Monday, March 17, 2008

El fantasma, 21

 Pepa aflojaba los ganchos de las lámparas para que cayeran. Lo confesó cuando se vio descubierta.
 
 -No quería que te casaras con el hijo de doña Margot. Los matrimonios desiguales nunca me gustaron.
 -¿Pensaba matarme?
 -¿Por qué no? Según me contó doña Margot, no tienes familia. Nadie te buscaría.
 
 Suspiro aliviada por estar viva. Siempre pensé que mi vida era como una novela rosa, pero parece que tiene más de novela negra.
 
 Mara hace sus maletas y las mías.
 
 -Nos vamos, Sophia. En Madrid se vive mejor. Volveremos a abrir una revista de moda.
 -¿Eso dicen las cuartillas de Yolanda?, ¿qué volvemos a Madrid?
 -Olvídate del manuscrito de nuestra poeta, Sophia. Las escritoras son como las pitonisas: inventan tu vida futura. Si crees lo que te cuentan, te vuelves loca.
 -Acertó la muerte de tu novio, Mara.
 -Una inspiración. Pero no lo mató ella. Coincidió que Alberto tropezó con un cliente asesino y le dio matarile. Cosas que pasan. Arréglate, Sophia. El avión no espera.
 
 Pepa se ríe. La odio. Se le nota en la risa que tiene madera de asesina, aunque ahora intenta no ser asesina.
 
 -Procure no apoyarse en las mesas. Los jarrones tienen un mecanismo para saltar por los aires -me avisa.
 -Es mejor que quite esos mecanismos, Pepa. Puedes matar a tu señora por equivocación.
 -A doña Margot la protege Dios.
 
 Un overbooking nos impide marchar de La Coruña. Regresamos a la ciudad, porque Mara se niega a pasar la noche tirada en el suelo de la sala de espera del aeropuerto.
 
 -Necesito una cama.
 
 Yo necesito más explicaciones. Me toco. Soy una persona. Carne y hueso tocan mis manos. Yolanda se ha equivocado: no soy uno de sus personajes. Tengo que decírselo.



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Thursday, March 13, 2008

El fantasma, 20




Yolanda barre los cristales del jarrón roto.

-No soporto los cristales rotos -confiesa-. Me horrorizan. Ésto no estaba en el guión de la novela. Tampoco había pensado en matar a Alberto. Me caía mal el tipo, pero no para matarlo.

-¿Cómo lo mataste, Yolanda? -le pregunto.
-Alberto murió en Ankara a causa de un té. Lo envenenó un cliente de su empresa.
-¡Menudos clientes!
-En Turquía es costumbre que te inviten a un té caliente cuando llegas a una casa. El cliente turco de Alberto tenía motivos para matarlo.
-¡No me digas!
-Alberto le cobraba un 55% de interés por un microcrédito.
-¿Lo sabía mi chico?

Yolanda se enfada. No quiere que le llame "mi chico" a Carlos. Dice que me ha dejado, que sólo me quería para divertirse dentro y fuera de la cama.

-Será mío, Yolanda. Te juro que Carlos será mío con todos los cuños del Estado sobre el contrato de un matrimonio con separación de bienes.

La asistenta pasa por el pasillo con sus cubos rojos. Fregotea el suelo como si nunca lo hubieran fregado. ¿Qué líquidos echará esta mujer al agua? Un ataque de tos me deja débil.

-Yolanda, ¿qué va a ser de mí?
-No leíste tu final en mis cuartillas? -me pregunta.

Tiemblo. Mi final existe. ¿Será como el de Alberto? ¡Dios no lo permita! Morir envenenada no es nada glamuroso.

El gato vuelve a maullar, va detrás de Pepa arrastrando las patas por el parquet.

-¡Te voy a matar, gato! -chilla la asistenta-. Ya no me haces falta y te voy a matar.
-¡No! -grito-. Yolanda, por favor, no permitas el asesinato del gato en mi presencia. Cambia el fina que has escrito. No pongas fina, Yolanda, por favor. Déjame seguir siendo Sophia. Déjame amar a Carlos. Necesito amarlo. Y quieras o no, lo amaré siempre.

-Lo sé, Sophia. Tú amas como yo. Amas hasta emborracharte en el amor a un único hombre.

Mara se ha levantado. Me sorprende lo bien que ha aceptado el asesinato de Alberto. Ningún reproche. Vuelve a ser la Mara que conocía al frente de la revista "Miss": una mujer libre de amores.

-Es la asistenta la que tira las lámparas -nos dice-. La he descubierto.

Friday, February 29, 2008

El fantasma, 20

 Yolanda se fue. Marchó cerrando la puerta sin hacer ruido. Nos dejó el manuscrito par que buscáramos en él el por qué de nuestras vidas.
 
 -Tu amiga está de broma. Quiere ser famosa y ha escrito nuestras memorias -me dice Carlos, mientras Mara sigue leyendo, pasa las páginas buscando el rastro de Alberto.
 -No puedo vivir sin Alberto -repite.
 -Tú lo que no puedes es vivir sin dinero -grita Margot.
 
 Chillo. No la había oído entrar. La madre de mi chico estaba en Vigo. ¿Qué hace aquí?
 
