Thursday, June 28, 2007
Un regalo de niño
La directora del instituto Mirasierra está furiosa porque les di un generoso aprobado general a mis alumnos.
-Ni Macarena hizo tal disparate académico jamás. Los padres llaman todos los días protestando -se lamentó.
-¿Querían que sus hijos suspendieran? -pregunté asombrada.
-Digamos que no les gusta un aprobado general que iguale a los niños vagos con los niños aplicados. ¿Cómo crees que se siente un alumno de sobresaliente al ver a los malos estudiantes con un notable? Desmotivado.
-Eso es envidia, doña Manolita. Es envidia de la peor: los ricos envidiando a los pobres.
-Eres peor que Macarena.
Le dije que la "peor" profesora del instituto Mirasierra sería siendo la profe chachi. Yo me voy. Quiero iniciar una nueva experiencia vital.
-Eres una inmadura.
-Gracias, doña Manolita.
-¿Gracias?
-Sí, gracias. No hay mejor alabanza que un insulto. Los insultos son adjetivos muy sinceros.
En la puerta del despacho de doña Manolita me esperaba Pablito.
-Tengo un regalo para ti, profe Sophia.
Me entregó un paquete envuelto en papel de regalo.
-¿Qué es?
-Ábralo.
Con manos temblorosas deshice la lazada amarilla. Un regalo de Pablito puede ser cualquier cosa. Esta vez fue una brújula.
-La necesita para orientarse en la búsqueda de El Dorado. En América nuestros conquistadores no lo encontraron, pero usted entrará en la selva de la vida y saldrá victoriosa.
Pablito me miraba como si yo fuera una diosa. Nunca más lejos me sentí de la divinidad encarnada en mi persona. Tampoco nunca me sentí tan ridícula. ¿Estoy buscando El Dorado?...
Thursday, June 21, 2007
Cambios de vida
He decidido dejar mi trabajo de profesora funcionaria en el instituto Mirasierra. Siento que no disfruto de la vida y no quiero perderme sus mejores placeres.
Se lo dije a Mara esta tarde.
-Perfecto, Sophia. Estoy organizando el mes de las faldas. Te necesito.
-Stop, querida Mara. Mis planes son otros.
-¿Hay un plan mejor que posar con faldas años 50 para la revista "Miss"? Esta falda tubo negra es perfecta para una mujer segura.
-Nada de faldas negras y menos de tubo.
-De acuerdo. Prueba una falda evasé.
Mara acaba liándome siempre. Pasé cuatro horas vistiéndome y desvistiéndome. Ambrosio y Gregorio fotografiaban todo el vestuario de las décadas pasadas.
-La moda es muy repetitiva -decía la directora de la revista "Miss"-. El escote cuadrado lo llevaba Audrey Hepburn en su mejor época.
Me pregunté en qué época vital estoy yo. Soy una chica con novio sin planes de futuro. Un ramalazo de ira interior me asaltó.
-Tengo que llamar a Carlos.
-Espera, Sophia, estamos acabando.
-Ahora mismo lo llamo.
El móvil de Carlos comunicaba.
-Pon la rebeca blanca.
-Estoy intentando hablar con mi chico.
-Ya hablarás más tarde con él.
-Espera... Tengo un mensaje de Ena.
La profe chachi decía que nuestros alumnos no habían ganado el concurso de redacción de los minutos. No me importaba. Borre el mensaje. El siguiente SMS era de Yolanda.
-Dile a Mara que dejo la revista "Miss" y regreso a Galicia -leí-. Nuestra poeta nos deja, Mara.
Ambrosio se dejo caer en una silla como un zombi.
Se lo dije a Mara esta tarde.
-Perfecto, Sophia. Estoy organizando el mes de las faldas. Te necesito.
-Stop, querida Mara. Mis planes son otros.
-¿Hay un plan mejor que posar con faldas años 50 para la revista "Miss"? Esta falda tubo negra es perfecta para una mujer segura.
-Nada de faldas negras y menos de tubo.
-De acuerdo. Prueba una falda evasé.
Mara acaba liándome siempre. Pasé cuatro horas vistiéndome y desvistiéndome. Ambrosio y Gregorio fotografiaban todo el vestuario de las décadas pasadas.
-La moda es muy repetitiva -decía la directora de la revista "Miss"-. El escote cuadrado lo llevaba Audrey Hepburn en su mejor época.
Me pregunté en qué época vital estoy yo. Soy una chica con novio sin planes de futuro. Un ramalazo de ira interior me asaltó.
-Tengo que llamar a Carlos.
-Espera, Sophia, estamos acabando.
-Ahora mismo lo llamo.
El móvil de Carlos comunicaba.
-Pon la rebeca blanca.
-Estoy intentando hablar con mi chico.
-Ya hablarás más tarde con él.
-Espera... Tengo un mensaje de Ena.
La profe chachi decía que nuestros alumnos no habían ganado el concurso de redacción de los minutos. No me importaba. Borre el mensaje. El siguiente SMS era de Yolanda.
-Dile a Mara que dejo la revista "Miss" y regreso a Galicia -leí-. Nuestra poeta nos deja, Mara.
Ambrosio se dejo caer en una silla como un zombi.
Tuesday, June 19, 2007
Alumna de la vida
No me gustan los finales. Estamos en los últimos días de clases y me deprimo. Casi no puedo hablar. Un nudo me oprime el estómago.
-¿Está afónica, profe Sophia?
Oigo a Pablito en un eco que sé que no es un eco. Son las voces chillonas de sus compañeros de pupitre. Hablan del Real Madrid.
Tengo que decirles que se callen. Exigirles respeto a la Historia.
-No nos hable de la Revolución Francesa, profe. Preferimos oír a Pablito.
Pablito continua en la conquista de América. Monta un acalorado debate sobre la Inquisición. Creo que tengo fiebre. No, yo no quiero ser profesora toda mi vida.
Bebo un tragito de refresco de limón Font Vella. Está caliente. Voy a tener que traer una nevera portátil para poder tomar una bebida fría que alivie mis sufrimientos de profesora.
-Pase la lata, profe.
-Respetame, chaval. Yo no soy una colega.
Pablito salta en mi defensa. Dice que soy como los conquistadores españoles: cometo menos abusos que otros profesores. Deben dejarme beber refrescos de Font Vella.
-Gracias, Pablito.
-Le recomiendo que pruebe la lata de Font Vella sabor melocotón. Si no lo hace, le diré a la directora que bebe en clase.
-No me amenaces.
