Tuesday, August 25, 2020

Mis vacaciones con los bereberes

Recorrer el Anti-Atlas de Marruecos con una caravana fue una experiencia inolvidable. Hicimos este viaje al año de casarnos. Fue durante un pic nic a las orillas del río Sous cuando empecé a notar los síntomas de mi primer embarazo. Mi primogénita había iniciado la gestación en mi barriga de nueve meses. Una gran noticia.

El Anti-Atlas es una barrera montañosa que protege el valle del río Sous de los tremendos vientos procedentes del Sáhara. Pese a las montañas aún notas bastante el airecillo. Si vas preocupada por el peinado, te tocará sufrir. Yo opté por un recogido de coleta sencilla. Así no me despeiné mucho cuando salimos de la caravana para recorrer tramos de la naturaleza montañosa marroquí.

Falta hace llevar transporte propio. Por allí no ves autobuses ni taxis. El tren es un medio de transporte desconocido. No es una zona muy poblada. Se nota que no han llegado los turistas masivos. Algunos ves, pero es más bien gente que se lía la mochila a la espalda y va a descubrir rincones apartados de las recomendaciones de las agencias de viajes.

Todavía conservamos las fotos que sacó mi marido. Las hizo con una de aquellas cámaras de carrete. Las vi el otro día en un álbum que teníamos guardado en un armario del trastero y me emocioné. ¡Qué jóvenes éramos! ¡Y qué enamorados estábamos! En alguna instantánea salíamos juntos delante de montañas de formas pintorescas. Recuerdo que estas fotos de los dos juntos nos las había sacado un turista inglés muy majo. A cambio lo llevamos un trecho en nuestra caravana.

En el Anti-Atlas viven bereberes. Son bereberes sedentarios. Apenas tratamos con ellos. Son gentes que conservan muchas de sus costumbres ancestrales. Mi marido decía que no les gustaban los turistas. Yo intenté hablar con un señor mayor en el poco francés que sé. El hombre echaba pestes del Rey de Marruecos. Decía que quería cambiarlos, prohibirles cosas. En todos los países están descontentos con sus gobernantes.

Os recomiendo visitar el Anti-Atlas, una zona de Marruecos poco frecuentada aún por los turistas. Todo lo más que encuentras es algún mochilero. Es un lugar tranquilo y la población local resulta poco agobiante. Los bereberes tienen una forma de ser bastante distinta a la de los otros marroquíes. Son gente orgullosa. Se nota que están contentos de ser bereberes.

Thursday, August 20, 2020

Mis vacaciones en un coto de caza

Las Nubes de Albalate de Zorita en Guadalajara es una casa rural con vistas a la vega del Marqués y al valle del Tajo que me hizo recordar el libro Viaje a la Alcarria escrito por Camilo José Cela. Mi marido lo eligió para pasar una semana. Fue una semana inolvidable por la tranquilidad que tuve en este pequeño hotel perdido en el campo castellano.

La comarca alcarreña es muy bonita. Sólo habíamos estado de paso. Quedar siete días en uno de sus alojamientos rurales consigue que desconectes del mundanal ruido. Yo casi me olvidé de mi casa.

Es una casa con una decoración de espacios diáfanos un tanto pasada de moda. Yo soy más de paredes. Menos mal que los tabiques los habían quitado sólo de las estancias comunes. La recepción, el salón, el comedor y una sala de juegos estaban unidas por la falta de tabiques separadores. Me encanto la sala de juegos. Ver en un cuadro la imagen de Marilyn y Bogart me hacían pensar en una partida de póquer. Lo malo es que pronto te asaltaba el hambre. No hacía falta asomarse a la barandilla que la separaba del salón. El olor a comida es lo mejor para dejar de jugar: abre el apetito.

Buena comida y buenas vistas tenías en un salón acristalado por tres de sus lados. Las mismas buenas vistas las tuvimos en nuestras habitaciones. Eran cuartos muy luminosos, de líneas limpias y colores neutros. Los cabeceros de las camas eran muy originales: los habían hecho con fotografías enmarcadas. Me encantaron. Tomé nota de la idea. Pero a mi marido no le gustó.

Os recomiendo el hotel rural Las Nubes. Merece la pena alojarse en esta casa rural ubicada en medio de un coto de caza. Nuestra habitación tenía vistas al valle del Tajo. La de mis hijas tenía sus ventanas hacia la sierra. En ambas las vistas eran estupendas.