 -He venido a impedir que te cases con Carlos -me dice, como si leyera mis pensamientos-. Mis abogados han anulado la inscripción de pareja de hecho. Vamos, hijo. Isaura de los Claveles será la madre de tus hijos.
 
 Carlos se va. Me dice adiós desde la puerta. Adiós. Sólo Adiós.
 
 Mara vuelve a llorar.
 
 -No llores, Mara. Por lo menos, tú eres viuda.
 -Te ha dejado, Sophia. Pobrecita.
 -¡No la compadezcas! -grita Yolanda desde la puerta.
 
 Me sobresalto. Nunca había oído a nuestra poeta gritar. Ahora baja la voz, la deja susurrante:
 
 -La compasión es el peor de los desprecios.
 
 Me estremezco. No, no quiero ser compadecida por nadie. Soy una mujer libre, lo era antes del abandono de Carlos, y lo sigo siendo. Siempre hice lo que me dio la gana.
 
 También el gato hace lo que le da la gana: maulla. Le pregunto a Yolanda qué le pasa al gato.
 
 -Los gatos son animales inteligentes, Sophia. Saben que la primera característica que tenemos los seres humanos es la traición. Traicionamos o nos traicionan.
 -No es lo mismo traicionar que ser traicionada -observo.
 -Es lo mismo, Sophia -insiste Yolanda-. Los traidores y los traicionados son los protagonistas de la traición.
 
 El gato vuelve a maullar. Cae el jarrón de la mesa del recibidor casi sin hacer ruido.



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Thursday, February 21, 2008

El fantasma, 19

 Mara vio a Alberto en el espejo del pasillo. Pasa la mano por el cristal como si ella fuera Santo Tomás y su novio un Cristo aparecido en cuerpo resucitado.
 
 -Estaba aquí, Sophia, aquí.
 -Voy a llamar una ambulancia -dice Carlos-. Tu antigua jefa está loca.
 -Es la casa, amor. Nos vuelve locos a todos.
 -Llamad a Yolanda -nos pide Mara-. Las poetas son personas muy sensibles para las cosas sobrenaturales.
 
 Yolanda llega sin prisas. La oímos subir las escaleras sobre sus tacones altísimos. Nuestra poeta sustituye las sesiones de gimnasio por sanas caminatas que incluyen escaleras, muchas escaleras.
 
 Mara corre a abrazarla, pero no la abraza. Sin duda, recuerda que a Yolanda no le gusta que la achuchen.
 
 -Alberto está en este espejo. Tócalo. ¿Notas vida?
 -Te has equivocado de persona, Mara. Necesitas una médium.
 -No, Yolanda, no. Necesito poesía. Todos necesitamos poesía.
 -Esta mujer está loca -dice Carlos-. ¿La oíste, Sophia? Ahora necesita poesía.
 
 El gato vuelve a maullar, enseña los dientes, levanta las patas y se lanza sobre el espejo. Sujetamos a Mara para que no se tire sobre el felino exaltado.
 
 -Va a matar a Alberto.
 -Alberto ha muerto, Mara. Lo mataron en Ankara.
 -¿Qué dices, Yolanda?
 -No llores por Alberto, Mara.
 -¿Cómo no voy a llorar? ¡Es mi novio! Lo amo. ¿Sabes lo que es el amor?
 -No. Escribo mucho de amores y desamores, pero no sé lo que es el amor. Sólo sé lo que es el dinero.
 -¿Dónde está el cadáver de Alberto? -pregunta Carlos-. Tenemos que enterrarlo, inscribir su defunción en el registro civil, mirar su testamento.
 -Y hacer justicia. Sin han asesinado a Alberto, los asesinos tienen que pudrirse en la cárcel -tercia Mara.
 -Eso -dice Carlos-. ¿Quién lo ha matado, Yolanda?
 -Lo maté yo.
 
 La miramos escandalizados. Yolanda, de pie, mira sus uñas sin pintar, bien limadas, no muy largas.
 
 -¿Qué dices, Yolanda? -pregunta una incrédula Mara-. ¿Cómo ibas a matar tú a mi novio?
 
 Yolanda abre su bolso, saca una carpetita, la abre. Allí están sus famosas cuartillas. Yolanda busca en el manuscrito una página y me la entrega. Sólo leo un número 108 subrayado. No quiero leer más. No, me niego. Tapo los oídos sin soltar la hoja de papel.
 
 -Vosotros no existís, sois un cuento -la oigo a través de mis oídos tapados.
 
 Carlos se ríe. Mira a Yolanda como un hombre de negocios miraría a la doncella de la casa de sus padres.
 
 -Claro que existimos, mi niña. Yo soy un empresario, el mejor empresario de Galicia; llegaré a ser el Amancio Ortega de las finanzas gallegas.
 
 El gato vuelve a maullar con rabia, enseñando los dientes.
 
 -Nos va a atacar -dice Mara-, pero es igual. Sin Alberto no quiero vivir.
 
 No entiendo nada. Mara ha dejado de llorar. Es una viuda sin lágrimas. Yolanda sigue mirando sus uñas.