-Haré como Fray Bartolomé de las Casas: le enviaré una carta de protesta a doña Manolita como si ella fuera el Rey de España.
-Querrás decir reina.
-Rey -insistió Pablito-. Doña Manolita es tan mala como un dictador, y todos los directores son hombres.
Me atraganto. Gracias a que el refresco de Font Vella no tiene gas, no me mata la tos.
-Si tomara Coca Cola no tosería, profe -dice una voz en el fondo de la clase.
Pablito defiende las ventajas de mi refresco sin azúcar.
-Mi padre, que es como los dos Reyes Católicos juntos, me ha dado órdenes de tratar bien a los fabricantes de agua con sabor a refresco. Os obligo a comprarme una botella.
Pablito saca de su mochila varias botellas de refresco Font Vella con sabor melocotón.
No pudo haber elegido peor momento. Doña Manolita entra en el aula hecha una furia.
-Se oyen los gritos en mi despacho, Sophia. ¿Qué hacen estos niños bebiendo en clase?... ¿Y tú?
-Tenga una botella, doña Manolita. Pruebe el exquisito refresco de melocotón.
La directora echa las manos a la cabeza, destroza su peinado de rizos, grita. Mi cabeza da vueltas . Vuelvo a beber y empiezo a ser otra. Esto es vida, me digo. Ni una caloría. Le quito a Pablito la botella de las manos.
-¿No tienes una lata?
-Tengo la botella grande.
Decididamente la Font Vella refresco está mejor en lata.
-Es usted víctima del marketing, profe Sophia. Prefiere las latas porque tienen un envase más llamativo.
Se equivoca Pablito. Yo sólo soy víctima de un destino que no me gusta. Un destino que no se arregla bebiendo agua edulcorada sin azúcar, con sabores variados y cero calorías. Tampoco se arregla con el sermón que me echa doña Manolita.
-Recuerda que eres profesora.
¿Soy profesora? No, yo soy una alumna de la vida. Aún no he dejado de ser aprendiz de mis errores.
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-¿Está afónica, profe Sophia?
Oigo a Pablito en un eco que sé que no es un eco. Son las voces chillonas de sus compañeros de pupitre. Hablan del Real Madrid.
Tengo que decirles que se callen. Exigirles respeto a la Historia.
-No nos hable de la Revolución Francesa, profe. Preferimos oír a Pablito.
Pablito continua en la conquista de América. Monta un acalorado debate sobre la Inquisición. Creo que tengo fiebre. No, yo no quiero ser profesora toda mi vida.
Bebo un tragito de refresco de limón Font Vella. Está caliente. Voy a tener que traer una nevera portátil para poder tomar una bebida fría que alivie mis sufrimientos de profesora.
-Pase la lata, profe.
-Respetame, chaval. Yo no soy una colega.
Pablito salta en mi defensa. Dice que soy como los conquistadores españoles: cometo menos abusos que otros profesores. Deben dejarme beber refrescos de Font Vella.
-Gracias, Pablito.
-Le recomiendo que pruebe la lata de Font Vella sabor melocotón. Si no lo hace, le diré a la directora que bebe en clase.
-No me amenaces.
-Haré como Fray Bartolomé de las Casas: le enviaré una carta de protesta a doña Manolita como si ella fuera el Rey de España.
-Querrás decir reina.
-Rey -insistió Pablito-. Doña Manolita es tan mala como un dictador, y todos los directores son hombres.
Me atraganto. Gracias a que el refresco de Font Vella no tiene gas, no me mata la tos.
-Si tomara Coca Cola no tosería, profe -dice una voz en el fondo de la clase.
Pablito defiende las ventajas de mi refresco sin azúcar.
-Mi padre, que es como los dos Reyes Católicos juntos, me ha dado órdenes de tratar bien a los fabricantes de agua con sabor a refresco. Os obligo a comprarme una botella.
Pablito saca de su mochila varias botellas de refresco Font Vella con sabor melocotón.
No pudo haber elegido peor momento. Doña Manolita entra en el aula hecha una furia.
-Se oyen los gritos en mi despacho, Sophia. ¿Qué hacen estos niños bebiendo en clase?... ¿Y tú?
-Tenga una botella, doña Manolita. Pruebe el exquisito refresco de melocotón.
La directora echa las manos a la cabeza, destroza su peinado de rizos, grita. Mi cabeza da vueltas . Vuelvo a beber y empiezo a ser otra. Esto es vida, me digo. Ni una caloría. Le quito a Pablito la botella de las manos.
-¿No tienes una lata?
-Tengo la botella grande.
Decididamente la Font Vella refresco está mejor en lata.
-Es usted víctima del marketing, profe Sophia. Prefiere las latas porque tienen un envase más llamativo.
Se equivoca Pablito. Yo sólo soy víctima de un destino que no me gusta. Un destino que no se arregla bebiendo agua edulcorada sin azúcar, con sabores variados y cero calorías. Tampoco se arregla con el sermón que me echa doña Manolita.
-Recuerda que eres profesora.
¿Soy profesora? No, yo soy una alumna de la vida. Aún no he dejado de ser aprendiz de mis errores.
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Monday, June 11, 2007
Cita recuperada

Teníamos que hablar. Nuestra relación se ha convertido en un río de sentimientos que nunca alcanza la meta del océano. Salí de la redacción de la revista "Miss" hecha una furia. No, aquel enfado mío no lo iban a arreglar los besos de Carlos.
Llegué a su casa de Madrid saltándome varios semáforos y metiendo mi coche alquilado por un para de calles en dirección prohibida. Lo sentí por los de Tráfico: no podían conducir por mí.
Carlos estaba enchufado a la televisión y a un yeso.
¿Qué te pasó, amor?
-Un accidente.
-Conducen como locos. El carné por puntos no arregló las locuras que hacen en la carretera los chalados de siempre.
-Fue un accidente laboral, Sophia. El portero de la finca estaba fregando las escaleras y resbalé.
Me vinieron ganas de ir a matar el portero. Mi chico tenía una pierna rota por culpa de unas escaleras fregadas en horario de oficina. Apagué el televisor. Teníamos que hablar. Yo quería denunciar al portero, pedirle una indemnización por un delito de viudez en grado de tentativa.
-Trae para aquí el mando, nena. Echan "House" en la Cuatro.
En el televisor de plasma apareció Gregory House subido a una moto de gran cilindrada.
-Me encanta ese tipo.
-¡Por Dios! Es un machista borde.
-No lo entiendes, Sophia.