Lo que no me gustaron nada fueron los cuartos de baño. En los dos había escalones para subir a la bañera. Pensé que íbamos a tener un susto. Menos mal que eran cuartos de baño espaciosos. Salías de la bañera, bajabas con cuidado los escalones y podías secarte sin tropezar.

Tras la ducha en la bañera imposible se agradecía el buen desayuno. Las comidas en Las Nubes tienen muy presentes los productos de la tierra. Da gusto comer productos tan naturales.

Los alrededores también son muy recomendables. Nosotros fuimos en coche hasta la ciudad visigoda de Recópolis. Está a siete kilómetros de este pequeño hotelito rural con mucho encanto.
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Mis vacaciones en La Coruña

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Praliné es una bombonería que vende buenos dulces. Se han trasladado de la calle Francisco Mariño en La Coruña a la calle del Orzán en la misma ciudad. Buscaban un local más amplio. Praliné ha apostado por la modernización para tener contentos a sus clientes. Todavía están empezando en su nueva tienda, pero el nuevo local promete.

Al obrador normal han añadido un obrador para celíacos. Así garantizan panes y pasteles aptos para personas intolerantes al gluten sin contaminación. Seguro que le sobran clientes para el pan sin gluten. Cuando lo compras en el supermercado o en otra panadería siempre temes que vaya algo de gluten porque lo cocinan en el mismo horno. Los responsables de Praliné han estado muy acertados al meter en su cocina un horno específico para elaborar pan y bollería sin nada de gluten.

Praliné es una panadería especializada en desayunos a domicilio, mesas dulces, cestas de maternidad. Es, como dice mi suegra, la casa del dulce. Yo quedé encantada con una de sus mesas dulces en el cumpleaños de una amiga de mis hijas. Nos pusimos hasta las cejas todos los invitados de delicias salidas de las manos de los mejores maestros pasteleros de la ciudad de La Coruña. En su nuevo local van a tener un obrador a la vista para que los clientes podamos ver trabajar a los pasteleros. Será un local muy moderno.

Os recomiendo Praliné, una bombonería que abre su nuevo local en la calle del Orzán. Me comentaron que van a tener una terracita fuera y algunas mesas en el interior. Los nuevos tiempos mandan. Una pastelería con bar está muy de moda en un ciudad donde nos gusta estar más fuera que dentro de casa.

Praliné se ha hecho famosa por sus bombones artesanos y por sus deliciosas galletas. Unos bombones de Praliné te hacen quedar mejor, cuando los regalas, que una caja de bombones de supermercado, por famosa que sea su marca. Bica de manzana, bizcocho de limón, magdalenas y galletas de mantequilla son las cuatro especialidades que preparan para celíacos.
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La esquina de Valentina está en la esquina de la calle Torreiro, en La Coruña. Es un fast food de calidad con panes a medida de sabores deliciosos. El bocadillo de caldeirada de ralla con pan de pimentón, bocadillo de corbina o jurel con pan de algas y agua de mar o pan bao de guiso de cordero con boniato son algunas de las innovadoras propuestas de este nuevo local que apuesta por comer sin mantel y sin cubiertos. Todo lo que tienen se puede comer con las manos.

Yo probé el jurel con pan de algas y me encantó. Al pan le ponen sal yodada. De ahí su sabor marino. Eso sí, no lleva agua de mar como pensaba mi marido. Los nombres los ponen rebuscados para que les queden bonitos en la carta y así vender más.

Sus bocadillos no son para pobres. Un bocadillo y una copa de vino te cuestan 15 euros. Por treinta euros comimos mi marido y yo. Eso sí, salí casi con más hambre que cuando entré. Se nota que vas a un local donde priman tanto la calidad que se olvidan de la cantidad. También pudo ser que me abriera el apetito ver a los cocineros trabajando. La cocina a la vista mete más hambre que quita lo que en ella se prepara.


El local acaba de abrir. Tomen nota: está en la esquina de la calle Torreiro con la calle Galera. Es una ubicación muy céntrica en una zona de tapas. Me gusta el local. Está muy limpito. Los taburetes altos son cómodos para una persona a la que le guste sentarse en la barra. Fuera hay unas cuanta mesas. Es una pena que estén siempre ocupadas.