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Tuesday, January 29, 2008

El fantasma, 18

 Quien regresa es el gato. Carlos le abre la puerta como a un hijo pródigo.
 
 -Es el gato de la madre de Alberto -se justifica-. No lo podemos echar de casa.
 
 El gato se sienta sobre los pies de Mara, callado, sin enseñar los dientes ni mover los bigotes felinos. Parece un gato doméstico, pero lo conocemos, sabemos que es un animal con conexiones con la ultratumba.
 
 -¿No te pesa el gato, Mara?
 -No, Sophia. Déjalo estar sobre mis pies. Me los calienta.
 
 Empiezo a preocuparme por la salud mental de Mara. Una viuda blanca sin muerto acaba loca. Lo leí en algún sitio, no recuerdo dónde; quizá en alguna revista con sección de consejos médicos, no sé.
 
 Pepa, la asistenta, perfuma la casa con un fregado de suelo. Los líquidos de limpieza ahora los hacen con mucho perfume para dar sensación de limpieza olfativa con un cambio de aroma.
 
 Carlos estornuda una vez, dos, tres,... sigue estornudando. Me asusto. Nunca le había oído más de dos estornudos seguidos.
 
 -¿Qué te ocurre, amor?
 
 Se suena ruidosamente. ¿Será asmático?, ¿o alérgico al líquido de limpieza? Se lo pregunto.
 
 -Nadie es alérgico a la limpieza, niña -dice la asistenta-. Esta casa daba asco. Tiene razón doña Margot: no vales para ama de casa.
 -No quiero ser ama de casa, señora. Me conformo con se la ama de Carlos.
 -Mírala... Ama y esclavo. Esta sociedad española está podrida.
 
 Me sonrojo. ¿Está insinuando que practicamos sado? ¡Por favor!
 
 Quien no insinúa es el gato; maulla descaradamente.
 
 -¡Acabo de ver a Alberto! -chilla Mara.



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Tuesday, January 22, 2008

El fantasma, 17

 Alberto no aparece. La Interpol quiere dar el caso por cerrado. Si no aparece tras sus investigaciones, es que se ha suicidado tirándose al mar.
 
 -Tiene que aparecer, Sophia -insiste Carlos-. Mi socio ha invertido mucho dinero en la empresa.
 
 Mara gimotea sentada sobre la alfombra del salón. Alberto también ha invertido mucho dinero en ella.
 
 -Me ama, Sophia. Es el único hombre que me ama.
 -Puedes buscar otro novio, Mara.
 
 La que fuera directora de la revista "Miss" dice que es imposible encontrar un hombre como Alberto: guapo, elegante, caballeroso,... No dice millonario. Los millones son el único atractivo que tiene Alberto; en lo demás no se diferencia del común de la especie masculina.
 
 -Ankar es una ciudad bastante segura -reflexiona Carlos-. Dudo que lo hayan secuestrado.
 -Alberto va siempre vestido de Armani -le recuerdo-. Los secuestradores suelen pillar a gente bien vestida.
 -Dices tonterías, Sophia -interviene Mara-. Secuestran a los ricos, vayan bien vestidos o no.
 
 Los secuestradores no llaman. Mi chico telefonea a la hermana de Alberto.
 
 -¡Menuda hermana! -suspira cuando cuelga-. Quería saber si Alberto estaba muerto.
 
 Mara vuelve a llorar, estropeando otra vez su maquillaje retocado. Pienso que vale para viuda. Es una pena que no se hayan casado. Mara le brindaría al muerto un entierro de otros tiempos, con mucha lágrima y algún desmayo.



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El fantasma, 16

 Quien no regresa tampoco es Alberto. El socio de mi chico echa raíces en Praga.
 
 -El dinero destroza a la gente, Sophia. Cuanto más tienes, más vago eres.
 -Lógico, amor. Todos trabajamos por dinero.
 -Yo no.
 -Tú también. ¿Trabajarías gratis?
 -Tengo que casarme, Sophia.
 -¿Cuándo, amor? Que no sea un viernes ni un martes.
 -Mamá quiere casarme con Isaura.
 
 Justo en ese momento cae la lámpara del salón dejándonos ilesos de milagro.
 
 -Tu abuelo parece que no quiere que te cases con ésa. Acaba de tirar una lámpara.
 -No podemos seguir viviendo aquí, nena. Haz la maleta.
 -Pero... ¿nos casamos?
 -¿Cómo nos vamos a casar si mi madre no te acepta? Antes de la boda, tienes que convencerla de que serás una esposa ideal para mí.
 
 Me parto de risa. No me creo capaz de superar el examen. Se me ocurre una idea.
 
 -Amor, Margot también debería convencerme de que es la suegra que necesito.
 -Sophia, por favor...
 
 Llaman al timbre. Al otro lado del telefonillo una Mara despeinada dice que ha secuestrado a Alberto.



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Thursday, January 10, 2008

El fantasma, 15

 El detective es un señor mayor, medio calvo y de gruesas formas. Se nota que le pesan los años, sobre todo al andar.
 
 -He investigado a la asistenta -nos dice-. Les sorprenderá saber que compagina el servicio doméstico con la magia negra.
 -¡Qué horror! -exclamo-. ¿Vamos a morir víctimas de un conjuro?
 
