Maltratadora!
 
 ¿Maltratadora yo? Miré a Carlos. Su mejilla derecha estaba color grana, pero él sonreía. Por primera vez en mi vida me sentí culpable.



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Wednesday, April 25, 2007

El botín

Ilustración de Amadís de Gaula de una edición de 1533
 
  Doña Manolita está furiosa. Quiere abrirle un expediente a Pablito. La propiedad privada es un derecho constitucional, ¿entiedes, niño? Pablito dice que él, como los conquistadores, ha encontrado un botín. Le dará a doña Manolita la quinta parte de los beneficios. ¿Qué beneficios? Los que va a obtener vendiendo golosinas.
 
 La profe chachi se parte de risa. Pablito le dice que deje de ponerse la camiseta de ¡viva la escuela pública!
 
 -Ahora somos capitalistas.
 -Voy a llamar al psicólogo -dice doña Manolita-. Este niño está como una regadera al revés.
 
 El psicólogo llega en cinco minutos. Antes de que pueda dar un diagnóstico veráz, Pablito le recomienda el Amadís de Gaula.
 
 -Es un buen libro de caballerías, señor. Se publicó en el año 1.508. Muchos conquistadores de América lo leyeron en su día.
 
 -¿Qué trastorno tiene, doctor?
 -Doña Manolita, tenga paciencia. Tengo que analizar al niño con detenimiento. ¿A qué se dedican tus padres, joven?
 -Mi padre ama a una peluquera y mamá intenta ganarse la vida como modelo. Es muy guapa.
 -Te ha preguntado la profesión de tu padre.
 -Ya se la he dicho, doña Manolita.
 
 Pablito considera el amor una profesión. No anda muy equivocado. Amar ocupa mucho tiempo.
 



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Friday, April 20, 2007

La cabaña de Pablito

El cuadro despertó en Pablito el talento emprendedor. Ena alaba sus ideas. Yo creo que hace mal. A Pablito si le aplaudes, todavía hace trastadas peores.

-Es un niño muy ingenios. Lo de mojar la cara de Cristo con agua enjabonada estuvo genial. Todos tragando el "milagro" como tontos.
-No me lo recuerdes, Ena. Casi acabamos en una cárcel de Budapest.
-Sería una experiencia. Después escribías un libro y te forrabas.

No creo que a nadie le interesara la experiencia carcelaria de una profesora de instituto y modelo exclusiva de la revista "Miss".

Lo que sí interesa es la conversación de Pablito. Sus compañeros lo rodean en el patio. ¿Qué les estará contando? Hoy en clase nos contó su plan para acabar con la carestía de la vivienda. Debíamos comprar un terreno y plantar una casita prefabricada. Por sesenta mil euros teníamos casa. Los bancos podían ir echando el cierre.

-Sophia, ¿dónde está Pablito?
-¿Qué ha hecho, doña Manolita?
-Me acaban de llamar las monjas del Miraflores. Pablito ha construido una cabaña con maderas viejas en una esquina de su patio.

Monday, April 16, 2007

Salvados por una camiseta

 
 
 Yo soy una tímida cobarde. Deje que la directora de la revista "Miss" se fuera a enfrentar a mi problema. Realmente no era un problema mío: era un desastre creado por la avaricia de Mara. Si no se le hubiera ocurrido que mi cuadro podría proporcionarle pingües beneficios, la policía de Budapest no nos perseguiría.
 
 Mientras esperaba una llamada de Mara, le di tres vueltas completas al mercado de la Plaza Fôráv. Olía a comida típica, pero mi estómago no estaba para comilonas. Finalmente sono mi móvil.
 
 -Mara, ¡por fin!. cuéntame. ¿Te han detenido? ¿Dónde estás? ¿Está Ambrosio contigo? De Marta no me hables; la odio.
 -Tranquila, Sophia. No nos han detenido. Sólo quieren saber donde compraste el cuadro.
 
 No me acordaba. Mi cabeza estaba en blanco. Mara mencionaa todos los sitios donde habíamos quitado fotos. La calle Váci, el Puente de las Cadenas, el café Central, los Baños Gellért, la Basílica,... Yo sólo me acordaba de la plaza Mayor de Madrid.
 