¿Cómo no lo voy a entender? Yo a un tipo como el doctor House no le daba trabajo ni de barrendero. Lo enviaba directamente a galeras. Y encima es médico. No aguanto a los médicos. Cuando el monstruo llegó al hospital, volví a apagar el televisor.
-¿Qué dices, nena?
-Si veo una camilla, me desmayo.
-Contente, Sophia. Hoy no estoy para cogerte en brazos.
No le dejo ver "House". Tiro el mando y, en vez de encestar en el sillón de orejeras, encesto en el suelo. Carlos se levanta furioso.
-¿A qué vienes tú aquí?
-Hoy creo que a hacerte la cena. Llama a los bomberos por si mi paella termina en incendio.
Carlos dice que no puede más, que lo vuelvo loco, que ojalá fuera el doctor House.
-Debería decirte lo que estoy pensando, Sophia.
-No te atrevas, amor. Yo puedo decir una barbaridad peor.
-Necesitas un hombre como House.
-En este momento casi lo tengo, amor. Tienes barba de tres días, vas despeinado, esa camisa tiene más arrugas que una sábana centrifugada, pro no hablar de los pantalones que...
-Que me compraste tú en los chinos -me interrumpió.
-Sabes que soy tacaña.
Mi chico intenta recomponer el mando a distancia. No tiene arreglo. Las pilas no encajan.
-Voy a ver la tele a la habitación. No te acerques, nena.
Carlos se aleja cojeando. Entonces recuerdo lo del portero.
-¿Denunciaste al friegasuelos?
-Déjame en paz, anda.
Cuando oigo al doctor House me vuelvo a revolucionar. Dejo la paella haciéndose y me me dirigo a la habitación decidida a ponerle fin a otro mando a distancia.
-¡Quieta! -grita Carlos-. Has ganado. No hay más "House" por hoy.
-¿Lo tienes en dvd? -pregunto sorprendida al verle quitar la cinta.
-Sólo trae veinticuatro capítulos.
-Los de la Fox son unos peseteros y tú eres un adicto. Con lo que echan en la Cuatro debería bastarte.
Mi chico vuelve a decirme que no lo entiendo. Me explica las similitudes del doctor borde con Sherlock Holmes y yo sólo encuentro diferencias.
-Es paternal.
-¡Mentira! Es un torturador, un bruto, un maleducado, un...
-Es un buen médico del hospital de Princeton.
-Ojalá te curara a ti esa pierna para que supieras lo que es un matasanos.
Carlos puso cara de pena. Pobrecito mio. Le dolía el menisco roto. Lo abracé olvidándome de todo. Íbamos por el quinto beso cuando me dijo que olía a quemado. Era la paella. No necesitamos los bomberos, pero casi. El arroz estaba negro marrón ceniza. Gracias a un repartidor de pizzas pudimos cenar.
Monday, June 04, 2007
Neófita en los dolores de estómago
-Te voy a someter a la Inquisición, Pablito -lo amenazó Mara-. Acabas de dejarme sin mi modelo más valiosa.
-La Inquisición también llego al Nuevo Mundo, Mara, pero no le exigió a los indios una ortodoxia pura porque eran neófitos en la Fe.
Yo era neófita en los dolores de estómago. Una nueva arcada me llevó al baño. Volví a pensar que la mía no era una vida digna. Necesitaba un marido rico. Si Carlos no quería casarse, buscaría otro.
-Pon las sandalias de Min Min, Marta.
-No me gustan nada para el vestido de chiffon plisado.
-Te recuerdo que aquí mando yo.
Marta frunce el entrecejo. Calla porque necesita el trabajo, y viste la americana de punto que le tiende Mara.
-Este brazalete de plata es de una princesa india.
-¡Calla, niño! La plata envejecida se la compré a Suárez. ¿Te gustan los zapatos de raso de Prada, Sophia?
-Preciosos.
-¿Cómo te encuentras, querida?
-Necesita que la conviertan al cristianismo, profe Sophia. En América fueron los franciscanos, jesuitas y dominicos los que llevaron a buen término la hazaña de la conversión de los indios. Les fue relativamente fácil, ¿sabe por qué?
La directora de la revista "Miss" le dice a Pablito que me deje en paz. Pablito sigue con su monólogo. Por si no lo sabíamos, nos cuenta que los indios americanos tenían religiones políticas que acababan al caer el poder político.
-Cuando te quitan un dios, te ponen otro.
El móvil puso un dios humano en mi oreja derecha. Me llamaba mi chico para cancelar nuestra enésima cita.
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Tuesday, May 29, 2007
La madre del socio

¿Cuánto tardan en enterrar a una persona? Con la madre del socio capitalista de mi chico llevan una semana intentando enterrarla. Primero necesitó una autopsia, después esperaron por la familia que reside en el extranjero para empezar a hacerle funerales y hoy empiezan con la novena.
-Amor -le dije a mi chico-, no deberías meterte en asuntos que te son ajenos. Es Alberto quien debe rezar por su madre.
-Es un asunto de empresa, Sophia. La herencia será invertida en la ampliación de capital de nuestra empresa.
Le di muchos besos y colgué. Mi empresa me reclamaba. Mara estaba ante mí sujetando un vestido de Prada como una mujer percha. Me desvestí y enfundé aquella joya de trapo.
-Ese vestido morado me queda mejor a mí, Mara -protestó Marta.
-A ti te vestiré de Valentino. La seda duquesa en falda de vuelo la luce mejor Sophia. Querida, da media vuelta. Perfecto. Ambrosio, cielo, toma un primer plano de los zapatos marrones de raso. Ese cinturón de piel no me convence...
Pablito dejo sus deberes y volvió a acompañarme con las conquistadoras de América. Tapé los oídos. La directora de la revista "Miss" chillaba.
-¡Así no, Sophia! Pareces una viuda. Un vestido morado se estropea haciendo gestos histéricos.
¿Qué vida era aquella?
Empecé a reflexionar sobre mi presente y ansíe un futuro distinto.
-Te casarás varias veces, profe Sophia, igual que doña Inés Suárez. Primero se casó con Juan de Málaga, uno de los marineros de Pizarro, y después convivió con el comendador Valdiviar.
-Se arrejuntó -lo corrigió Marta.
-Pensé que eras católica -comenté.
-Soy una pecadora católica.
Entendí que su pecado era desear a Ambrosio. Marta seguía con atención el discurso de su hijo. ¿Se vería reflejada en Inés Suárez? No creo. Más bien le gustaría irse con Ambrosio, aunque fuera de criada de su numerosa familia.