 Carlos se deja caer en el sillón de orejas. Debe creer que es un buen sitio para el último suspiro. Yo, como no tengo sillón favorito, prefiero aguantar de pie los minutos que Dios me regale.
 
 -Ha embrujado al gato.
 -Eso ya lo sabíamos, señor.
 -Llameme Jaime.
 -¿Qué más sabe, Jaime?
 -La señora Pepa...-el detective duda mirando a Carlos-, tuvo un romance con su abuelo, señor.
 -Mi abuelo tuvo varias novias antes de contraer matrimonio con mi abuela.
 -La señora Pepa fue su última querida. De hecho, fue la que le provocó la muerte con un acto de amor.
 -¡Fuera! -grita Carlos-. ¡Lárguese de mi casa!
 -Mis honorarios son 300 euros.
 
 Mi chico lo empuja con mala suerte para el detective: tropieza con un escritorio y cae con gran estrépito.
 
 -Parece que lo mataste, Carlos.
 -Marchemos, Sophia.
 -¿Y dejamos solo al muerto?
 -No está muerto.
 
 Tiene razón. El gato maulla y el detective despierta asustado.
 -¡Sujeten al gato!
 -No podemos, señor. Es un gato que no se deja agarrar.
 
 Cuando consigue levantar su pesado cuerpo, el gato está a sus pies enseñando dientes y afilando uñas en la madera lacada del viejo escritorio.
 
 -¡Sujeten al gato! -vuelve a chillar el asustado detective.
 
 Llega a la puerta con el gato arañándole los pantalones.
 
 -¡Los voy a denunciar!
 
 No sé si lo hará. De momento, hay que agradecerle que nos haya solucionado parte del problema: el gato se fue tras él y no volvió.



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El fantasma, 14

Carlos decidió poner el asunto en las manos de un detective. Cree que las voces que oímos tienen más normalidad que paranormalidad.

-El gato dice "mamá", amor. Muy normal no es.
-Dice "miau" y punto.
-No te pongas en plan dictador.
-Perdona, estoy nervioso. Alberto todavía no regresó de Praga -Carlos juega con su llavero distraido en pensamientos profundos.
-Ya despertó el gato -observo-. ¿No lo oyes, amor? Vuelve a decir mamá.
-Mi madre regresó a Vigo. Pobre mamá. Lo que le faltaba era que se le apareciera mi abuelo en plan fantasma.

Margot no inspira compasión a nadie que no sea su hijo. Es una mujer alta como un pino, fuerte como un león y bruta como un elefante. Cuesta aceptarla como suegra. En cambio, mi chico es un querubín. Si un día lo odias por pijo, al siguiente día lo amas por ser un hombre con ideas factibles.

-Voy a tomar un café, ¿vienes?
-El café lo tomaremos en casa, amor. No estoy dispuesta a contribuir al capitalismo de los dueños de las cafeterías.

Carlos marcha. Siempre marcha cuando, no quiere discutir.

Quien viene, y no para tomar café, es la asistenta. Saca cubos y fregonas, y empieza a volverme loca con la crisis de estornudos que me provoca.

-¡Lárguese para su casa!
-Estoy limpiando.
-Le echa usted unos líquidos al suelo que me alteran las sensaciones olfativas normales.
-Tiene razón doña Margot. No vales para nuera.

¿Tengo que aguantar insultos en una casa que me pertenece por usufructo si Carlos muere? Me niego. Marcho con paso firme. Le diré al detective que nos ha embrujado la asistenta.

Wednesday, January 02, 2008

El fantasma, 13

Carlos está furioso. Mira al gato como si no lo reconociera.

-Mi madre se va a volver loca.
-¿Por qué, amor?
-Quiere hacerle un exorcismo -mi chico señala al gato aún dormido-. ¿No crees que es el síntoma de un principio de locura?
-Yo diría que la senilidad va pareja a la edad. Después de los sesenta, es lógico que a una se le fundan los plomos.
-En el hotel se le volvió a aparecer mi abuelo. Lo veía sentado delante del Museo Nacional de Praga.
-¿No se rodó por allí Misión imposible ?
-Creo que sí. En Praga se ruedan muchas películas americanas.
-¿Y qué hacía tu abuelo delante del museo?
-Pedía limosna.

Me asalta un ataque de risa. Margot empieza a ver el mundo al revés. ¿Desde cuándo los ricos piden limosna?
-Según sus visiones -prosiguió Carlos- el abuelo temblaba de frío y de miseria. En Praga no hace tanto frío, es un clima llevadero.

Margot llega acompañada de un sacerdote vestido con casulla. Los exorcismos deben hacerse con un nuevo estilo desde que Benedicto XVI es Papa.

El cura se arrodilla delante del felino dormido. Lo acaricia como si de un perro se tratara. Sigue acariciándolo. Empiezo a pensar que está muerto.

-¿Respira? -pregunto.
-¿Cómo no va a respirar? Éste no muere hasta que la madre de Alberto no descanse en paz. Y dudo que lo haga pronto. Alberto está ahora mismo haciendo turismo en el castillo de Praga. Debe creerse el emperador del Sacro Imperio Germánico.