Destacaría también la decoración del local, un trabajo que hicieron dos jóvenes decoradores de la Escuela de Arte Pablo Picasso de La Coruña. Esperemos que el negocio les funcione. Han invertido mucho dinero en abrir un local acorde a los nuevos tiempos.
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El Pazo do Río en Montrove, Oleiros, La Coruña, es una casa rural amplia en la que te encuentras muy acompañada. Suele estar bastante concurrida. Los que no van a su alojamiento van a su restaurante. Nosotros estuvimos hace unos días con mi suegra.

Cogimos un apartamento. Hay veinte, uno de ellos es para discapacitados. No son apartamentos lujosos. Están pensados para familias que buscan un alojamiento cómodo cerca de buenos restaurantes y mejores playas. Estos días el tiempo acompañó. Pudimos bajar a la playa todos los días. Yo ni me lo creía. Mis hijas poco fueron a la piscina del complejo hotelero. Donde hay una playa que se quiten las piscinas.

El restaurante del Pazo do Río está muy bien. Pude ver que han renovado su carta. Yo me animé con los arroces y los pescados. Es lo que mejor sienta a mi delicado estómago. Coincidimos con varias bodas en el restaurante. La gente se apura para casarse. Se teme que cierren todo en Coruña por los rebrotes del covid-19. En el Pazo do Río las medidas sanitarias se han extremado. Ves todo mucho más limpio. También ves geles hidroalcohólicos por todas partes. En el cuarto de baño de nuestro apartamento nos dejaron dos.

Os recomiendo El Pazo do Río en Montrove para pasar estos días de pleno verano. Tiene unos jardines bien cuidados. La piscina está siempre limpia como los chorros del oro. Yo prefiero los apartamentos. Las habitaciones tienen una decoración más de piso humilde. En los bungalows la decoración está más cuidada. Destacaría también lo bien que va la conexión wi fi gratuita.

Nosotros seguro que volvemos para el año. Mi marido volverá antes. Me dijo que la paella del Pazo do Río está mejor que la que le prepara su madre. Yo opino lo mismo. Toda la comida del restaurante está deliciosa, pero los arroces los bordan.
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Thursday, August 13, 2020

Mis vacaciones de Miss Culta Feliz

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Sant Ignasi en Ciutadella, Menorca es una casona del siglo XVIII que encuentras después de un campo de olivos. Es toda tranquilidad. En el jardín que la rodea sólo escuchas el trino de los pajaritos. Dentro, una apuesta por el turismo de calidad, te aparta de visitantes ruidosos.

Yo pasé en esta casa rural un fin de semana largo con mi marido, mis hijas y mi suegra. Menorca es una isla que gusta mucho a mi esposo. No tiene nada que ver con Mallorca y mucho menos tiene que ver con la fiesta continua de Ibiza. Menorca es una isla para los turistas que buscan tranquilidad en las Islas Baleares.

Mi suegra tomaba el sol en el jardín. Encontró su sitio debajo de una palmera que le ofrecía un cobijo de sol y sombra ideal para una persona de la tercera edad. En el jardín de la casona, además de palmeras, había nogales y algún arriate de plantas bastante bien cuidadas.

Dentro de la casa te encuentras con estancias comunes muy perfumadas. La recepción, por ejemplo, olía a almáciaga. Muchos mejores son los dormitorios. Nosotros cogimos tres. Eran idénticos. Se trataba de habitaciones con esteras negras en el suelo a modo de alfombras, paredes pintadas de color crema clarito, colchas y cortinas en la misma tonalidad crema. Tampoco encontrabas lujos en los cuartos de baño. Limpios, pero sin otro exceso que los geles y jabones que te dejaban. No nos hizo falta decirles que repusieran. Había para dar y regalar.

Os recomiendo Sant Ignasi para alojaros en Menorcca. Te queda cerca de Ciutadella. Nosotros aprovechamos para ir a cenar. También para ir de tiendas. El turismo de compras no se lo perdono a mi santo. Aunque me lleve para el medio del monte, yo me voy de tiendas sí o sí. En todo caso, no estábamos en medio de la nada. Sigues un largo sendero hacia Cala Morell y ya llegas. Tienes señales en la salida de Ciutadella para no perderte.