-Las mujeres necesitan un hombre, profe Sophia. Inés ya tenía encomienda propia, pero siguió a Valdiviar hasta Chile. ¡Pobre Inés! Los indios comieron a Valdiviar.
Corrí al lavabo. La comida de todo el día inició el camino contrario del aparato digestivo abierto por el canibalismo que dejó a Inés Suárez viuda por segunda vez.
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Friday, May 25, 2007
Cenando sola

Antes de llegar a la redacción de la revista "Miss", nos enteramos de que Mencía Calderón llegara al Mar de Plata con cincuenta mujeres, una vez pagados los rescates en África y tras sufrir dos años de cárcel en Brasil por denunciar el tráfico de esclavos de los portugueses.
-Ahora que te aguante tu madre, Pablito.
-Espere, profe Sophia.
Llamé al quinto derecha. Parecía que había que esperar.
-Sube, Sophia -me dijo Mara por el telefonillo.
-¿Está Marta?
-No, querida.
¿Qué iba a hacer con Pablito? Llevárselo a la jefa.
Mara estaba mirando la ropa de la siguiente sesión fotográfica.
-Vienes llovida del cielo. Acaba de llegar Gregorio, y podemos hacer ahora el reportaje de Prada.
-Imposible. Tengo cena de velitas con mi chico. Te dejo este niño traviesto que se coló en nuestro coche y me voy.
Cuando llegué al portal aún oía los gritos de Mara. ¡Pobre jefa! La compadecí.
Carlos estaba hablador. Los hombres felices son encantadores: te cuentan su vida y te prometen el universo.
-¿Sabes que somos gacela?
-Ahora me entero. ¿Cuánto facturasteis?
-Yo miro los beneficios netos, Sophia. Cerramos con mil millones de euros limpios de polvo y paja.
Antes de que pudiera pasar los euros a pesetas para enterarme de la cifra, sonó el móvil de Carlos. Era su socio. Mi chico le decía "ahora voy". Lo abracé como un naufrago abraza la tabla de su salvación.
-Tú no me dejas.
-Comportate, Sophia. Tenemos que aplazar la cena. Ha muerto la madre de Alberto.
Miré los langostinos con pena. No, yo aquella mariscada no me la perdía. Le dije a mi chico que pagara la cuenta. Yo comería la fabulosa cena sola.
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Wednesday, May 23, 2007
No faltan problemas
Los problemas nunca faltan en el instituto Mirasierra. Lo dice doña Manolita y tiene razón. Las ursulinas han llamado de nuevo quejándose. Una alumna suya se ha echado a perder.
-Con doce añitos -me cuenta doña Manolita muy apenada- dice palabrotas.
-¿Tacos?
-Sí, querida.
-Camilo José Cela los dijo toda su vida y le dieron el premio Nobel.
-No hagas comparaciones absurdas, Sophia. Camilo era un genio.
-¿Quién le dice que esa niña no lo es también?
Descubrí la primera genialidad de la muchacha cuando salí. Estaba ligando con mi chico.
-Largate, nena. Éste es mi novio.
-¿Es tu novia, Carlos?
Carlos sonreía. Los hombres siempre ríen cuando te ponen los cuernos. Agarré a la colegiala por un brazo y la aparté de la ventanilla.
-¡Quitame tus asquerosas manos de encima! -gritó.
Aquella quería pelea. Le dí un empujón y me metí en el coche.
-En marcha, querido.
Mi chico conducía a diez por hora. Miraba más el espejo retrovisor que la carretera que tenía delante.
-Si no quieres conducir, conduzco yo.
-Las mujeres no sabéis conducir.
-Y los hombres no sabéis conduciros.
-Explica eso.
-Os vais detrás de la primera falda que encontráis. Acabo de evitarte la tentación del delito.
Un estornudo casi nos mata del susto. Carlos frenó en seco. Yo me incliné sobre el asiento y encontré una cabeza rubia con ricitos muy conocida.
-¡Pablito! ¿Qué haces en el coche de mi chico, condenado?
-Asistir a la conquista de su chico por Amahía. Me recordó a Mencía Calderón, la mujer de Juan de Sanabria.
-¿Dónde está la madre de este niño, Sophia?
-De conquista también. Le gusta Ambrosio, nuestro fotógrafo, y va todos los días a contemplarlo.
-Llamala. Hay que devolverle al crío.
Busqué el número de Marta. Pablito hablaba de Mencía Calderón y yo me ponía nerviosa.
-No tiene nada que hacer, profe Sophia. Amahía tiene madera de capitana como la tenía doña Mencía. ¿Sabía que capitaneó la expedición de su difunto esposo hasta el Río de la Plata? Amahía capitaneará a su chico hasta el matrimonio.
-¡Dios me libre!
-No la librará, profe Sophia. Hacen buena pareja. Amahía, igual que doña Mencía, tiene dinero para pagar rescates a los piratas franceses en África.
-Apresurate, Sophia. Este niño me vuelve loco.
Yo seguía sin encontrar el número de Marta. Cuanto más hablaba Pablito de las similitudes de la alumna del privado con Mencía Calderón, más nerviosa me ponía.
-Doña Mencía viajaba en la nave San Miguel, Amahía viajará en este coche.
-¡Mierda!
-Ha dicho una palabrota, profe Sophia. Se lo voy a decir a doña Manolita.
-Dile también que acabo de borrar toda la agenda de mi móvil.
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Tuesday, May 15, 2007
Moda inca unisex
Las obras de ampliación del colegio Miraflores siguen sin novedad. Ena también continua con sus protestas pacíficas. Intenta, sin mucho éxito, que me sume a su campaña de pancartas.
-Ese abrigo rojo que llevas hoy es perfecto para bordar unas cuantas palabras.
-Giorgo Armani no contempló tal cosa en su diseño.
-¿Con ese vuelo estilo capa? Vamos a probar.
Ena saca de su bolso un costurero de viaje. Escapo de la sala de profesores y la dejo con la aguja en la mano.
Fuera me espera Mara con su nuevo coche. Afortunadamente las cosas van mejor en la revista "Miss"
-Pablito, ¿qué haces aquí?
-Mi madre también va a participar en el reportaje fotográfico.
Me empieza a doler la cabeza. No sé si temo más a la madre o al hijo. Pablito aún no curó su obsesión con los conquistadores de América. Mara conduce inmune al relato de acontecimientos históricos. Mi cabeza estalla. Estoy de empresas de rescate, capitanes, encomiendas de indios, reyes y demás tropa hasta el moño.