La miro alucinada. Margot nos relata sus visiones si perder el peinado lacado. Mueve las manos como una pitonisa amenizando mis oídos con una melodía de pulseras.

-Tu socio es un poco borracho, hijo. Va todos los días a tomar vino con canela por los bares del casco antiguo de Praga del brazo de señoritas de cobro. Los hombres divorciados son la peste de esta sociedad.
-Así se habla, doña Margot -aplaude el cura-. Cristo dijo "lo que una Dios no lo separará el hombre.
-son las malas hembras las que rompen matrimonios, padre. Aquí tenemos una que impide la boda de mi único hijo varón con Isaura de los Claveles.
-Primero me toca a mí, Margot. Y después también. Yo no soy tan católica como tú, pero creo en el matrimonio para toda la vida.

El gato despierta de su letargo y araña al sacerdote.

-¡Agua bendita! -grita el hombre arañado.

Corro al grifo y lleno un vaso. El agua de La Coruña está sobrada de bendiciones con el cloro de potabilizar que le echan.

El sacerdote no puede coger el vaso con sus temblorosas manos. Parece que el demonio saltó del gato a él mismo.

-¿Le tiro el vaso, padre?
-Trae para aquí, so tonta. No sabes como se hace un exorcismo.

Margot tiene razón: nunca practiqué la profesión. La madre de mi chico vierte con mano experta el frío líquido sobre el exaltado animal. El remedio es peor que la enfermedad. Si antes maullaba ahora dice mamá.

-¿Oyes, hijo? Es la madre de tu socio.
-A ver si aparece ahora tu padre, Margot -digo.
-¡Calla insensata!

Callé. Mejor dicho: callamos todos. Una voz de caverna nos llegó desde el cuarto de baño diciendo "hija, hija, hija,..."

Tuesday, December 18, 2007

El fantasma, 12

Tuvimos que pedirle a la experta en divinidades que se fuera porque una cosa es que aparezca la madre de Cristo y otra es que aparezcan los muertos de la familia pidiendo cuentas.

-Tengo que marchar, hijo.
-son las doce de la noche, mamá.
-Acompáñame al hotel.

Marcharon, dejándome sola con el gato y con mi miedo. El gato buscó cobijo debajo de la mesa de la cocina y fue dejando de maullar. Cuando quedó dormido, fui para mi habitación.

¿Apagaba el móvil? Carlos no me iba a llar, estaba segura. Si ocurría una emergencia, podía recurrir al teléfono fijo. Lo apagué. Ya quedaba dormida cuando sonó el fijo.

Era el socio de mi chico.

-Tengo que hablar con Carlos.
-No está en casa.

Le dí la dirección del hotel.

-Si está con su madre, no lo llamo.
-Como quieras, Alberto.
-Te digo a ti lo que quería decirle.
-No, mejor díselo a él. El papel de intermediaria se me da mal.
-Mara me habló mucho de ti.

¿Mara?... Ah, sí. Ya me había olvidado de que la directora de la revista "Miss" es el nuevo amorío del socio capitalista de mi chico.

-¿Tienes el gato en casa, Sophia? Lo estoy oyendo maullar.
-No me hables del dichoso, gato. Me va a volver loca.
-Carlos fue muy amable al buscarle un hogar.
-¿Carlos?
-¿No te contó que se quedó con el gato que heredé de mi difunta madre?

Colgué el teléfono y marqué el número de móvil de mi chico. Estaba fuera de cobertura. Busqué en la guía el número del hotel. Llamé. Comunicaba. ¡Menudo hotel! Al tercer intento me cogieron el teléfono. La recepcionista, con voz melosa, se negaba a ponerme con la habitación de mi chico.

-Despertaría a nuestros huéspedes.
-Despiértelos. Tengo que comunicarles una emergencia procedente de Praga.

Friday, December 07, 2007

El fantasma, 11

 -La explicación está en la expulsión de los judíos. En esta casa vivió un judío converso que fue expulsado.
 -¡Imposible! -protesto-. Este edificio no es tan antiguo.
 -¡Calla, insolente! Deja hablar a la experta. Siga doña Claudia Belén.
 -Me has insultado, Margot. Exijo respeto.
 
 La experta siguió con su teoría. Parecía la tía de Pablito. Hablaba de los judíos como de sus primos. El gato empezó a maullar cuando la experta andaba por los siglos I y II d.C. Los judíos huían de los romanos y el gato maullaba. Sólo faltaba que cayera otra lámpara. Cayó la de nuestra habitación en el mismo momento que Claudia Belén citó a los almorávides. Margot se santiguó. Menos mal que aún no aparecía la Virgen. Miré el cuadro y no, allí no había ningún rostro divino. Aquellas rayas geométricas tenías más pecado que Eva. Los almohades y benimerines también huyeron de la España mora hacia la España cristiana explicaba la experta. Carlos la miraba con cara de alumno aplicado.
 