 Me dió un ataque de valentía y me acerqué al hotel. Pablito intentaba consolar a su llorosa madre. En la plaza de los Héroes podía comprar otro cuadro. ¿Yo había comprado mi Cristo allí?
 
 -Vamos a interrogarla -me dijo un policía en un pésimo inglés.
 -Déjelo. No creo que nos entendamos. Su inglés es ininteligible.
 -Profe Sophia, usted haga como Mariuchi -me aconsejó Pablito.
 
 ¿Quién era Mariuchi? Pablito empezó a hablar de los conquistadores de América. Caí en la cuenta de que Mariuchi era Marina, la amante de Hernán Cortés. No, yo no podía hacer como la tal Marina. Antes de ser amante del policía gordo me metía a monja de clausura.
 
 -¿Es usted católico, agente? Hernán Cortés era un hombre muy religioso.
 -¡Calla, niño! Déjanos hablar a los mayores -lo interrumpió Mara- Agente, nosostros nos vamos para España, ustedes pueden quedar con el cuadro y comprobar todos los milagros que hace.
 -Hemos comprobado que esta mujer -dijo señalando a Marta- es una impostora. Las muestras tomadas han sido analizadas en nuestro laboratorio científico y el resultado es H2O con componentes químicos.
 -Agua sucia, profe Sophia.
 -Devuélvame el cuadro, agente -exigió Marta-. En España no es delito una imágen de CRisto que suelta lágimas.
 
 El policía húngaro no estaba por la devolución. Quería una propinilla.
 
 -Mara, ¿le podemos regalar al agente una camiseta de Custo?
 
 Al hombre se le iluminó la cara. Antes de que Marta cambiara de opinión, metí una camiseta en una bolsa y se la entregué. Media hora después un mensajero me trajo mi cuadro envuelto en papel de plata como si fuera un bocadillo.



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Thursday, April 12, 2007

¿Detenidos?

 Marta montó un negocio en el hotel Gellért. Mi Cristo llora y ella cobra por contemplar el llanto. Me vienen ganas de matarla. Si no creyera en el quinto mandamiento, dejaba a Pablito huérfano de madre.
 
 -A los de la televisión húngara les cobró una millonada.
 -Y el cuadro es mío.
 -Quitáselo, Sophia -me pidió Mara-. La necesitamos para nuestro último reportaje en la plaza Vörömarty.
 -Es mejor quitar las fotos delante del Cristo lloroso -sugirió Ambrosio-. Serían una publicidad redonda para nuestra revista.
 
 Mara duda. Si Marta no quiere salir del hotel habrá que hacerlo, pero nada de mezclar al Cristo con Custo, y mucho menos sacarlo en las fotos. El Vaticano nos excomulgaría a los cuatro.
 
 -Estamos en el siglo XXI, Mara.
 -Es igual, Sophia. Yo no quiero líos con los curas.
 
 No hubo fotos delante de mi Cristo. Marta se negó. Dijo que no permitía interferencias en su "negocio".
 
 -Llevad a Pablito a la pastelería Gerbeand. Podéis comer en el restaurante que hay alado.
 
 Cuando estábamos en el café Central nos llamó. Querían detenerla. Toda la policía de Budapest estaba en su habitación. ¿Y mi cuadro? Requisado.
 
 -Yo no vuelvo al hotel, Mara; el cuadro es mío.
 -Es mejor que vengas. Si marchas te buscan con la Interpol.
 
 Llamé a Carlos. Le dije que buscara dinero para otra fianza. Me iban a detener por comprar un Cristo que me salió llorón.



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Wednesday, April 11, 2007

Cristo llora

 Plaza de los Héroes -Budapest- Hungría. - Heroes' Square -Budapest- Hungary
 
 Carlos también andaba mal de liquidez. La fianza de su socio capitalista casi arrastró a su empresa a la quiebra técnica. Me volvió a llamar.
 