Cuando llegamos, Mara le dice a Pablito que vaya para el despacho de Yolanda. ¡Pobre Yolanda! ¡Lo que la espera!
-Sophia, quita el abrigo. Ambrosio, por favor, saca un primer plano de las leggins de Max Mara. No me gustan nada las bailarinas de Christina Lacroix...
-A mí no me gusta nada este niño.
-Yolanda, estamos trabajando.
-Yo también, Mara. Niño, quedate aquí.
-No me llamo niño. Soy Pablo, el gran inca.
Yolanda regresa a su despacho dejándonos al gran inca.
-¿No tienes modelos masculinos, Mara? -pregunta Pablito.
-Me has dado una idea genial. Ambrosio, ponte el traje Dolce&Gabana que hay en esa bolsa.
-Parece que está usado.
-Está limpísimo. Lo acabo de recoger en la lavandería.
Ambrosio se viste de Dolce&Gabana. Está atractivo. Marta suspira. Le gusta Ambrosio.
-¿Por qué no hacéis un reportaje sobre los conquistadores de América? Yo podría disfrazarme de Pizarro. Alquilaríamos un barco para ir a conquistar el Virú. ¿Sabéis a que reino me refiero? Al fantástico país situado al sur de Nueva España.
-Marta está preciosa con el vestido de Fendi. el talle imperio la favorece. Pon los guantes largos negros.
-Yo los pongo -se adelanta Pablito-. Tardaré diez años en entrar en el virreinato más rico del Imperio español y necesito guantes.
-Deja los guantes -grita Mara-. Valentino Garavani los diseñó para una mujer.
-Toda la moda es unisex.
La directora de la revista "Miss" se desmaya. No pudo resistir a Pablito.
-Ese abrigo rojo que llevas hoy es perfecto para bordar unas cuantas palabras.
-Giorgo Armani no contempló tal cosa en su diseño.
-¿Con ese vuelo estilo capa? Vamos a probar.
Ena saca de su bolso un costurero de viaje. Escapo de la sala de profesores y la dejo con la aguja en la mano.
Fuera me espera Mara con su nuevo coche. Afortunadamente las cosas van mejor en la revista "Miss"
-Pablito, ¿qué haces aquí?
-Mi madre también va a participar en el reportaje fotográfico.
Me empieza a doler la cabeza. No sé si temo más a la madre o al hijo. Pablito aún no curó su obsesión con los conquistadores de América. Mara conduce inmune al relato de acontecimientos históricos. Mi cabeza estalla. Estoy de empresas de rescate, capitanes, encomiendas de indios, reyes y demás tropa hasta el moño.
Cuando llegamos, Mara le dice a Pablito que vaya para el despacho de Yolanda. ¡Pobre Yolanda! ¡Lo que la espera!
-Sophia, quita el abrigo. Ambrosio, por favor, saca un primer plano de las leggins de Max Mara. No me gustan nada las bailarinas de Christina Lacroix...
-A mí no me gusta nada este niño.
-Yolanda, estamos trabajando.
-Yo también, Mara. Niño, quedate aquí.
-No me llamo niño. Soy Pablo, el gran inca.
Yolanda regresa a su despacho dejándonos al gran inca.
-¿No tienes modelos masculinos, Mara? -pregunta Pablito.
-Me has dado una idea genial. Ambrosio, ponte el traje Dolce&Gabana que hay en esa bolsa.
-Parece que está usado.
-Está limpísimo. Lo acabo de recoger en la lavandería.
Ambrosio se viste de Dolce&Gabana. Está atractivo. Marta suspira. Le gusta Ambrosio.
-¿Por qué no hacéis un reportaje sobre los conquistadores de América? Yo podría disfrazarme de Pizarro. Alquilaríamos un barco para ir a conquistar el Virú. ¿Sabéis a que reino me refiero? Al fantástico país situado al sur de Nueva España.
-Marta está preciosa con el vestido de Fendi. el talle imperio la favorece. Pon los guantes largos negros.
-Yo los pongo -se adelanta Pablito-. Tardaré diez años en entrar en el virreinato más rico del Imperio español y necesito guantes.
-Deja los guantes -grita Mara-. Valentino Garavani los diseñó para una mujer.
-Toda la moda es unisex.
La directora de la revista "Miss" se desmaya. No pudo resistir a Pablito.
Thursday, May 03, 2007
Libertad de expresión
Doña Manolita no quiere oír hablar de una manifestación para protestar por la ampliación del colegio Miraflores. Dice que ella cree en la libertad de enseñanza. Ena también cree en la libertad, pero de expresión. Hoy viene como una pancarta móvil. El "yo amo la escuela pública" lo escribió en la minifalda, en la camiseta y en un sombrero de paja que no se quiere quitar.
-Pienso pasar los recreos delante de la puerta del Miraflores.
-Comportate, Macarena -le pide doña Manolita-. Recuerda que eres funcionaria. Has jurado la Constitución.
-La juré por imperativo legal.
A la hora del recreo, la profe chachi cruza la calle y se planta delante de la obra de ampliación del colegio Miraflores. Los obreros le silban. Ena les hace un corte de mangas. Los niños del privado imitan su corte de mangas. Practican el feo gesto. ¿Y aquel no es Pablito? ¡Claro que es! Saca de su mochila caramelos y los reparte entre los alumnos del privado. ¡Qué generoso! Ah... parece que de generosidad nada. Ahora cobra los caramelos regalados. Pablito non ha salido capitalista.
-¡Sophia!
-¿Qué ocurre, doña Manolita?
-Han llamado las monjas del Miraflores.
-Me lo imagino, doña Manolita. Ena le ha enseñado a sus alumnos bien a hacer cortes de manga con estilo proletario, y Pablito los está haciendo consumistas.
-Tráemelos aquí ahora mismo.
Obedecí a medias. Fui hasta el Miraflores, pero no les dije nada. Yo vivo y dejo vivir.
-Pienso pasar los recreos delante de la puerta del Miraflores.
-Comportate, Macarena -le pide doña Manolita-. Recuerda que eres funcionaria. Has jurado la Constitución.
-La juré por imperativo legal.
A la hora del recreo, la profe chachi cruza la calle y se planta delante de la obra de ampliación del colegio Miraflores. Los obreros le silban. Ena les hace un corte de mangas. Los niños del privado imitan su corte de mangas. Practican el feo gesto. ¿Y aquel no es Pablito? ¡Claro que es! Saca de su mochila caramelos y los reparte entre los alumnos del privado. ¡Qué generoso! Ah... parece que de generosidad nada. Ahora cobra los caramelos regalados. Pablito non ha salido capitalista.