 -¿Cuánto cobra usted por hablar de los judíos antiguos? -le pregunté a la experta.
 -Los judíos no eran todos ricos.
 -Supongo, señora. Los pobres siempre existimos.
 -¡Por eso te quieres casar con Carlos!-chilló Margot-. Para que te mantenga.
 -Justamente.
 -Yo no lo permitiré.
 
 Lo que no puede impedir Margot es la rotura de cristales y porcelanas. Ahora son las figuras Lladró las que vuelan por los aires y acaban en trozos sobre una alfombra persa.
 
 La madre de mi chico lloriquea. Dice que acaba de ver a su padre pasando por el pasillo.



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Tuesday, December 04, 2007

El fantasma, 10

 
 
Aprovechando que el gato estaba callado, me tiré en el sofá a dormir la siesta. Si regresaba Margot despertaría con su vozarrón de militar frustrada.
 
 Así fue. Su conversación me trasladó al mundo de los despiertos con gran sobresalto. Retoqué los labios y me mentalicé rápidamente para ejercer de aspirante a nuera.
 
 -La cara de la Virgen se plasmó sobre este Miró -le explicaba a la experta en milagros.
 
 No pude reprimir un ataque de risa. El Miró de la pared era un cuadro que le compré a un pintor en la feria de artesanía de Méndez Núñez. Nunca había conocido al renombrado artista el lienzo sobre el que , según Margot, se posó la cara de la Virgen.
 
 -¿Eres tonta? Estamos hablando de cosas serias.
 -Soy católica no practicante -repliqué.
 
 La experta se presentó como Claudia Belén. Intentó darme dos besos, pero no se lo permití. Yo a los expertos en divinidades les tengo mucho respeto.
 
 -Hijo, prepara un café para doña Claudia Belén -le pidió Margot a Carlos
 -Perdone, prefiero un vaso de leche templada.
 
 Acompañe a mi chico a la cocina para explicarle que la leche templada se conseguía calentándola en el microondas y enfriándola en la nevera.
 
 -Mejor preparala tú, Sophia.
 -No, amor. Tu madre sólo confía en ti.
 
 Margot comprobó que debe confiar menos en su hijo para tareas domésticas: el vaso explotó dentro del microondas. Afortunadamente no causó daños materiales irreparables. El vaso roto no fue una gran pérdida y el horno siguió funcionando igual de bien que antes de la explosión.
 
 -¿Creo que hay algo raro -comentó la experta.
 
 Me aparté de debajo de la lámpara del salón rápidamente. No ocurrió nada. Me volvía a situar debajo de la lámpara y noté que se movía.
 
 -¡Cae la lámpara! -chillé.
 
 Así fue. La segunda lámpara del salón cayó sobre el parquet con gran estrépito.
 



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Tuesday, November 27, 2007

El fantasma, 9

Mi chico acompañó a su madre a una experta en milagros. Ha visto a la Virgen y hay que contarlo sin armar mucho escándalo.

Aprovecho que estoy sola para telefonear a Marta. La madre de mi ex alumno Pablito tenía muchas vivencias místicas antes de meterse a modelo.

-Regresé con mi ex marido -me informa.
-¿Y la otra?
-Somos un matrimonio católico y tenemos que perdonarnos. Todos cometemos errores, Sophia. ¿Quieres hablar con Pablito?

Me pasa a mi inolvidable alumno.

-¿Dónde está profe Sophia?
-Estoy de vacaciones.
-Dice mamá que ya no vives en Madrid.
-Creo que voy a regresar a la villa y corte.
-Es usted como los judíos, profe Sophia. Los judíos fueron expulsados de España en 1492 por los Reyes Católicos y...
-Adiós, Pablito.
-Espere, profe Sophia.

No esperé nada. Colgué el teléfono antes de sufrir un colapso provocado por la vida e historia de los judíos en la Península Ibérica.

Marta volvió a llamar.

-¿Cómo te atreves a colgarle el teléfono a mi hijo?

Se lo colgué también a ella para demostrarle que no discriminaba a su hijo. Cuando no me gusta una conversación corto.

Wednesday, November 21, 2007

El fantasma, 8

Cenamos la tortilla de patatas más quemada que comí en mi vida. Margot como cocinera aún es más desastrosa que yo. El gato comió su ración de tortilla quemada sin protestar.

-¿Vas a quedarte con este bicho, Margot?
-Habla con propiedad, niña. Un gato no es un bicho.
-Yo no soy una niña, soy una mujer.
-¿Dónde la conociste, hijo?
-Se apagó la luz! -chillé.
-Serás tonta... ¿Hay velas, hijo?

Carlos encendió un candelabro del salón con el mechero que le regalé por su cumpleaños. Mi cuerpo predecía más paranormalidades. No me equivoqué. Nada más acercar el candelabro a la cocina las alacenas se incendiaron.

-¿Esta casa está embrujada!
-Tú sí que estás embrujada -farfulló Margot. Fue a la habitación más próxima y regresó con una manta.
-¿Vas a hacer señales de humo, Margot?
-Hijo, saca a esta mujer de mi vista.
-Mamá, ¿qué vas a hacer?