 -¿Dónde estás?
 -En la plaza de los Héroes, contemplando las estatuas de los héroes húngaros y de algún rey heroico.
 -¿Todavía estás en Budapest?
 -¿Me echas de menos?
 -Yo estoy en la consultoría de Barcelona con Alberto.
 
 No me echaba de menos. Hice que se acordara de mí. Él hablaba de su socio rescatado de la trena francesa y yo hablaba de los museos sitos en la plaza de los Héroes.
 
 -Compré un cuadro magnífico. Un Cristo con cara alegre.
 -No me escuchas.
 -Tú tampoco, amor.
 -Estoy nervioso.
 -Toma una tila, cariño. Suele calmar los nervios.
 
 Colgué. Antes de regresar al hotel fui al zoo, a un parque de atracciones, al circo y hasta patine sobre hielo en una pista de entrada barata.
 
 Mi último día en Budapest estaba siendo normal. Dejo de serlo cuando salí de la ducha. Pablito estaba en mi habitación pasando la mano por la cara del Cristo de cuadro.
 
 -Profe Sohpia, este Cristo llora.
 -No me asustes, Pablito.
 -Mira. Son lágrimas de verdad.
 
 Toque la pintura. Mi mano salió mojada. Me chupé los dedos. Un sabor a sal lagrimal me dejó aturdida.



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Monday, April 02, 2007

Préstamo por encomienda de indios




Cuando conoces a los padres entiendes a los hijos. Marta es compradora compulsiva. ¿Cómo va a ser Pablito un niño normalizado si desciende de una adicta a las compras y de un forofo de los antepasados de la humanidad? Imposible.

-Estoy a cero, Sophia. ¿Puedes hacerme un préstamo?
-Yo presto todo menos dinero.
Marta quería dinero. Después de las fotografías en la Estación de tren del Oeste, diseñada por Eiffel, perdió su norte en un centro comercial próximo. Lo que no gastó en las tiendas de moda, lo limó toda la noche en la discoteca.
-Mi marido no me pasa la pensión de separada.
-A mí tampoco me pasa Carlos la pensión de soltera.
-No bromees, Sophia. Es una situación seria: he gastado todo el dinero que me dio Mara.
-A mí todavía no me pago.
-Pídele tu sueldo y me haces un préstamo.

Pablito intercedió a favor de su madre. Las empresas de rescate firmaban unas capitulaciones por las que una quinta parte de sus beneficios eran para el Rey, El capitán ponía la gente y el barco.

-El dinero lo ponían los prestamistas, profe Sophia.
-De eso se trata, Sophia, de un préstamo.

Mi cabeza daba vueltas. La madre estaba en el siglo XXI y el hijo andaba por el XVI. Yo no sabía donde estaba. Empezaba a creer que era prestamista.

-Si los conquistadores encontraban botín, el capitán era nombrado gobernador y a sus soldados le concedían encomiendas de indios.
-Sophia, yo te concederé lo que quieras.
-¿Una encomienda de indios?
-Lo que quieras, Sophia. Te puedo enviar la niñera de Pablito. Es una peruana muy honrada.
-Con las encomiendas, los soldados se convertían en señores feudales.
-La peruana te llamará señora.
-Como si me llama Juana -exploté- No presto mi dinero. Y tú, cállate, Pablito. No me interesan las encomiendas, ni los indios, ni los señores feudales.

Marta marchó furiosa. Me llamó mala amiga. No sabía que eramos amigas.


Tuesday, March 27, 2007

Vestidos de Custo

 
  Las madres con niños necesitan una guardería para dejarlos mientras trabajan. Es imposible trabajar con Pablito. Marta no le hace caso. Cree que yo, como soy su profesora en el  instituto Mirasierra, también soy su niñera. ¡Sólo faltaría!
 
 Fuimos a los baños Gellért a hacer el reportaje de las camisetas Custo. Pablito me dio el día con los malditos conquistadores de América. Desee haber sido la Reina Católica para haberle prohibido a Colón descubrir América.
 