-¡Sophia!
-¿Qué ocurre, doña Manolita?
-Han llamado las monjas del Miraflores.
-Me lo imagino, doña Manolita. Ena le ha enseñado a sus alumnos bien a hacer cortes de manga con estilo proletario, y Pablito los está haciendo consumistas.
-Tráemelos aquí ahora mismo.
Obedecí a medias. Fui hasta el Miraflores, pero no les dije nada. Yo vivo y dejo vivir.
Wednesday, May 02, 2007
La ampliación del Miraflores
Una mañana entera les llevó a los obreros derribar la cabaña de Pablito. El chaval hasta le había hecho cimientos. Hay que reconocer que como constructor no tiene precio.
-Vas a tener que prestarme tu cuadro, profe Sophia. Necesito ingresos.
-No será el cuadro del Cristo llorón el que te haga capitalista, Pablito. Lo vendí en eBay ayer.
-Sin pedirme permiso.
-¿Tenía que pedirte permiso?
-Por supuesto. Yo soy el virrey de Mirasierra.
-Pisa tierra, Pablito. Eres un alumno y yo soy tu profesora.
-Tu novio se parece a Moztezuma.
-¿Carlos? Creo que te equivocas. Mi chico se parece a Picasso.
-¿Es pintor?
Subí al BMW de mi chico y marchamos.
-¿Mucho ruido con las obras, Sophia?
-¿Las obras?
-El colegio Miraflores se amplía. Alberto ha financiado un instituto y un internado.
-¡Qué traidor!
-Sophia, por favor...
-Regresa. Tenemos que organizar una manifestación en defensa de la enseñanza pública.
Carlos intentó acelerar. Lo pellizque. Nada. Le hice cosquillas. Seguía conduciendo a doscientos por hora por la M-30. Me dije: la ideología primero, y le aticé un bofetón con todas mis fuerzas. El BMW rozó un coche. Salió una vieja de una furgoneta.
-¡Señoritos de mierda!
-¡Calla vieja!
-¡Maltratadora!
¿Maltratadora yo? Miré a Carlos. Su mejilla derecha estaba color grana, pero él sonreía. Por primera vez en mi vida me sentí culpable.
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Wednesday, April 25, 2007
El botín
Doña Manolita está furiosa. Quiere abrirle un expediente a Pablito. La propiedad privada es un derecho constitucional, ¿entiedes, niño? Pablito dice que él, como los conquistadores, ha encontrado un botín. Le dará a doña Manolita la quinta parte de los beneficios. ¿Qué beneficios? Los que va a obtener vendiendo golosinas.
La profe chachi se parte de risa. Pablito le dice que deje de ponerse la camiseta de ¡viva la escuela pública!
-Ahora somos capitalistas.
-Voy a llamar al psicólogo -dice doña Manolita-. Este niño está como una regadera al revés.
El psicólogo llega en cinco minutos. Antes de que pueda dar un diagnóstico veráz, Pablito le recomienda el Amadís de Gaula.
-Es un buen libro de caballerías, señor. Se publicó en el año 1.508. Muchos conquistadores de América lo leyeron en su día.
-¿Qué trastorno tiene, doctor?
-Doña Manolita, tenga paciencia. Tengo que analizar al niño con detenimiento. ¿A qué se dedican tus padres, joven?
-Mi padre ama a una peluquera y mamá intenta ganarse la vida como modelo. Es muy guapa.
-Te ha preguntado la profesión de tu padre.
-Ya se la he dicho, doña Manolita.
Pablito considera el amor una profesión. No anda muy equivocado. Amar ocupa mucho tiempo.
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Friday, April 20, 2007
La cabaña de Pablito
El cuadro despertó en Pablito el talento emprendedor. Ena alaba sus ideas. Yo creo que hace mal. A Pablito si le aplaudes, todavía hace trastadas peores.
-Es un niño muy ingenios. Lo de mojar la cara de Cristo con agua enjabonada estuvo genial. Todos tragando el "milagro" como tontos.
-No me lo recuerdes, Ena. Casi acabamos en una cárcel de Budapest.
-Sería una experiencia. Después escribías un libro y te forrabas.
No creo que a nadie le interesara la experiencia carcelaria de una profesora de instituto y modelo exclusiva de la revista "Miss".
Lo que sí interesa es la conversación de Pablito. Sus compañeros lo rodean en el patio. ¿Qué les estará contando? Hoy en clase nos contó su plan para acabar con la carestía de la vivienda. Debíamos comprar un terreno y plantar una casita prefabricada. Por sesenta mil euros teníamos casa. Los bancos podían ir echando el cierre.
-Sophia, ¿dónde está Pablito?
-¿Qué ha hecho, doña Manolita?
-Me acaban de llamar las monjas del Miraflores. Pablito ha construido una cabaña con maderas viejas en una esquina de su patio.
-Es un niño muy ingenios. Lo de mojar la cara de Cristo con agua enjabonada estuvo genial. Todos tragando el "milagro" como tontos.
-No me lo recuerdes, Ena. Casi acabamos en una cárcel de Budapest.
-Sería una experiencia. Después escribías un libro y te forrabas.
No creo que a nadie le interesara la experiencia carcelaria de una profesora de instituto y modelo exclusiva de la revista "Miss".
Lo que sí interesa es la conversación de Pablito. Sus compañeros lo rodean en el patio. ¿Qué les estará contando? Hoy en clase nos contó su plan para acabar con la carestía de la vivienda. Debíamos comprar un terreno y plantar una casita prefabricada. Por sesenta mil euros teníamos casa. Los bancos podían ir echando el cierre.
-Sophia, ¿dónde está Pablito?
-¿Qué ha hecho, doña Manolita?
-Me acaban de llamar las monjas del Miraflores. Pablito ha construido una cabaña con maderas viejas en una esquina de su patio.
Monday, April 16, 2007
Salvados por una camiseta
Yo soy una tímida cobarde. Deje que la directora de la revista "Miss" se fuera a enfrentar a mi problema. Realmente no era un problema mío: era un desastre creado por la avaricia de Mara. Si no se le hubiera ocurrido que mi cuadro podría proporcionarle pingües beneficios, la policía de Budapest no nos perseguiría.