No nos aburrimos. Como os dije, entre tomar el sol debajo de las palmeras para tener algún fresquito y caminar por el campo de los alrededores se nos fue el tiempo. Mis hijas disfrutan mucho en la naturaleza. Ellas salieron más de la casona que yo. Fueron con su padre a ver la Naveta des Tudons, un monumento funerario de la edad de bronce que queda a unos siete kilómetros de esta casa rural de fachada pintada de color amarillento y con contras en las ventanas. A mis hijas les gusta mucho el arte antiguo. Su padre también las llevó a ver unas cuevas prehistóricas que hay en Cala Morell y los poblados megalíticos de Son Catlar y Torre Llafuda.
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Mas Pau en Avionyonet de Puigventós en Girona es una casa rural que conocimos gracias a su restaurante. Fuimos con unos amigos a saborear la alta cocina catalana en el corazón del Alt Empordà. Regresamos unas semanas después para pasar un fin de semana comiendo a lo grande. Es a comer lo que invitan sus tres comedores comunicados entre sí.

En nuestra segunda visita llevamos a mi suegra. Fue una sorpresa para ella ver el bar con mesas fabricadas a partir de máquinas de coser antiguas. Eso se llama reciclaje. El bar tiene los techos abovedados. No te queda duda de estar dentro de una masía del siglo XVII.

Tampoco te queda duda de la antiguedad del edificio cuando llegas y ves una fachada sencilla, de piedra, decorada con unas plantas trepadoras. Las habitaciones, en cambio, recuerdan más a las habitaciones de un piso de ciudad que a las de una masía. Unas paredes de color salmón me hicieron sentir casi en la casa de Barbie. Más me sentí en un mundo rosa cuando abrí la puerta del cuarto de baño y me encontré un llamativo mármol rosa como protagonista de la decoración del cuarto de aseo.

Mi suegra se quejó del mobiliario gastado. Se está volviendo muy de Ikea gracias a mí. Lo que sí le gustaron fueron las cortinas. Tenían unos colores muy primaverales. Pura alegría empezabas a sentir mirando para las cortinas de las habitaciones.

No faltan cultivos alrededor de la casa. Sus dueños saben sacarle partido al negocio: casa con alojamientos, buen restaurante y un huerto para tener materia prima propia para las comidas. Los felicito por el negocio completo que han montado. Deberían tomar nota otros restaurantes y pequeños hoteles: un huerto propio es la mejor apuesta que se puede hacer por la agricultura respetuosa con el medio ambiente.

Nosotros quedamos muy contentos con el trato recibido. Nos sentimos como en casa. Por eso os recomiendo Mas Pau. Es bastante fácil de encontrar: está a unos cuatro kilómetros de Figueres. Olot te queda a la izquierda.
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Wednesday, August 05, 2020

Mis vacaciones en una villa de indianos

Vistamar en Valldemossa, Mallorca, es una villa de indianos reconvertida al negocio del turismo rural en las islas Baleares. Esta casa de terraza superior entre grandes arcos data de principios del siglo XX. La casa está en el centro de una finca llena de pinos de cien hectáreas que linda con un acantilado rocoso. Fue lo que menos me gustó: el acantilado. Soy una madre temerosa. Ni que decir que no permití que mis hijas se acercaran a aquellos acantilados que metían miedo.

Preferí que dieran paseos por los alrededores. Las llevamos a ver la cercana cartuja de Valldemossa. Regresé sólo con mi marido a la cartuja para escuchar un concierto de música clásica, una música que me relaja mucho.

La casa es bastante pintoresca. Un arco de piedra comunica la entrada con el patio adoquinado que distribuye las estancias. Tiene mucho diseño. Los diseñadores no olvidaron equilibrar muebles y adornos salidos de la mejor artesanía mallorquina. Los cortinajes y las colchas de las camas te hacían pensar en mujeres cosiendo a mano o en precarias máquinas de coser las telas hasta darle forma en los productos finales. Las telas de llengos, los siurels de colores mediterráneos...

Nos dieron dos habitaciones amplias y soleadas. Tanto la nuestra como la de las niñas tenían terraza. Lo agradecí. Me gusta tomar el sol en la terraza de mi cuarto. Resulta muy práctico. Lo que me gustó menos fue la cama con dosel. Me tuvo que tocar a mí. En la habitación de las niñas había una cama sin dosel, pero tenía una decoración tan sencilla, tan rural, que hizo que prefiriera la habitación de la cama con dosel.

Os recomiendo Vistamar en Valldemossa, Mallorca. Está al fondo de un olivar. Coges el desvío hacia Andraits y llegas pronto. Eso sí, tienes que cruzar Valldemossa. No debes perderte tampoco el Mirador de Son Marroig. Está a unos cuatro kilómetros de la casona. Las vistas son estupendas.