 -¿Sabes lo que eran las empresas de rescate, profe Sophia?
 -Mi chico tiene una empresa de rescate. Está rescatando a su socio de las garras de los gendarmes franceses.
 -Las empresas de rescate le pagaban impuestos a la Corona.
 -La revista "Miss" -dijo Mara- también le paga impuestos.
 -Pero no conquista un nuevo continente -dice Pablito.
 -Según como lo mires, niño. Este reportaje de camisetas Custo lo voy a colgar en nuestra página web, lo leerán en Estados Unidos los fans de Custo, se preguntarán quién es Mara, me buscarán en google y me haré famosa.
 -Amén. Soñar no cuesta nada.
 -¡Sophia! ¿Cómo puedes ser tan pesimista?
 
 Más que pesimista soy realista. Escribir maravillas sobre las camisetas Custo no te catapulta a la fama. Ni siquiera te abre las puertas del Parlamento de Hungría. Mara le dijo al policía de la puerta que todos íbamos vestidos de Custo, hasta Pablito llevaba un vaquero Custo adaptado a su talla. Le enseñó la etiqueta de su abrigo, pero el policía prefirió mirar nuestros pasaportes. Los DNI no valían. Él quería ver escrito "pasaporte europeo" y contar las doce estrellas.
 
 -¿No reconoce usted un vestido Custo? -le preguntó Mara.
 -Vengan por aquí. El guía los acompañará a ver las joyas de la Corona.
 -Tenemos que hacer unas fotos.
 -No pueden. Están prohibidas las cámaras de fotos.
 
 Ambrosio ya se había enterado. El detector de metales pitaba como la sirena de un petrolero. Nuestro fotógrafo nos dijo hasta después y se fue. A él no le interesaban las joyas de la corona húngara.
 
 Mara no se dio por vencida. Nos llevó a la Estación de tren del Oeste. Había que fotografiar la línea de vaqueros Custo.



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Thursday, March 22, 2007

El socio detenido

 
 
 Carlos marchó sin despedirse. Cuando bajé a desayunar, el recepcionista me entregó una carta tan larga que parecía el testamento de un embajador. Tanta palabrería para decir que su socio estaba en apuros. ¿Y  a mí qué me importaba? No tenía tiempo para leer los quince folios manuscritos. Le envíe un SMS diciéndole que me resumiera la carta de viva voz.
 
 A los cinco minutos me llamó.
 
 -Estoy en la gendarmería de Perpiñán.
 -¿Detenido?
 -No. Está detenido Alberto.
 
 Suspiré aliviada. No tenía que buscar otro novio. Su socio capitalista podía cumplir condena; total, está divorciado y nadie lo necesita.
 
 -Lo detuvieron por tráfico de antigüedades.
 -Por robo.
 -No, por tráfico.
 
 Mi chico es un cabezota a la hora de emplear palabras piadosas. Cuando acabó de contarme las peripecias delictivas de su socio, se disculpó por dejarme plantada ante la Basílica de San Esteban.
 
 -Justo en ese momento recibí una llamada de Alberto. Tenía que venir a sacarlo del truyo.
 -Al final no pude casarme por poderes contigo.
 -¿Qué dices?
 -Olvídalo.
 
 Había acabado de tomar mi supercafé. ¿Para qué contarle lo de los curas de mentirijilla? Bastante preocupado estaba buscando el dinero para la fianza.



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Tuesday, March 20, 2007

Las nuevas conquistadoras

 Me vengué de mi chico siéndole infiel con la mente. Siempre que me enfado con él entro en el chat "Encuentros". Allí soy la reina. A los cinco minutos tenía dos docenas de candidatos a mi bella persona. Los mayores los descarté. A mi me gustan los treintañeros.
 
 -Profe Sophia, vamos a hablar de las conquistadoras.
 -Vete, Pablito, y déjame conquistar en paz.
 -¿Qué conquistas, profe Sophia?
 
 Pablito miraba las fotos de mis ligues con cara de policía antidelincuencia.
 
 -¿Quienes son éstos?
 
 Yo no tenía palabras. Mi alumno más delicado estaba perdiendo su inocencia a los doce años. Un poco pronto para un niño.
 