Mientras esperaba una llamada de Mara, le di tres vueltas completas al mercado de la Plaza Fôráv. Olía a comida típica, pero mi estómago no estaba para comilonas. Finalmente sono mi móvil.
-Mara, ¡por fin!. cuéntame. ¿Te han detenido? ¿Dónde estás? ¿Está Ambrosio contigo? De Marta no me hables; la odio.
-Tranquila, Sophia. No nos han detenido. Sólo quieren saber donde compraste el cuadro.
No me acordaba. Mi cabeza estaba en blanco. Mara mencionaa todos los sitios donde habíamos quitado fotos. La calle Váci, el Puente de las Cadenas, el café Central, los Baños Gellért, la Basílica,... Yo sólo me acordaba de la plaza Mayor de Madrid.
Me dió un ataque de valentía y me acerqué al hotel. Pablito intentaba consolar a su llorosa madre. En la plaza de los Héroes podía comprar otro cuadro. ¿Yo había comprado mi Cristo allí?
-Vamos a interrogarla -me dijo un policía en un pésimo inglés.
-Déjelo. No creo que nos entendamos. Su inglés es ininteligible.
-Profe Sophia, usted haga como Mariuchi -me aconsejó Pablito.
¿Quién era Mariuchi? Pablito empezó a hablar de los conquistadores de América. Caí en la cuenta de que Mariuchi era Marina, la amante de Hernán Cortés. No, yo no podía hacer como la tal Marina. Antes de ser amante del policía gordo me metía a monja de clausura.
-¿Es usted católico, agente? Hernán Cortés era un hombre muy religioso.
-¡Calla, niño! Déjanos hablar a los mayores -lo interrumpió Mara- Agente, nosostros nos vamos para España, ustedes pueden quedar con el cuadro y comprobar todos los milagros que hace.
-Hemos comprobado que esta mujer -dijo señalando a Marta- es una impostora. Las muestras tomadas han sido analizadas en nuestro laboratorio científico y el resultado es H2O con componentes químicos.
-Agua sucia, profe Sophia.
-Devuélvame el cuadro, agente -exigió Marta-. En España no es delito una imágen de CRisto que suelta lágimas.
El policía húngaro no estaba por la devolución. Quería una propinilla.
-Mara, ¿le podemos regalar al agente una camiseta de Custo?
Al hombre se le iluminó la cara. Antes de que Marta cambiara de opinión, metí una camiseta en una bolsa y se la entregué. Media hora después un mensajero me trajo mi cuadro envuelto en papel de plata como si fuera un bocadillo.
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Thursday, April 12, 2007
¿Detenidos?
Marta montó un negocio en el hotel Gellért. Mi Cristo llora y ella cobra por contemplar el llanto. Me vienen ganas de matarla. Si no creyera en el quinto mandamiento, dejaba a Pablito huérfano de madre.
-A los de la televisión húngara les cobró una millonada.
-Y el cuadro es mío.
-Quitáselo, Sophia -me pidió Mara-. La necesitamos para nuestro último reportaje en la plaza Vörömarty.
-Es mejor quitar las fotos delante del Cristo lloroso -sugirió Ambrosio-. Serían una publicidad redonda para nuestra revista.
Mara duda. Si Marta no quiere salir del hotel habrá que hacerlo, pero nada de mezclar al Cristo con Custo, y mucho menos sacarlo en las fotos. El Vaticano nos excomulgaría a los cuatro.
-Estamos en el siglo XXI, Mara.
-Es igual, Sophia. Yo no quiero líos con los curas.
No hubo fotos delante de mi Cristo. Marta se negó. Dijo que no permitía interferencias en su "negocio".
-Llevad a Pablito a la pastelería Gerbeand. Podéis comer en el restaurante que hay alado.
Cuando estábamos en el café Central nos llamó. Querían detenerla. Toda la policía de Budapest estaba en su habitación. ¿Y mi cuadro? Requisado.
-Yo no vuelvo al hotel, Mara; el cuadro es mío.
-Es mejor que vengas. Si marchas te buscan con la Interpol.
Llamé a Carlos. Le dije que buscara dinero para otra fianza. Me iban a detener por comprar un Cristo que me salió llorón.
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Wednesday, April 11, 2007
Cristo llora

Carlos también andaba mal de liquidez. La fianza de su socio capitalista casi arrastró a su empresa a la quiebra técnica. Me volvió a llamar.
-¿Dónde estás?
-En la plaza de los Héroes, contemplando las estatuas de los héroes húngaros y de algún rey heroico.
-¿Todavía estás en Budapest?
-¿Me echas de menos?
-Yo estoy en la consultoría de Barcelona con Alberto.
No me echaba de menos. Hice que se acordara de mí. Él hablaba de su socio rescatado de la trena francesa y yo hablaba de los museos sitos en la plaza de los Héroes.
-Compré un cuadro magnífico. Un Cristo con cara alegre.
-No me escuchas.
-Tú tampoco, amor.
-Estoy nervioso.
-Toma una tila, cariño. Suele calmar los nervios.
Colgué. Antes de regresar al hotel fui al zoo, a un parque de atracciones, al circo y hasta patine sobre hielo en una pista de entrada barata.
Mi último día en Budapest estaba siendo normal. Dejo de serlo cuando salí de la ducha. Pablito estaba en mi habitación pasando la mano por la cara del Cristo de cuadro.
-Profe Sohpia, este Cristo llora.
-No me asustes, Pablito.
-Mira. Son lágrimas de verdad.
Toque la pintura. Mi mano salió mojada. Me chupé los dedos. Un sabor a sal lagrimal me dejó aturdida.
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Monday, April 02, 2007
Préstamo por encomienda de indios
Cuando conoces a los padres entiendes a los hijos. Marta es compradora compulsiva. ¿Cómo va a ser Pablito un niño normalizado si desciende de una adicta a las compras y de un forofo de los antepasados de la humanidad? Imposible.
-Estoy a cero, Sophia. ¿Puedes hacerme un préstamo?
-Yo presto todo menos dinero.
Marta quería dinero. Después de las fotografías en la Estación de tren del Oeste, diseñada por Eiffel, perdió su norte en un centro comercial próximo. Lo que no gastó en las tiendas de moda, lo limó toda la noche en la discoteca.
-Mi marido no me pasa la pensión de separada.
-A mí tampoco me pasa Carlos la pensión de soltera.
-No bromees, Sophia. Es una situación seria: he gastado todo el dinero que me dio Mara.
-A mí todavía no me pago.
-Pídele tu sueldo y me haces un préstamo.