La combinación es buena: campo y mar, mar y tranquilidad. Es un lugar perfecto para pasar unas vacaciones familiares tranquilas.
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Friday, July 31, 2020

Mis vacaciones en la Casa de la Pradera de Girona

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Can Borrell en Meranges, Girona, es un alojamiento rural que me recordó a La casa de la pradera. Verdes prados la rodean en un lugar donde la gente rica de Barcelona tiene muchas segundas residencias. Yo no me habría fijado en esta casa si no fuera mi marido quien reparó en ella. Veníamos de Puigcerdà y mi marido quería quedar por la zona unos días más. A unos 18 kilómetros de Can Borrell hay un campo de golf que le gusta mucho.

La casa es todo madera. Madera en las vigas del techo, madera en los balcones, madera en las puertas, madera en las ventanas. Para el mobiliario interior eligieron madera noble. Los muebles son rústicos y resistentes. Parecen tener en su haber siglos de los viejos que los ves.

Nosotros fuimos cuando empezaban a abrir las estaciones de esquí de los alrededores. Hay unas 22 estaciones. Puedes elegir. Entre el esquí y el golf mi marido se puso en forma. Yo aproveché para hacer negocios con las mujeres ociosas de los deportistas. Les vendí todo lo que llevaba de Mary Kay más algo que pedimos a través de la página web.

La casa está bastante bien. Me comentó la dueña que están en continua reforma. Cogieron la casa muy desangelada. Lo mejor es, sin duda, la gastronomía que puedes degustar. Es gastronomía de abuelas rurales catalanas. No debes perderte la escudella. Está que te chupas los dedos.

Os recomiendo Can Borrell, una casa rural que va hacia tiempos mejores. Mi marido quiere volver para la próxima temporada de esquí. Me intenta animar para ir a las pistas de esquí de fondo de Pla de la Mánega. Iré a Can Borrell otra vez, pero no a esquiar. Ni el esquí de fondo me atrapa.

Mis hijas fueron las que peor lo pasaron. Can Borrell es un alojamiento muy tranquilo. No había ningún niño excepto ellas. De ahí que se aburrieran un poco. Gente con gente. Pero aprovecharon para estudiar. En el patio de los ajos, como lo llamaban ellas pasaron horas con los libros. Nada mejor que el silencio para adquirir conocimientos.



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El Molino de Santillán está en el Rincón de la Victoria en Málaga está yendo por la carretera de Macharaviaya. Tomas un desvío a la derecha y llegas a una finca enorme. Cuando fuimos nosotros tenían el camino de acceso sin asfaltar. Todo muy de pueblo perdido en el campo.

Así me sentí yo en este cortijo muy bien restaurada: perdida en el campo andaluz. Allí no me encontraría nadie. Como llevaba conmigo a mi marido, a mis dos niñas y a mi suegra estaba con la familia que más me importa. Bueno, me sobraba la suegra algunas veces. Otros días me vino muy bien para quedar de canguro.

El cortijo está rodeado de aguacates, chirimoyas y demás cultivos subtropicales. Es una gran casa de piedras pintadas de color blanco con cal que tiene un tejado de teja que ves a lo lejos. La fachada también se hace ver de lejos. Con su color blanco, resplandece al fondo del camino estrecho y polvoriento que sube desde la costa. Llegamos con el coche hecho un asquito.

Una vez en el cortijo, nos esperaba una suite preciosa. Mi marido disfrutó de un salón joyel durante un día. Tenía en ese salón una reunión de empresa. Yo dediqué todos mis días de vacaciones en el Molino de Santillán al ocio. La única desventaja que encontré fue el tamaño de las habitaciones. Me parecieron pequeñas. Estaban decoradas con una greca en las paredes. En los techos los ventiladores de aspas te quitaban el calor de encima. También te volvían loca. A mi suegra le pasaba lo mismo: no aguantaba los ruidos de los ventiladores. Yo apagué el mío. Con un abanico tenía de sobra para quitarme los calores de encima. Además, soy bastante friolera. Prefiero pasar calor tipo sauna a que me aireen mucho.

Os recomiendo el Molino de San Millán. Es un cortijo acogedor. Nosotros no nos aburrimos, sobre todo el día que fuimos a practicar senderismo por los alrededores. Quedé tan cansada que al día siguiente no puede acompañar a mi marido, a mi suegra y a las niñas al Museo de Artes Populares, y eso que sólo está a 9 kilómetros del cortijo.