 -No se parecen a los conquistadores de América.
 -Pues descienden de ellos.
 -¿De Pizarro? ¿De Hernán Cortés?
 -De todos ellos, Pablito.
 -Casi todos te invitan a un café. Los conquistadores del siglo XVI te invitarían a seguirlos al Nuevo Mundo.
 -Creo que prefiero un café.
 -¿No hay chicas?
 
 El niño era espabilado. Le dije que regresara a su habitación.
 
 -Mamá salió con Mara y Ambrosio. Fueron a ver la residencia del Presidente.
 
 ¿Dónde era eso? El Danubio divide la ciudad en dos partes: Buda y Pest. La residencia del Presidente de Hungría estaba en Buda.
 
 Apagué el ordenador. Pablito se quedó con ganas de conocer a las conquistadoras del siglo XXI. No protestó. supuse que estaba más interesado en nuestras antepasadas del siglo XVI.



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Friday, March 16, 2007

Intentando casarme

 
 
 Finalmente puede liberarme de mi alumno Pablito e irme a hacer turismo con mi chico. Delante de la Basílica me entraron unas ganas locas de casarme. Se lo dije a Carlos.
 
 -Tranquila, Sophia; todo a su debido tiempo.
 -Tiene que ser ahora mismo.
 -No puede ser. Las bodas requieren preparativos.
 -Mi boda no. Digo sí, dices sí, y quedamos casados ante Dios y los hombres.
 
 Carlos reía como se ríe uno ante las ocurrencias de una niña. Para él, yo soy un poco fantasiosa. No acaba de creerse mis realidades.
 
 En la terraza de uno de los bares situados frente a la iglesia, había sos curas. Tomaban café y charlaban.
 
 -Padres -les dije-, yo y mi chico venimos a casarnos bajo la cúpula de San Esteban.
 -¿Dónde está su chico? -me preguntó el sacerdote mayor.
 
 Carlos cruzaba la plaza peatonal como si lo llevara el demonio. ¡Me había plantado! Lo odie a muerte. ¿Aquel era su amor? Gracias a Dios, mi memoria es prodigiosa. Recordé que existía el matrimonio por poderes.
 
 -Mi chico está en EEUU haciendo fortuna. Usted me casa por poderes. No se preocupe por el dinero. Pagaré todo cuanto me pida.
 
 El sacerdote mayor no parecía muy dispuesto a casarme. En cambio, el joven dijo que no había problema. Entramos en la Basílica. Me emocioné. Iba a casarme en la misma iglesia de Budapest donde contrajo matrimonio la archifamosa Sophia Loren. Aquello había que fotografiarlo para la eternidad. Le entregué mi cámara al cura joven. Iba a ser testigo, novio sustituto y fotógrafo.
 
 -¿Le viene bien delante de la imagen de San Esteban?
 -Ni hablar, yo me caso delante del altar mayor.
 -Los matrimonios por poderes no se pueden celebrar ante Dios.
 -El Papa no dijo tal cosa.
 
 El sacerdote mayor dijo que yo tenía razón.
 
 -¡Profe Sophia!
 
 Allí estaba Pablito para fastidiar.
 
  -¿Qué haces aquí, niño travieso?
 -Mamá me dio dinero para hacer turismo. ¿Qué haces tú con estos curas?
 -Me van a casar por poderes con mi chico.
 -No parecen curas de verdad.
 
 El sacerdote de verdad salió de la sacristía. En varios idiomas gritó "fuera comparsas". Mis curas marcharon sin casarme. Sigo soltera. ¡No hay derecho! Ni siquiera por poderes y con sacerdotes de mentirijilla soy capaz de dejar la soltería.



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Tuesday, March 13, 2007

Mujeres conquistadoras

Inés de Suárez

No siento los brazos. Quedé muerta después de arrastrar a Marta hasta el taxi que llamó Mara. El taxista sólo entendía su idioma. Abría la puerta del taxi como se la abriría un lacayo a un rey sin desmayar. Era un húngaro fuerte, nada caballeroso.