Pablito intercedió a favor de su madre. Las empresas de rescate firmaban unas capitulaciones por las que una quinta parte de sus beneficios eran para el Rey, El capitán ponía la gente y el barco.
-El dinero lo ponían los prestamistas, profe Sophia.
-De eso se trata, Sophia, de un préstamo.
Mi cabeza daba vueltas. La madre estaba en el siglo XXI y el hijo andaba por el XVI. Yo no sabía donde estaba. Empezaba a creer que era prestamista.
-Si los conquistadores encontraban botín, el capitán era nombrado gobernador y a sus soldados le concedían encomiendas de indios.
-Sophia, yo te concederé lo que quieras.
-¿Una encomienda de indios?
-Lo que quieras, Sophia. Te puedo enviar la niñera de Pablito. Es una peruana muy honrada.
-Con las encomiendas, los soldados se convertían en señores feudales.
-La peruana te llamará señora.
-Como si me llama Juana -exploté- No presto mi dinero. Y tú, cállate, Pablito. No me interesan las encomiendas, ni los indios, ni los señores feudales.
Marta marchó furiosa. Me llamó mala amiga. No sabía que eramos amigas.
Tuesday, March 27, 2007
Vestidos de Custo
Las madres con niños necesitan una guardería para dejarlos mientras trabajan. Es imposible trabajar con Pablito. Marta no le hace caso. Cree que yo, como soy su profesora en el instituto Mirasierra, también soy su niñera. ¡Sólo faltaría!
Fuimos a los baños Gellért a hacer el reportaje de las camisetas Custo. Pablito me dio el día con los malditos conquistadores de América. Desee haber sido la Reina Católica para haberle prohibido a Colón descubrir América.
-¿Sabes lo que eran las empresas de rescate, profe Sophia?
-Mi chico tiene una empresa de rescate. Está rescatando a su socio de las garras de los gendarmes franceses.
-Las empresas de rescate le pagaban impuestos a la Corona.
-La revista "Miss" -dijo Mara- también le paga impuestos.
-Pero no conquista un nuevo continente -dice Pablito.
-Según como lo mires, niño. Este reportaje de camisetas Custo lo voy a colgar en nuestra página web, lo leerán en Estados Unidos los fans de Custo, se preguntarán quién es Mara, me buscarán en google y me haré famosa.
-Amén. Soñar no cuesta nada.
-¡Sophia! ¿Cómo puedes ser tan pesimista?
Más que pesimista soy realista. Escribir maravillas sobre las camisetas Custo no te catapulta a la fama. Ni siquiera te abre las puertas del Parlamento de Hungría. Mara le dijo al policía de la puerta que todos íbamos vestidos de Custo, hasta Pablito llevaba un vaquero Custo adaptado a su talla. Le enseñó la etiqueta de su abrigo, pero el policía prefirió mirar nuestros pasaportes. Los DNI no valían. Él quería ver escrito "pasaporte europeo" y contar las doce estrellas.
-¿No reconoce usted un vestido Custo? -le preguntó Mara.
-Vengan por aquí. El guía los acompañará a ver las joyas de la Corona.
-Tenemos que hacer unas fotos.
-No pueden. Están prohibidas las cámaras de fotos.
Ambrosio ya se había enterado. El detector de metales pitaba como la sirena de un petrolero. Nuestro fotógrafo nos dijo hasta después y se fue. A él no le interesaban las joyas de la corona húngara.
Mara no se dio por vencida. Nos llevó a la Estación de tren del Oeste. Había que fotografiar la línea de vaqueros Custo.
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Thursday, March 22, 2007
El socio detenido
Carlos marchó sin despedirse. Cuando bajé a desayunar, el recepcionista me entregó una carta tan larga que parecía el testamento de un embajador. Tanta palabrería para decir que su socio estaba en apuros. ¿Y a mí qué me importaba? No tenía tiempo para leer los quince folios manuscritos. Le envíe un SMS diciéndole que me resumiera la carta de viva voz.
A los cinco minutos me llamó.
-Estoy en la gendarmería de Perpiñán.
-¿Detenido?
-No. Está detenido Alberto.
Suspiré aliviada. No tenía que buscar otro novio. Su socio capitalista podía cumplir condena; total, está divorciado y nadie lo necesita.
-Lo detuvieron por tráfico de antigüedades.
-Por robo.
-No, por tráfico.
Mi chico es un cabezota a la hora de emplear palabras piadosas. Cuando acabó de contarme las peripecias delictivas de su socio, se disculpó por dejarme plantada ante la Basílica de San Esteban.
-Justo en ese momento recibí una llamada de Alberto. Tenía que venir a sacarlo del truyo.
-Al final no pude casarme por poderes contigo.
-¿Qué dices?
-Olvídalo.
Había acabado de tomar mi supercafé. ¿Para qué contarle lo de los curas de mentirijilla? Bastante preocupado estaba buscando el dinero para la fianza.
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Tuesday, March 20, 2007
Las nuevas conquistadoras
Me vengué de mi chico siéndole infiel con la mente. Siempre que me enfado con él entro en el chat "Encuentros". Allí soy la reina. A los cinco minutos tenía dos docenas de candidatos a mi bella persona. Los mayores los descarté. A mi me gustan los treintañeros.
-Profe Sophia, vamos a hablar de las conquistadoras.
-Vete, Pablito, y déjame conquistar en paz.
-¿Qué conquistas, profe Sophia?
Pablito miraba las fotos de mis ligues con cara de policía antidelincuencia.
-¿Quienes son éstos?
Yo no tenía palabras. Mi alumno más delicado estaba perdiendo su inocencia a los doce años. Un poco pronto para un niño.
-No se parecen a los conquistadores de América.
-Pues descienden de ellos.
-¿De Pizarro? ¿De Hernán Cortés?
-De todos ellos, Pablito.
-Casi todos te invitan a un café. Los conquistadores del siglo XVI te invitarían a seguirlos al Nuevo Mundo.
-Creo que prefiero un café.
-¿No hay chicas?
El niño era espabilado. Le dije que regresara a su habitación.
-Mamá salió con Mara y Ambrosio. Fueron a ver la residencia del Presidente.
¿Dónde era eso? El Danubio divide la ciudad en dos partes: Buda y Pest. La residencia del Presidente de Hungría estaba en Buda.
Apagué el ordenador. Pablito se quedó con ganas de conocer a las conquistadoras del siglo XXI. No protestó. supuse que estaba más interesado en nuestras antepasadas del siglo XVI.
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