Wednesday, July 29, 2020

Mis vacaciones con Sancho de Estrada

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Sancho de Estrada en Solosancho, Ávila, es una casa-castillo rural que encuentras tomando un desvío de la carretera Gredos-Ávila, a la derecha, poco antes de llegar a Solosancho. A nosotros nos habían hablado maravillas de esta casa de piedra unos amigos. Por eso fuimos. Queríamos comprobar in situ si era para tanta alabanza.

Una vez allí me sentí en la Edad Media. Los cimientos del Castillo de Villaviciosa son de la época romana. Los muros de este alojamiento rural son más recientes, datan de los años en que Sancho de Estrada, un señor de Asturias que vino a defender Ávila de los musulmanes. El tiempo no ha pasado por allí. Ves las aspilleras, los herrajes en las puertas, con realce de unos muros de cantería ruda y afiladas aristas. Pudimos ver como en algunas partes el grosor de las paredes era de tres metros. No hay bala que las traspase. Más bien se necesita una guerra con misiles para derribar aquello. Mi marido nos sacó fotos debajo de los escudos de armas que decoran las paredes exteriores. Me sentí como una Reina castellana.

No encuentras lujos en el interior del castillo. Nuestras habitaciones eran de lo más severo. Pregunté si había habitaciones de decoración más alegre y me dijeron que no. Todas las habitaciones habían sido decoradas con estilo castellano austero. Mucho mejores eran las vistas que había desde las ventanas: veías kilómetros y kilómetros de páramo castellano que acababa en barrancos y en picos de montañas.

Os recomiendo alojaros en Sancho de Estrada. Puedes hacer mucho turismo cultural por los alrededores. Nosotros fuimos andando hasta las ruinas del castro de Ulaca. También nos pasamos por el Castillo medieval de Villaviciosa. Es una zona de castillos. A unos cuatro kilómetros está el Castillo de Aunque-os-pese. Su nombre hace alusión a una leyenda.

Lo pasamos mejor visitando los alrededores que en la casa-castillo. A Sancho de Estrada le falta adecuarse a los tiempos modernos. En su afán de tenerlo todo medieval, sus responsables se olvidaron de las comodidades que echamos de menos los turistas. Pero, aun así, como os decía, me parece un alojamiento recomendable. Estás en un lugar tranquilo, en plena naturaleza. Ávila ciudad queda a sólo veinte kilómetros. No debes perderte una visita al Valle de Amblés. Está a unos treinta kilómetros. Son unos cuantos kilómetros de ganado vacuno a sus anchas en los campos. A mis hijas les hizo mucha ilusión ver las vacas en libertad.



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Una de las ciudades de Marruecos donde mejor lo pasé fue en Chechaquen (Chaquen). No tiene nada que ver con Tetuán y Tánger. Es una ciudad mucho más tranquila. Además, sólo por el viaje en coche en el que disfrutas de unas maravillosas vistas de las montañas del Rif ya merece la pena ir. Desde la ciudad se ven dos montañas que tienen forma de cuerno de vaca. De ahí el nombre de la ciudad: Chechaquen (significa mira los cuernos).

Mi marido y yo paseamos por la avenue Hassan II hacia la place Mohammed V. Queríamos ir a la medina y casi nos perdimos. Finalmente, tras dar unas vueltas que no nos llevaron a ningún sitio, cogimos a la derecha, nos metimos en la rue Tarik Ibn Ziad acabamos en Bab en Sou y allí estaba la entrada a la medina. Me dejé los tacones subiendo por una calle tortuosa que se llamaba Calle Horra. Por esa calle no apta para zapatos de tacón elevado llegas a Uta el-Hammam. En la parte superior de esta plaza encuentras la ville nouvelle, una serie de edificios construidos entorno a la base de la medina.

Mi marido quería alojarse en una pensión de la medina de Chechaquen. Le habían dicho unos amigos que son pensiones bastante seguras. Le dije que se dejara de inventos baratos. Fuimos directos al Hotel Asmaa, un hotel que tiene piscina y está limpio.