Margot empezó a pegarle a las llamas con la manta doblada. Yo quería gritar ¡socorro!, pero no podía. El incendio era insofocable. Abrí la nevera a ver si con el frío bajaba la temperatura y se extinguía solo. Las llamas cesaron cuando cayó la gran lámpara de cristales del salón.

-¿Veis como esta casa está embrujada? -les dije.
-La embrujaste tú como también has embrujado a mi único hijo varón.

El gato vuelve a maullar como un condenado.

-Es tu padre, Margot. Se ha reencarnado en este gato. Mira como enseña los dientes.

Margot se deja caer de rodillas con la mirada perdida. Creo que vive una experiencia íntima con el más allá.

Tuesday, November 06, 2007

El fantasma, 7



El gato continua maullando sin asustarme: me he acostumbrado a su melodía maulladora. Araña la puerta de la cocina hasta que se cansa. Pero los maullidos no cesan. Ni siquiera paran cuando el timbre empieza a sonar.

¿Quién es el animal que no quita el dedo del botón? Me lanzo a la puerta y abro.

-¡Deje de escandalizar! -chilla una mujer en bata y zapatillas-. Mi suegra está enferma.
-Tranquilícese, señora. Le diré al gato que se calle, pero no le puedo prometer que me obedezca.

La mujer, con la cara más roja que un borracho, empezó a insultarme. De las sombras del pasillo salió un hombre fondón, que debía ser el marido, acusándome del empeoramiento de la enferma que tenían en casa.

Les cerré la puerta en la cara. Yo me niego a dialogar con salvajes.

El gato seguía maullando en la cocina. Le dije que se callara, pero no me hizo caso.

Los vecinos quejicas pasaron el día aporreándome la puerta y tocando el timbre. Volvieron loco al gato y a mí casi me matan con su tortura. No, yo me iba para Madrid. Por muy pareja de hecho que fuéramos Carlos y servidora, no podía resistir semejante vecindario.

Mi chico llegó con su madre a la hora de cenar.

-¿Comiste, Sophia?
-No, amor. Llevo todo el día en huelga de hambre y terror. El gato no me deja utilizar la cocina y tus vecinos aporrean la puerta con una escoba vieja.
-Eres un desastre... -comentó Margot-. Mi hijo merece otra mujer.
-Yo merezco otra suegra.
-¡Sophia! -protestó Carlos.

Su madre abrió la puerta de la cocina y se reunió con el gato maullador.

-Es igualito al que tenía papá.
-No digas tonterías, mamá.
-Dije que era igual, no que fuera el mismo.

Margot acariciaba la pelambrera gatuna y el felino rabioso no protestaba. Dos malos juntos hacen un pan redondo. Allí teníamos a la domadora y al domesticado. Sólo faltaba que domara a los vecinos.

Wednesday, October 31, 2007

El fantasma, 6

 Carlos llamó al ayuntamiento. Le prometieron venir dentro de dos días a buscar el gato; mientras tanto, no podremos utilizar la cocina.
 
 -Vamos a cenar con mamá. Se aloja en el Hotel María Pita.
 -Yo no voy. Me odia.
 -No digas tonterías, Sophia.
 -Quiere divorciarnos.
 -Yo voy a comer con mi madre.
 -Pues vete, hombre. Prefiero quedar sola con el fantasma de tu abuelo que se pasea por toda la casa tirando platos, espejos, lámparas y todo lo que rompe.
 -El tocador de la habitación cayó porque estaba mal colocado.
 -¿Y las lámparas?
 -Bueno, me voy.
 
 Media hora más tarde me llama. Su madre no está, y en el hotel no saben donde se encuentra.
 
 -La llevarían los hados.
 -¡Sophia!
 -La última vez que la vi fue en esta casa rodeada de abogados y amenazándome con romper nuestra unión de hecho.
 
 A Carlos se le rompe la paciencia. Cuelga. El gato maulla en la cocina como si lo mataran. Empiezo a creer que es la reencarnación felina del abuelo de mi chico.
 
 



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Thursday, October 18, 2007

El fantasma, 5



A Carlos se le curan los enfados cuando me pongo en plan florecilla temblorosa. Le gustan las mujeres estilo siglo XIX. Lo malo es que a mí poco tiempo me dura el tembleque.

-No puedo vivir con un gato.
-Debe ser de algún vecino.
-Dale de comer antes de que se atreva a arañarnos.
-¿Qué comen los gatos, Sophia?
-Prueba a darle leche.

Busco un cuenco en el armario y lo pongo en el suelo. El gato se acerca y maulla con más ganas.

¿Qué hay que hacer cuando te entra un felino en casa? Busco en las páginas amarillas una protectora de animales. Estoy tan nerviosa que no encuentro ninguna. Mi dedo índice tropieza con una tienda de venta de animales. Los llamo. No hay manera de endosarles el gato.

-Un gato persa le ira mejor -insiste la vendedora.
-¡No! -chillo-. Quiero que vengan a buscar el gato que les regalo.
-Nosotros vendemos animales -dice la señora con voz de madrastra de Cenicienta.

Cuelgo. La solución pasa por la crueldad. Me armo con una escoba e intento echar al gato.

-¡Le estás pegando al gato! -exclama Carlos.
-No, amor, lo estoy pastoreando hacia la puerta de salida.