-Esta tarde descansamos, profe Sophia.
-Sí, cariño. Falta me hace.
-Le quiero hablar de las mujeres conquistadoras.
-No, por favor.
-Sí, profe Sophia. ¿Prefiere iniciar la conversación con Inés Suárez o con Mencía Calderón?

Eché las manos a la cabeza arrastrando mis brazos cansados. Pablito interpretó que un dolor de cabeza me atacaba. Preparó rápidamente un café para mí, en la cafetera eléctrica de la habitación; para él, se sirvió un vaso de leche.

-Cariño, ¿por qué no vas a mirar como se encuentra tu madre?
-Se encuentra perfectamente. Mamá suele desmayarse con cierta frecuencia. Cuando ve a un hombre guapo se tira al suelo. Es su forma de ligar.

¿Qué hombre guapo vio Marta? ¿Ambrosio? Ambrosio es un chico resultón; rubio, alto, guapillo de cara. ¿Estará Marta enamorada de nuestro fotógrafo? Si lo está, pierde el tiempo. Ambrosio sólo tiene ojos para su poeta.

-Unas cuarenta mil mujeres llegaron a América en el siglo XVI, profe Sophia.
-No estamos en clase, Pablito.
-Yo quiero hablar de nuestras grandes conquistadoras. Lo dejé que hablara. Me repanchingué en el sillón y pensé en mi chico. A mí las chaladas que corrían detrás de sus maridos hacia el Nuevo Mundo, me traían sin cuidado. Eran unas tontas. Son los hombres los que deben seguirnos a las mujeres. Mira mi Carlos, siempre me acompaña en mis viajes. Es el descanso de la guerrera.

Es imposible descansar. Pablito me sacude. Estos son malos tratos. Lo miro con mirada de madrastra. No se da por enterado. Supongo que la señora Otra que rapto a su padre del domicilio familiar, no tiene mirada de madrastra.

-Escuche, profe Sophia.
-¿Vienen las conquistadoras?
-Los hombres casados tenían prohibido irse a América sin sus esposas, pero muchos sortearon la prohibición de la Corona.
-Siguen haciéndolo, Pablito. Los hombres casados son el peor subgénero masculino.
-Muchas mujeres los siguieron, pero cuando llegaron a América ya eran viudas.
-¡Vaya por Dios!
-En América fundaron conventos para rezar por sus maridos.
-Eran tontas perdidas. Yo de ellas no rezaría ni un padrenuestro.
-¡Habían muerto en la batalla!
-Como si murieran de sarampión. Yo no rezo por ningún hombre.
-¿Por mi tampoco rezarías, Sophia?
-¡Carlos!

Me levanto de un salto y lo abrazo. Mi chico ha llegado a Budapest vivito como un pez espada. ¿Para qué perder el tiempo en rezos? Yo el tiempo lo utilizo para disfrutar de este amor carnal que me besa como solo él sabe hacerlo.

Thursday, March 08, 2007

En Budapest

Puente de las Cadenas

Ni siquiera me he librado de Pablito en las vacaciones de carnaval. Mara contrató a la madre de Pablito para el reportaje de Budapest, y aquí la tenemos con su superpesado niño.

-Estas camisetas de House of Holland no me gustan nada.
-Por favor, Marta. Apóyate en la barandilla del Lánchíd.
-Creo que no lo voy a hacer, mi querida Mara. Éste antiguo hierro no es seguro. Si caigo en las frías aguas del río Danubio, Pablito quedaría huerfano de madre.
-Algún día todos seremos huérfanos -dice Ambrosio.

Marta lo mira encantada. Ambrosio ha cambiado mucho desde que tiene una novia poeta. Se volvió filósofo. No me extraña: las poesías de Yolanda son muy metafísicas.

-¿Yo cuándo seré huérfano? -pregunta Pablito.
-Imposible saberlo, cariño -lo tranquilizo-. La Divina Providencia es imprevisible.
-Concentremonos, chicos -dice Mara-. Marta, por favor, posa como una manifestante. Fíjate en Sophia.