La medina de Chechaquen no es grande. No entiendo como nos perdimos dos veces. Yo creo que fue en nuestro afán de escapar de los chavales que se te ofrecen de guía. En Chechaquen, igual que en otras ciudades de Marruecos, sólo encuentras gente que viene a timarte. Es lo que me fastidia de Marruecos. Para que te dejen tranquila tienes que vestirte como las lugareñas. Mi marido nunca quiere hacerlo. Yo no tengo problema con la vestimenta local. En Chechaquen me disfracé de joven bereber con un vestido típico. Hasta me pinté un tatuaje en la barbilla y otro en la frente para que el disfraz fuera completo. Las chicas bereberes llevan unos tatuajes muy lindos en la cara.

Os recomiendo visitar Chechaquen. Es una ciudad de Marruecos más tranquila que las ciudades de turismo extranjero masivo. Debes ver la ciudad entera. En la parte alta hay un camping. Desde esa zona las vistas de la ciudad son panorámicas. Allí es donde está el Hotel Asmaa, donde nos alojamos mi marido y yo.

También os recomiendo su gastronomía. Los pinchos morunos están muy buenos. Lo mismo puedo decir de las tortillas, tanto de la tajine de kefta como de la tajine de poulet. Pero lo que más me gustó fue el jugo fresco de naranjas que nos ponían en el desayuno. Eran naranjas recién exprimidas. Deberían tomar nota muchos hoteles españoles que no saben más que tirar de zumos de cartón.

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Tuesday, July 28, 2020

Mis vacaciones en la Castilla más rural

Mis hijas estaban muy interesadas en ver la recogida del cereal. Por eso las llevamos a Nueva Villa de las Torres, un pueblecito castellano donde vive un tío abuelo de mi marido. El señor es mayor, pero aún cosecha sus campos.

Llegar a Nueva Villa de las Torres es regresar al pasado. Te encuentras un pueblo cerealero sin cobertura. Nunca había tenido tanta paz. Me parecía mentira no oír sonar mi móvil a todas horas. A mi marido le parecía también mentira. Mis hijas también se sintieron más libres gracias a la falta de cobertura. Nadie nos llamaba. Nosotros no llamábamos a nadie. Los habitantes del pueblo, en cambio, se quejan por la falta de cobertura. Es una reinvindicación que las autoridades competentes no escuchan. Suele pasar cuando no hay muchos votantes. Los políticos hacen más caso a los habitantes de las ciudades porque les dan más votos y también se oyen más sus protestas en los medios de comunicación.

En este pueblo la población vive de la agricultura. No hay vecino que no sea agricultor. Es lo que hay. Cuando llegamos nosotros las cosechadoras estaban segando el cereal. Menos mal que hay máquinas. No me quiero imaginar lo que sería segar el cereal con una hoz o una guadaña. Te dejarías la salud de tu espalda recogiendo la cosecha. Las máquinas empacaban la paja. Era buena paja, buena hierba seca, como se dice aquí en Galicia. Tenían paja para las ovejas de sobra.

El tío de mi marido no cultiva sólo cereal. Tiene tierras sembradas de girasol. Ahora planta menos girasol porque le quitaron la subvención que daba la Unión Europea, nos contó. Es una pena que no se anime con los viñedos. En Nueva Villa de las Torres hay viñedos de la denominación de origen Rueda. Pero el tío de mi esposo es abstemio. Nos dijo que nunca cultivaría vides. Está a favor de la prohibición del alcohol.

Lo que sí tiene es un pequeño rebaño de ovejas. Por Nueva Villa de la Torre se ven muchas ovejas. Estamos en Castilla, tierra de ganado lanar. Le va bien con las ovejas. Sus hijos vienen de Madrid a ayudarlo cuando hay que cortarles la lana y también le buscan clientes para la comercialización de la leche de oveja, los quesos que elabora su esposa y la carne de cordero, tan bien pagada.

Os recomiendo visitar Nueva Villa de las Torres, un pueblo de casas pintadas de blanco, rodeado por campos cosechados con cereales, girasol y viñedos. Estás en plena naturaleza cultivada. Es un gusto. Nosotros esperamos volver pronto a este pueblo de la provincia de Valladolid de sólo 369 habitantes. El tío de mi marido aún recuerda cuando estaba unido a Medina del Campo. Se separaron en dos municipios independientes. No sé si sería muy buena idea. En verano tienen bastantes visitantes. La gente va a ver los encierros cuando hay fiesta. Yo no fui. Tampoco permití a mi marido que fuera. Me dan miedo los toros sueltos.