El gato vuelve a enseñar los dientes provocándome otro ataque de pánico. Cierro la puerta de la cocina dejándolo encerrado, en un golpe de valentía.

-Ahí se queda para siempre jamás.
-Llamaré a los bomberos -dice Carlos-. No podemos tener un gato encerrado en la cocina sine die.
-¡Te lo prohibo! Vendrían armando mucho escándalo, amor, y no es para tanto. El gato, si quiere comer, tiene la nevera llena de comida, y nosotros comeremos fuera.

Un nuevo estrépito nos sobresalta. Nos miramos. El gato está encerrado en la cocina y el ruido procede de nuestra habitación. ¿Tendremos otro bicho en casa?

Saturday, October 06, 2007

El fantasma, 4

Mi chico se tomaba con calma el viaje de regreso. Decidí ocupara mi tiempo decorando la casa a mi gusto.

La mesa del comedor era horrible. Nunca vi una madera más fea. La tapé con papel de regalo infantil y puse encima unos cuantos libros viejos. Quedó como el escritorio de la Barby. Seguro que a Carlos no le gustaba el cambio, pero me daba igual. Encima del armario encontré una bola del mundo que, milagrosamente, daba vueltas si la movías con la mano. La coloqué sobre la mesa del recibidor. Allí estaba sacándole brillo a una tierra más redonda que achatada cuando llegó Carlos furioso.

-¿Qué te pasa a ti con mi madre?
-Hablame con amor o te dejo -lo amenacé.

Carlos dejó caer el maletín con gran estrépito. ¡Adiós portátil! Otro ruido idéntico se produjo en el salón.

-Oh, hay eco... -comenté.

Mi chico, que no cree en las cosas paranormales, se dirigió al salón con paso firme.

-Cayó el espejo y arrastró la colección de viejos sifones al suelo. Mi madre va a llevarse un disgusto.
-¿Otro más? Está muy apenada porque somos pareja de hecho.
-Tenemos que hablar de eso...

Otro estrépito anuncia más cristales rotos, esta vez en un habitación. Vamos a mirar y encontramos las lámparas en el suelo.

-¿Cómo cayeron las lámparas?
-Estarían mal sujetas.
-También han caído las lámparas de las mesillas -observo.
-Esas lámparas las compró mi abuelo en París.
-Vi unas muy parecidas en los "chinos".
-Tú no tienes gusto, Sophia.

Otro estrépito nos hace correr a la cocina. La vajilla acaba de finiquitar su vida útil sobre las baldosas.

-Te juro que estaban las puertas de las lacenas cerradas.
-Hay corriente. Cierra las ventanas, Sophia.
-Están cerradas, amor.

Un maullido lastimero me sobresalta. Detrás de mí está un gato con la piel blanca y negra enseñándome los dientes como un tigre. Me abrazo a mi chico muerta de miedo.

Wednesday, October 03, 2007

El fantasma, 3

 Carlos está camino de Coruña. Su madre lo llamó y le ordenó que regresara. Nos quiere divorciar. Si lo consigue, pero para Carlos; yo regresaré a Madrid y buscaré un nuevo amor.
 
 Ocupo mi tiempo libre telefoneando a los amigos. Ambrosio no responde. Su móvil repite machaconoamente la melodía de "yo amo a Laura". Le dejo un mensaje deseándole un feliz verano. Llamo a Gregorio, el segundo fotógrafo de la revista "Miss". Tampoco contesta. Otro que está de vacaciones. El siguiente número de mi agenda es el de Mara, la directora de la revista "Miss". ¿La llamo? No me apetece oír hablar de trapitos, pero pulso el botón verde.
 
 -¡Sophia! Regresa a Madrid, mi niña. Esta ciudad es preciosa en verano con todo el mundo de vacaciones.
 -¿Cómo van las cosas por ahí?
 -Cerré la revista.
 -¿La cerraste? -pregunté angustiada.
 -Sí, cariño. Tenía más pérdidas que un corsario venido a menos. Gregorio encontró trabajo en una gasolinera y Ambrosio va tirando vendiendo fotos robadas a los famosos.
 
 No me imagino a Gregorio en una gasolinera. Es un trabajo con mucho riesgo. Si aparece un ladrón y lo mata por unos cuantos euros, una familia numerosa queda sin padre. No conozco a la mujer de Gregorio, pero dudo que sea capaz de sacar adelante a media docena de chiquillos hambrientos. Las madres leonas ya no existen.
 
 -¿Sabes a quién vi el otro día? ¡Al socio capitalista de tu novio! Me propuso ser su amante.
 -¡Mara!
 -Querida Sophia, hay que seguir viviendo. En la revista "Miss" limé el dinero que conseguí en el divorcio de mi primer esposo. Los sueños cuestan mucha pasta.
 -¿Vas a cobrarle a Alberto?
 -¡Claro! Yo nunca me acosté gratis con un hombre.
 
 ¿El mundo puede ser tan asqueroso? Me despido de Mara. No puedo desearle suerte porque me resisto a creer que la única forma que tenemos las mujeres para ascender socialmente sea yendo de cama en cama vendiendo cada abrazo.



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