Yo me sentía en mi salsa. Las camisetas XXL de House of Holland atraían las miradas de todos los peatones. La mía ponía en grandes letras: "Do me daily, Christopher Bailey". Una niña le susurró a su madre el significado en su idioma. Pablito me preguntó qué había que hacer a diario. No le contesté. Se lo preguntó a su madre. Marta le dijo que me lo preguntara en clase. Espero que se olvide.

La camiseta de Marta ponía: "soy el arma del amor". La directora de la revista "Miss" no estuvo muy acertada. Marta es una pobre cornuda, abandonada por un marido experto en temas históricos.

-Profe Sophia, ¿sabe de quién me habló papá?
-De Madonna.
-No. Me habló de los grandes conquistadores españoles.

Tape los oídos. Si me iba a soltar la vida y milagros de Colón no quería oír nada.

-Así, así -chillo Mara-. Ambrosio, dispara todo el carrete. La marca Worn By va a quedar encantada con estas imágenes.
-Profe Sophia, ¿sabes nadar? El puente de las Cadenas no es una construcción segura.
-¿No me digas, Pablito? Si se derrumba nos vamos todos al otro mundo.
-No digáis tonterías -dijo Mara-. ¿A dónde va Ambrosio? Marcha a todo correr como si se fuera a acabar el mundo?
-Va a salvarse.

Marta palideció. Emitió un lastimoso ¡ay! y se derrumbó sobre el suelo del puente construido en 1.840.

Wednesday, March 07, 2007

Me quedo con los incas

Escudo del Nuevo Reino

Doña Manolita nos reunió en su despacho para zanjar definitivamente el incidente. Había hablado con las monjas del colegio Miraflores. No pensaban denunciarnos, pero querían que doña Manolita le dijera a Pablito que hay que respetar a tus hermanos más pequeños.

-No tengo hermanos, doña Manolita. Mi madre es modelo y no puede tener más hijos.
-Ser modelo no impide tener hijos. En todo caso, las hermanas se referían a la hermandad por la ley de Dios.
-No adoctrine al niño -protestó Ena-. Dígale que no haga el indio y punto.
-¡Con lo que me gustaba ser inca!

Lo miramos atónitas. Pablito es un niño muy especial. Tiene madera de político. Nos vendía el Imperio Inca de tal manera que me vinieron ganas de salir a la calle pidiendo firmas para un referéndum incas sí o incas no.

-Tenían un sistema contable avanzado -decía Pablito.

Mi chico no tendría problemas con sus consultorías. Si el sistema contable inca era tan avanzado los balances cuadrarían en un plis plas. Igual hasta podría reducir costes fijos prescindiendo de algunos empleados que no necesitaría.

-La educación era muy disciplinada. Todos los alumnos obedecían a sus profesores.
-Obedécenos, Pablito -aprovechó doña Manolita, para corregir la indisciplina del niño -. Prometeme olvidarte de todos los pueblos precolombinos.
-Me quedo con los incas.
-Pensé que vivías con tu padre -le dije.
-A mi padre le encanta el Virreinato de Nueva Granada.
-Tu padre es un sádico.
-¡Macarena!
-Doña Manolita, sólo a un sádico le puede encantar un sitio en el que sacrificaban adolescentes para ofrecérselos al sol.
-Pero cuando llegamos los españoles fuimos bien recibidos- protestó Pablito -. Nos tiraron a los pies cadáveres de sacrificados.

Me estremecí. Prefiero los malos recibimientos de la madre de Carlos. Cuando voy a buscar a mi chico, y está ella en casa, no me saluda. Es mejor que te ignoren a que te tiren un muerto a los pies para darte la bienvenida.



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Tuesday, March 06, 2007

El gran inca Pablo

 
 
 La contienda no había llegado a las manos y terminó cuando llegó Pablito hablando de los incas.
 
 -Yo respeto sus ritos, señora.
 -Aquí tenemos al niño caníbal. ¡So abusón! ¿No te da vergüenza abusar de los niños pequeños?
 -¡Cállate, bruja!
 -Macarena, por favor... -protestó doña Manolita, totalmente afónica por los gritos de paz proferidos.
 -Soy el gran inca Pablo -prosiguió Pablito-, y le otorgo la gracia de conservar el rito caníbal siempre que sólo lo practique con los miembros de su familia.
 