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Monday, July 13, 2020

Mis vacaciones en la ciudad de Francisco Pizarro

Extremadura es una tierra que gusta mucho a mi marido. Le encanta el pasado extremeño, lleno de conquistadores. También le encanta su presente, su turismo cultural, visitar las villas históricas. De las ciudades extremeñas, la ciudad favorita de mi santo es Trujillo, en la provincia de Cáceres. Fue donde nació Francisco Pizarro. A Trujillo fuimos el año pasado. Mi marido les enseñó a las niñas las localizaciones de los escenarios de los grandes títulos del cine y la televisión. Nosotros somos fans de los Lannister y los Stark. Debes saber que aquí se rodó uno de los capítulos más importantes de la saga: la batalla final de la temporada 7 de la serie Juego de Tronos. Además de El Tulipán Negro, La Marrana, Santa Teresa o más recientemente Romeo y Julieta y La Peste buscaron en Trujillo y alrededores localizaciones como telón de fondo de sus argumentos.

Pasear por Trujillo es recordar los distintos reinos y culturas que convivieron en sus calles y también se pelearon entre ellos cuando la convivencia dio paso a las guerras. De tiempos remotos se conserva una importante arquitectura palacial de la oligarquía caballeresca, que destacó en la conquista de América y la colonización del nuevo mundo. Entre sus puntos de interés, visitamos la Plaza Mayor y nos sacamos fotos con la estatua ecuestre de Francisco Pizarro de 1929, que fue construida por los escultores estadounidenses Charles Cary Ramsay y Mari Harriman. La Plaza está rodeada de edificios de los personajes más importantes de la Edad Moderna: Los Piedras Albas, los de La Conquista, Los Cháves-Cárdenas, los Pizarro-Orellana y Santa Marta. Nuestra siguiente parada fue la Iglesia de San Martín, donde se celebran fiestas tan populares como El Chíviri y la Feria del Queso. Lamentablemente, nuestra visita no coincidió con ninguno de estos dos eventos.

No faltan murallas en Trujillo. Sobre el cerro Cabeza de Zorro de alza la muralla del pueblo, una gran fortaleza del Califato de Córdoba jalonado de torres rectangulares con aspecto infranqueable. Sientes seguridad mirando las murallas. Tampoco faltan en Trujillo iglesias. La Iglesia de Santa María La Mayor, la de San Martín fueron la iglesias que contemplamos por fuera. Yo no estaba para turismo eclesiástico. Me pone triste ver las iglesias por dentro.

Os recomiendo visitar Trujillo. Es una ciudad tranquila, que invita a pasear por sus calles, a tomar un refresco fresquito y a saborear alguna que otra tapa por sus bares. Si tienes dinero, busca un restaurante para comer o cenar. Extremadura tiene una buena gastronomía.
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Tuesday, July 07, 2020

Comiendo salchichas en la Selva Negra

La Selva Negra está en Alemania. No te la crees hasta que la recorres. Yo hice un viaje por allí con mi marido y con las niñas hace casi un año. Quedamos asombrados mirando las casas típicas, de madera y con una enorme techumbre de pizarra. Mi marido quería recorrer parte de la Selva a pie. Las niñas y servidora nos negamos. Alquilamos un vehículo todoterreno y fuimos la mar de cómodos.

Mi santo se encargó de conducir. Intentó seguir un itinerario marcado. Digo intentó porque nos perdimos varias veces. Al final nos pasamos al tren cundo llegamos a Friburgo de Brisgovia. Hacia mediodía estábamos en Freudenstadt. Lo mejor vino por la tarde cuando recorrimos el Camino Alto de la Selva Negra. Es muy poético. Acabamos nuestro itinerario en tren en Baden-Baden.

Os recomiendo visitar la Selva Negra. Está en el suroeste de Alemania. Ves en todas sus sendas multitud de turistas y alemanes caminando. Casi todos llevan un bastón para apoyarse al andar. Pero que nadie se imagine una especie de Camino de Santiago. Allí la gente se lo monta a lo grande: van andando de hotel en hotel. El equipaje lo llevan en una furgoneta hasta el próximo hotel mientras ellos andan unos veinte kilómetros al día.

De la Selva Negra nunca olvidaré unos gigantescos pinos negros que hay en Simonswald. Tampoco olvidaré la visita que hicimos a un museo de relojes de cuco en Furtwangen. Y puestos a no olvidar he de hablaros de los altos precios. Es todo carísimo. Nosotros acabamos comiendo salchichas a todas horas. No nos podíamos permitir ir de restaurantes.








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