 La abuela del privado se desmayó. Doña Manolita le tomó la mano derecha y se la llevó al oído. Le dije que el pulso no se miraba así. Doña Manolita dijo que aquella mujer necesitaba un boca a boca urgente para resucitar.
 
 -Levántate y anda -decía Pablito.
 -¡Calla, niño! Esta mujer no es Lázaro.
 
 Pablito tampoco era Cristo. Él ayudaba como podía y, lo mismo que otros alumnos, aportaba sus conocimientos en resurreciones de desmayados. Doña Manolita no sabía a quien hacer caso. El que decía que un papel quemado hacía milagros tampoco le parecía muy de fiar. Peor le parecía el remedio de retorcerle un brazo. Del instituto Mirasierra nunca había salido un visitante herido.
 
 Ena terminó con las dudas de la directora. Llegó armada con el cubo de fregar suelos y vació su contenido sobre la cara maquillada de la abuela del privado. La mujer despertó escupiendo y maldiciendo al Dios único por haber hecho un mundo tan malo. Ena le dijo que no había sacerdote cristiano que pudiera perdonar sus blasfemias.
 
 -Yo la perdono, señora. Vaya con Dios y no se pierda en los cuarenta mil kilómetros del Imperio Inca.
 -¿Cómo dice? -preguntó la mujer aturdida.
 -Estamos haciendo grandes obras públicas.
 -¿Refeormas en el instituto? Así malgastan el dinero de mis impuestos.
 -No se olvide de acudir a su puesto de trabajo. Es obligatorio.
 -¿Obligatorio?
 -Sí, todos los incas adultos están obligados a aceptar el puesto de trabajo que les toca. A usted le ha tocado limpiar los baños del instituto Mirasierra.
 
 La abuela del privado no quiso oír más. Marchó maldiciendo a la ministra de Educación. La profe chachi gritó ¡viva la escuela pública! Todos, menos doña Manolita, contestamos ¡viva!



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Friday, March 02, 2007

Pelea por un sacrificado

Uno de los alumnos sacrificados fue el nieto de la abuela del privado. Pablito no pudo elegir peor esclavo para ofrecer a los dioses. La abuela del privado se exalta por mucho menos; si le das motivos se revoluciona.

Viene todos los días a pedir castigos para Pablito. Doña Manolita la recibe todas las mañanas. Le da la razón. Pablito es un demonio, pero ella no puede castigarlo porque lo impide la ley.

-Sólo le pido un cachete.
-No puede ser, señora.
-Un cachete a tiempo es el mejor correctivo.
-Hablaré con la profesora tutora de Pablito.

La abuela del privado insistió en hablar directamente con la tutora. Doña Manolita me ordenó buscar a Ena.

Allí se iba a armar una buena. Ena era muy capaz de agredir a la abuela del privado con el cachete correctivo. NO, yo a la profe chachi no la buscaba. Me fui a esconder a la alula de informática.

Unos quince minutos más tarde, los gritos de la profe chachi llegaron a mi escondite. Siempre pensé que Ena se podría haber ganado muy bien la vida cantando ópera. Su do de pecho hace temblar toda la Sierra de Madrid.

La abuela del privado tampoco quedaba atrás a la hora de dar gritos salvajes. Abrí la puerta. Todos nuestros alumnos abandonaban las clases e iban hacia el lugar de la pelea. Debían estar pegándose ya. Recordé que Ena es cinturón negro en judo. Eché la mano a mi móvil y llamé a emergencias Madrid.

-Vengan rápido al instituto Mirasierra. Hay una pelea.
-¿Acoso escolar?
-¡Corran! Se están matando.
-Presente una denuncia cuando haya cadáver.
-¿Para qué?

Cortaron la comunicación. El hombre de la operadora de emergencias sólo sabía que cuando hay un cadáver se presenta una denuncia en algún sitio. No importa para qué.